¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

martes, 24 de julio de 2018

Capítulo 29

     En el momento en que nuestros labios se separaron, no pude evitar agachar la cabeza al instante, tratando de esconderme de la mirada encandilada del delegado. Notaba cómo el estómago se me revolvía de tan solo pensar en lo que acababa de hacer, en las falsas esperanzas que acababa de darle a aquel chico frente a mí. Sentía vergüenza y asco de mí misma.¿Cómo podía haberme atrevido a hacerle algo tan mezquino a alguien que hasta el momento no me había fallado ni una vez? ¿Cómo podía habérseme cruzado por la cabeza el que un estúpido beso pudiese cambiar algo dentro de mi interior? ...Un beso que egoístamente había utilizado para confirmar lo que ya sabía.
     Tras aquel terrible error que había cometido, no supe qué hacer. Simplemente me quedé allí, huyendo de la mirada interrogante del rubio, sintiendo una vez más las agonizantes ganas de estallar en lágrimas y de gritarme a mí misma por lo estúpida que había sido.
     —Lo siento —musité con voz temblorosa, comenzando a separarme de él, aún sin dirigirle la mirada—, creo que hubiese sido mejor que no me hubieses hecho caso y te hubieses marchado —sentí el corazón contraerse, como si las palabras que acababa de soltar hubiesen sido para mí misma en vez de para aquel chico, que lo único que había hecho hasta ahora era preocuparse por mí y mostrarme el enorme afecto que me tenía. Afecto que yo no merecía.
     En mi imaginación, vi cómo Nathaniel apretaba los puños, impotente y con el corazón destrozado, y cómo tras unos segundos acababa yéndose de allí totalmente humillado. Me imaginé incluso el hecho de que el chico ya no pudiese mantener una conversación conmigo debido a la incomodidad, e incluso que me saludase con una sonrisa forzada tras un previo saludo mío, pues de no ser así, no me dirigiría tan siquiera la mirada. Me figuré cualquier cosa de él en aquel momento, me esperé incluso la peor de sus reacciones, pero por el contrario, lo que hizo a continuación era lo último que me esperaba.
     En vez de todo lo que se me había pasado por la mente, en vez de su tristeza y su odio, en vez de un grito o un doloroso silencio, en vez de alejarse de mí y dirigirme una mirada fría y sin sentimientos... En vez de todo eso, recibí un fuerte abrazo de vuelta.
     Sus brazos habían vuelto a rodearme y a estrecharme contra su cuerpo. Mientras una de sus manos se deslizó sobre mi espalda, apretando aquel abrazo, la otra la acabó situando sobre la parte de atrás de mi cabeza, enterrando los dedos en mi cabellera azabache.
     No podría decir con seguridad si fue de la culpa, de la impresión o del alivio que sentí, pero en aquel momento no pude evitar que las lágrimas volvieran a recorrer mis mejillas sin cesar.
     Mientras mis lágrimas humedecían la camiseta del delegado y mis brazos se aferraban con fuerza a él, el chico se mantuvo allí, acariciándome la cabeza con ternura y dejando que me desahogase del todo. Entre llantos, repetí incontables veces un lastimero "lo siento" que hasta a mí me dolió pronunciar.
     "Siento no poder corresponder tus sentimientos. De verdad que lo siento".
***
     Al día siguiente, desperté en el sofá del salón. Tenía los ojos ligeramente hinchados y enrojecidos debido a la llorera de la noche pasada. Sentía el cuerpo pesado y apenas sentía ganas de hacer nada, ni tan siquiera de levantarme para desayunar, y a la misma vez, notaba la boca un tanto pastosa y seca.
     Tras despedirme de Nathaniel y dejar finalmente que se marchase, había quedado rendida en el salón. No tuve fuerzas suficientes para desplazarme a mi habitación, ni mucho menos me acordé de cenar, pues de todas formas me había sentido tan mal que, anoche, más que hambre, tenía fatiga y cansancio.
     Me levanté a duras penas y, tras revisar la hora, me di cuenta de que una vez más, había faltado al instituto. Ya iban dos días seguidos que no iba a clases sin justificación alguna y estaba segura de que acabarían preocupándose por mí, pero suponía que después de vomitar tras la vuelta de la excursión, los profesores entenderían que aún no me encontrase del todo bien. Por otra parte, apenas quedaban días de clase, pues el trimestre ya había finalizado y esa era la última semana de clase antes de las vacaciones de navidad, así que tampoco había por qué preocuparse demasiado. Lo único que tendría que hacer era preguntarle a alguien los avances que habían hecho para no quedarme del todo atrás.
     Suspiré, restándole importancia en mi interior y queriendo dejar de pensar para no volver a angustiarme con tonterías. Me dirigí al baño arrastrando los pies, para una vez allí, lavarme la cara con agua fresca y despejarme un poco. Tras esto, me dirigí a la cocina y bebí una buena cantidad de agua, refrescándome del todo. Sin embargo, a pesar de hacer aquello, mi ánimo no varió demasiado y volví a sentarme en el sofá, dejando que mis ojos miraran a la nada, con la mente en blanco.
     Fue en aquel momento en el que los ojos plateados de cierto lobo recorrieron mi imaginación fugazmente. Mi cuerpo se irguió al instante. No pude evitar recordar la feroz pelea que pude vislumbrar antes de salir corriendo del lugar. Un escalofrío me recorrió el cuerpo por completo al rememorar la transformación de Ashley en aquel enorme lobo de color negro.
     Mi cabeza aún no podía procesar el hecho de que realmente existieran tales criaturas, pero sobre todo, aún no podía creer que me sintiese tan atemorizada con tan solo imaginar a Ashley en su forma de lobo y, a la misma vez, me sintiese a gusto e incluso protegida al estar cerca de aquel lobo plateado.
     Mis piernas acabaron por moverse solas y, a pesar de la fatiga, el agotamiento y todas aquellas sensaciones negativas que sentía, volví a levantarme una vez más, dirigiéndome un momento al baño para lavarme la cara y seguidamente coger las llaves y el móvil, decidida.
     Minutos más tarde, ya me encontraba en el camino que daba lugar al bosque de la ciudad.
***
     El sonido de la campana nos avisó de que la clase de Historia había finalizado, dando lugar al receso. Tras recoger las cosas del pupitre, me apresuré en dirigirme hacia mi taquilla para finalmente después tratar de buscar a Sophie en el patio. Sin embargo, y como me temía, había vuelto a faltar al instituto. Da igual las vueltas que di alrededor del centro, no encontré ningún rastro de ella. Al final, acabé por darme por vencida, sentándome en uno de los bancos del patio, abatida, y con la intención de tomarme el desayuno, aunque a decir verdad, apenas tenía apetito.
     Saqué un momento el móvil de mi bolsillo y revisé los mensajes, además de la hora para saber cuánto tiempo me quedaba de recreo, pero tampoco. Sophie no había contestado a mis mensajes. El último que le había escrito fue justamente hacía unas pocas horas, antes de llegar al instituto, pidiéndole por favor que al menos me dijese cómo estaba.
     Por otra parte, tampoco había recibido respuesta alguna de Castiel, a quien le había preguntado dónde vivía Sophie, ya que parecía ser el único que sabía dónde era. 
     —Parece ser que hoy tampoco ha venido —la voz de Lysandro me sobresaltó. Había aparecido detrás del banco en el que estaba sentada sin que me diese cuenta—. ¿Te he asustado? —el chico no pudo evitar que una divertida sonrisilla se le dibujara en el rostro. Mis mejillas se colorearon un tanto.
     —Es normal que me asuste si apareces así, de repente y sin apenas hacer ruido —mi gesto volvió a decaerse un tanto al pronunciar lo siguiente—, y no, no ha venido, y sigue sin responder mis mensajes. Ya no sé qué más hacer, Lys.
     Sentí cómo el mencionado rodeaba el banco para seguidamente sentarse a mi lado. Una de sus manos se deslizó sobre la mía, intentando darme ánimos.
     —Creo... que lo mejor será que lo dejemos estar. Ahora mismo no podemos hacer nada realmente —alcé la vista para decir algo, pero finalmente me di por vencida y volví a agachar la mirada, derrotada.
     Minutos más tarde, mientras conversaba con Lysandro, eché un vistazo a la entrada del edificio y observé cómo Nathaniel salía al patio. Nuestras miradas se cruzaron momentáneamente. Indeciso, hizo un amago de saludo, pero después, volvió a vacilar haciendo una pequeña mueca. Finalmente, suspiró y acabó acercándose a nosotros.
      Extrañada por su actitud, esperé a que terminase de aproximarse, pero justo cuando el chico parecía que iba a decir algo, lo interrumpí, levantándome de golpe y dirigiéndome hacia él inmediatamente, como si una bombillita se hubiese encendido en mi cabeza.
     —¿Sabes algo de Sophie? ¿Cómo está? ¿Está bien? ¿Te dijo algo sobre mí? ¿Está enfadada conmigo? —las palabras salieron solas de mi boca, dejando que la desesperación por saber algo sobre ella me consumiese por un instante. Fue entonces cuando Lys apoyó una mano sobre mi hombro, queriendo que me tranquilizase un tanto y que así pudiese dejar al chico hablar.
     El delegado, un tanto sorprendido por mi reacción, trató de carburar todo lo que había preguntado tan de seguido y, tras esto, dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, enternecido por la preocupación que sentía por mi amiga.
     No mucho rato después, nos acabó por contar lo que ocurrió el día anterior, el cómo Sophie le había pedido que la acompañase al hospital y el por qué su padre se encontraba allí, ya que no tardó en darse cuenta de que no nos lo había contado ni a Lys ni a mí. Tras esto, nos explicó que la acompañó a casa y que, aunque había visto que su padre se encontraba bien, Sophie seguía sin estar demasiado animada.
     En ese preciso momento de la "historia", lo interrumpí para que nos dijese dónde se encontraba su casa, decidida a ir a visitarla después de clases. Sin embargo, aunque nos dio su dirección, Nathaniel nos aconsejó que sería mejor dejarla sola por el momento, ya que estaba seguro de que lo que necesitaba era aclarar sus pensamientos. Por mi parte, no estaba de acuerdo con lo que decía el delegado, ya que pensaba que en realidad necesitaría compañía, pero al final, Lys intervino y, para mi sorpresa, acabó dándole la razón a Nathaniel, argumentando que aunque era cierto que en situaciones así se podía llegar a agradecer la presencia de alguien de confianza, lo mejor era descansar y reflexionar por uno mismo.
     Yo seguía sin estar de acuerdo con ellos, pero finalmente Lys me hizo prometerle que no iría a casa de Sophie hasta dentro de unos días, cosa que realmente me molestó un tanto.
     La conversación no tardó mucho más en terminar y el delegado acabó despidiéndose de nosotros, no sin antes recibir un agradecimiento por nuestra parte por contarnos todo aquello.
     Me daba la impresión de que no nos había dicho todo lo ocurrido el día anterior, pero suponía que, fuese lo que fuese, no era asunto nuestro.
***
     Mis piernas me condujeron por aquel frondoso bosque a un ritmo paulatino y relajado, dejando que la brisa me acariciara las mejillas, reconfortándome. Me deleité con observar cada rincón de aquel lugar mientras avanzaba en mi búsqueda sin realmente apresurarme demasiado.
     Lo cierto era que no esperaba encontrarme a aquel lobo tan fácilmente, e incluso no verlo por ningún lado, es por ello que caminaba más tranquila de lo habitual, inspirando el olor de la naturaleza que me rodeaba y escuchando el agradable sonido de los gorriones canturrear alegremente.
     En aquel lugar me sentía... diferente. Sentía que podía recorrer cada lugar y rincón de aquel sitio sin preocuparme lo más mínimo. Podía pasear lo que quisiese y disfrutar cuanto quisiese de aquella armonía que se respiraba en aquel bosque. Me sentía libre, y a la misma vez, me sentía totalmente resguardada y protegida. Desde que llegué a esta ciudad, era mi rincón secreto. Era mi vía de escape y el refugio perfecto.
     En un momento dado de la caminata, me detuve para mirar hacia el cielo, cubierto mayormente por las ramas y las hojas de los árboles. Los rayos del sol las atravesaba tímidamente, sin hacer demasiada presencia, pero lo suficiente como para mantener toda aquella zona iluminada.
     Invadida de toda aquella tranquilidad, mis ojos se cerraron momentáneamente a la vez que inspiraba profundamente, sintiendo cómo todo lo que había atormentado mi corazón se desvanecía poco a poco, despejando mis pensamientos por completo.
     Mis ojos volvieron a abrirse lentamente mientras volvía a bajar la vista hacia el suelo, soltando un pequeño y relajado suspiro. Lo que no me esperaba era que al volver a dirigir la vista hacia el frente, me encontrase con aquel animal que tanto ansiaba ver. Se encontraba recostado bajo la sombra de uno de los árboles, con la cabeza ligeramente elevada y las orejas alzadas, mientras que sus ojos plateados se mantenían fijos a los míos en todo momento.
     Involuntariamente, di un paso hacia delante, acercándome un tanto a él, cosa que hizo que aquel animal se alertase un poco más, profiriendo un pequeño gruñido a la vez que me mostraba sus dientes en forma de amenaza. Sin embargo, a pesar de aquello, el animal no hizo ademán alguno de levantarse siquiera.
     Mientras daba otro paso hacia delante, esta vez más cautelosamente, las imágenes de aquel lobo defendiéndome cruzaron por mi mente, el recuerdo de aquella feroz batalla que libró contra la criatura en la que se había convertido Ashley, y criatura que había intentado agredirme.
     Para cuando estuve lo suficientemente cerca de él, me agaché lentamente mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en mi rostro, sintiendo cómo el corazón se me llenaba de un calor desorbitante por aquella criatura. Sus gruñidos no tardaron en desaparecer junto con sus amenazadores colmillos.
     Aproximé una de mis manos temblorosas a su plateado pelo y, tras ver que no oponía resistencia alguna, acabé por rodearlo con mis brazos como pude, abrazándome a él con firmeza mientras un tembloroso agradecimiento se escapaba de entre mis labios.
     —Gracias por salvarme la vida.

sábado, 2 de junio de 2018

Capítulo 28

     —¿George Anderson? —repitió la recepcionista con tono dubitativo, tratando de recordar. Mi vista no pudo evitar fijarse en la tarjeta de identificación que llevaba enganchada al pecho: "Helen"—. Un momento, por favor. Voy a revisarlo en la base de datos... —la chica se volvió hacia el ordenador, tecleando rápidamente el nombre mencionado; sin embargo, antes de que pudiese proseguir con su búsqueda, su compañera la detuvo.
     —¿Ese hombre no era el que tuvo aquel accidente de tráfico hace unos días? —la mujer, aparentemente algo más mayor que la recepcionista que nos había atendido, trató de decirle aquello en voz baja a su compañera, intentando no perturbarnos, pero igualmente acabamos enterándonos de lo que decía. No pude evitar tensarme.
     —¡Ah, sí! ¡Ya lo recuerdo! —exclamó y volvió a dirigirse hacia nosotros. En estos momentos está descansando en la habitación 415 del cuarto piso.
     —Os recordamos que las visitas están permitidas de cuatro a seis de la tarde
—intervino su compañera de nuevo. "Rachel" podía leerse en su tarjeta identificativa.
     Alcé la vista un momento hacia el reloj que había colgado en la pared, tras las recepcionistas. Las manecillas marcaban las cuatro y siete minutos. Teníamos tiempo de sobra.
     —Entendido. Muchas gracias a las dos —les agradecí y seguidamente me giré, dirigiéndome esta vez hacia Nathaniel—. ¿Vamos? —ante mi pregunta, el chico de cabellos y ojos dorados asintió, volviendo a estrechar nuestras manos, tratando de transmitirme su apoyo.
     Tal vez estábamos exagerando un poco con la situación. Quizá no era para tanto todo aquello. Sin embargo, con todas las cosas que me habían sucedido en tan poco tiempo, no podía evitar sentirme agobiada y al límite de mis fuerzas. Por otra parte, Nathaniel seguramente seguía preocupado con respecto a lo que pasó durante el viaje de vuelta de la excursión. Me había visto derrumbarme en brazos de Akora y lo único que le había contado sobre todo lo que se me había acumulado, era únicamente lo de mi padre. Si yo estuviese en su situación, también estaría preocupada y desorientada.
     Nos dirigimos hasta el ascensor y, hasta que no desaparecimos tras sus puertas, la recepcionista llamada Rachel no pudo respirar tranquila. Al instante después, no dudó ni un momento en tomar velozmente el teléfono entre sus manos para realizar una urgente y rápida llamada. "Está aquí" fue lo único que musitó, aun así fueron palabras suficientes como para alertar a la persona al otro lado del teléfono y evitar un desastre mayor.

...

     Tras salir del ascensor, nos guiamos por los largos pasillos de aquel hospital, fijándonos en las señales que indicaban la ubicación de cada habitación según su numeración. Una vez que nuestros ojos localizaron la habitación 415, nos detuvimos frente a la puerta y, tras soltar un breve suspiro, me dispuse a abrirla, pero en aquel momento, esta se abrió sin previo aviso.
     —Ya nos veremos otro día. Espero que te recuperes pronto, George —un hombre salió de repente, sonriente y despidiéndose de forma burlesca, tropezando momentáneamente conmigo al no estar mirando hacia el frente—. Uy. Perdona pequeña. No te había visto —el hombre, de aspecto joven, cabellos azabaches y ojos de un inusual color violeta, me sonrió en forma de despedida y, sin decir nada más, se marchó a paso tranquilo y seguro.
     En aquel momento, desperté de mi despiste y me adentré en la habitación. Mi padre nos recibió con una sonrisa en su rostro, pero eso no evitó que la preocupación se adueñara de mí al verle con el brazo vendado en un cabestrillo y con lo que parecían cuatro puntos de sutura en el extremo de su ceja izquierda.
     No dudé ni un momento en prácticamente abalanzarme hacia él para abrazarlo con fuerza y soltarle un "no me des estos sustos, estúpido" . Mi padre tardó un tanto en reaccionar, tal vez porque no se esperaba aquella reacción de mi parte o porque le había pillado desprevenido, pero finalmente me estrechó con el brazo bueno, importándole bien poco que le estuviese presionando el brazo lesionado contra su propio pecho. Sin embargo, aquella muestra de afecto no duró mucho más.
     —Vaya, parece que has venido acompañada —comentó, recordándome que el delegado se encontraba presente en la sala, haciendo que acabase separándome de él, un tanto avergonzada—. Se ve que no tienes mal gusto con los chicos, Sophie. Menudo alivio le acabas de dar a tu padre.
     Nathaniel no pudo evitar reírse, tanto por la forma que había usado George para aligerar el ambiente como el hecho de que aquello había provocado que me enrojeciera un tanto y soltase un "¡Papá!" recriminatorio que no pude contener. Mi padre sonrió ante la situación.
     —Permita que me presente. Me llamo Nathaniel Rousseau, soy compañero de clase de su hija y...
     —Eres el delegado principal del instituto —le interrumpió—. Lo sé. Conozco a tu padre, aunque no sé si el tuyo me conocerá a mí, ya que no llegamos a coincidir realmente. Trabajé bastante tiempo en su empresa, y la verdad es que pagaba bastante bien... Fue una lástima que me despidiera.
     Desde el momento en el que había mencionado al padre del delegado, pude notar cómo el chico se tensaba, pero lo último que dijo mi padre lo descolocó por completo, haciendo que el pobre se encogiese apenado.
     —¡Papá! —volví a exclamar, sin poder creerme lo que acababa de decirle.
     —D-disculpe, y-yo...
     —¡Ah, no, no! ¡No te disculpes! —le interrumpió, con gesto de arrepentimiento tras haberse dado cuenta de que no debería de haber dicho aquello. Por un momento, pensé que respiraría tranquila, pero...—. No era mi intención incomodarte, chico. De hecho, aunque lo pasé bastante mal, ahora agradezco que me despidiese, pues de no ser así, no habría encontrado el trabajo en el que estoy ahora. La verdad es que estoy bastante cómodo en mi trabajo actual, prácticamente no puedo ni compararlo con el anterior —volvió a liarla.
     —George... —no pude evitar llevarme la mano a la cara, tapándome el rostro de la vergüenza—, no lo estás arreglando en absoluto.
     Nathaniel observó la situación como si no supiese cómo reaccionar, pero al final no pudo evitarlo más y acabó por desatarse en una prolongada carcajada que le fue imposible contener.
     Sinceramente, no podía haber una situación más surrealista.

*     *     *

     El timbre de la puerta de una casa resonó en aquel vecindario, mientras el chico de cabellos plateados esperaba frente a esta, intentando mantener la paciencia al ver que nadie abría.
     —Castiel, sé que estás ahí —alzó la voz repentinamente—. Tengo que hablar contigo un momento, ábreme —el silencio volvió a adueñarse del lugar durante unos segundos, pero finalmente, acabó por suspirar—. Es sobre Sophie...
     Un traqueteo se escuchó al otro lado de la puerta, hasta que esta terminó por proferir un pequeño chirrido, abriéndose lentamente y dejando entrever al pelirrojo, quien se veía notablemente desaliñado. Su gesto denotaba cansancio, como si se hubiese acabado de levantar hace a penas unos cinco minutos, pero aquello no es lo que sorprendió al chico de ojos heterocromáticos, sino el hecho de que su amigo se encontrase apoyado sobre una muleta. Unas vendas y una tobillera le cubría su pie izquierdo.
     —Entra y terminemos con esto de una vez —sin añadir nada más, se dio la vuelta y, con ayuda de la muleta, se dirigió hacia el sofá, donde no dudó en dejarse caer, recostándose sobre este mientras dejaba la muleta en el suelo. Tras esto, colocó el brazo sobre sus ojos, cubriéndose de la luz y, una vez que hubo respirado profundamente, dejó que un suspiro se escapase de entre sus labios.
     El albino se adentró en la casa, cerrando la puerta tras de sí, y se sentó en el sillón que había situado al lado del sofá en el que se hallaba recostado su amigo.
     —Sophie vio la transformación —soltó sin más, consiguiendo captar la atención del pelirrojo—, ¿lo sabías?
     El chico no supo cómo reaccionar. Por una parte, se lo había intuido desde un principio, ya que sabía que para atraer a Sophie hasta tan lejos de la cabaña, la chica había tenido que estar en su forma humana y, tras esto, transformarse. Aunque por otra, el pelirrojo no había querido aceptar la realidad..., hasta ese preciso momento.
     Lysandro acababa de confirmarle su mayor temor.
     —Sophie estaba asustada —continuó—. No sabía con quién hablar ni tan siquiera si alguien le creería, pero al final acabó por confiar en Akora y contarle lo que le había ocurrido con Ashley. La cosa es que Akora se quedó en blanco, sin saber qué contestarle, y Sophie acabó pensando que no la creía y se fue de su casa —el pelirrojo sintió cómo un nudo se le formaba en la garganta—. Castiel, su padre está hospitalizado. No ha venido a clases ni tampoco contesta a los mensajes de Akora desde anoche —el chico hizo una breve pausa—. Quería decirte todo esto ayer, pero cuando vine, no estabas en casa.
     —Supongo que ya intuyes dónde estuve con solo verme —contestó a duras penas con voz quebrada.
     Lysandro se mantuvo observándolo unos breves instantes y, al final, su seriedad acabó por desvanecerse poco a poco, permitiéndose destensar su cuerpo y relajar un tanto su espalda.
     —No te estoy diciendo todo esto para agobiarte ni mucho menos —se explicó—. Sigues siendo mi amigo después de todo y lo único que quiero es que, si realmente te gusta esa chica, trates de hacer algo por ella, porque distanciándote solo consigues haceros daño a los dos.
     —¿Y qué hago, Lys? ¿Qué quieres que haga? ¿Le digo que soy igual al monstruo que la atacó? ¿Crees que después de decírselo me siga esperando con los brazos abiertos como si no pasase nada? —Lys estuvo a punto de interrumpirle, pero este siguió lamentándose—. Sophie no es Akora, Lys. No hemos estado un año con ella ni hemos afianzado tanto nuestra relación como para que le dé igual si somos humanos o no, sobre todo después de descubrir de la peor manera posible que existen especies como nosotros.
     —Castiel, no te estoy diciendo que desveles tu secreto. Lo único que quiero es hacerte ver que hay maneras de darle tu apoyo sin tener que contarle nada que no quieras y sin tener que distanciarte de esta manera —suspiró—. Sophie lo está pasando mal. No sé exactamente los motivos, ya que Akora no me lo ha contado todo por respeto a ella y su privacidad, pero si no eres tú quien la apoya en este momento, ten por seguro que otro lo hará, tomando ventaja de ello, y creo que no es necesario decirte de quién estoy hablando —Lys observó cómo su amigo apretaba levemente el puño—. En vez de arrepentirte por no haber hecho nada, arrepiéntete después si al intentarlo no consigues lo que deseabas.

*     *     *

     Salimos del hospital una hora después aproximadamente, y tal y como prometí, tuve aquella cita con el delegado. Mis ánimos habían recobrado cierto color gracias a él y no había manera mejor para agradecérselo, pues estaba segura de que de no haber sido acompañada por Nath, las cosas habrían sido muchísimo más diferentes.
     El autobús no tardó en volver a dejarnos de nuevo en nuestra ciudad y, tras caminar un poco, llegamos a nuestro destino: el cine. Dudé un momento, pero finalmente, deslicé mi mano sobre la suya, tomándola con suavidad. El chico desvió la mirada hacia mí y, al verme un tanto avergonzada por mi propio gesto, sonrió, sonrojándose también un tanto. Su pulgar acarició el dorso de mi mano mientras nos adentrábamos al lugar.
     La película que el chico escogió fue una en la que una pareja de policías trataba de resolver un caso y, tras varias escenas de intercambio de balas, acababan atrapando a un criminal. Sin embargo, la mujer terminaba siendo hospitalizada al recibir un disparo durante el tiroteo. Finalmente, la película acababa con ella dejando el cuerpo de policía, aunque recuperándose al fin y al cabo y comenzando una relación próspera con su ex-compañero de trabajo.
     Puede que hubiesen habido varias situaciones clichés en la película, pero la escena del beso..., me puso los pelos de punta. No pude evitar sentir un cosquilleo en el corazón cuando, en aquel momento, Nathaniel deslizó sus dedos entre los míos, enlazando nuestras manos. Sin embargo, a pesar de aquello, no sucedió nada más. La película finalizó y salimos del cine poco después.

...

     —Gracias por acompañarme a casa —musité, como despidiéndome de él, pero mi mano se negó a despegarse de la suya.

     —Gracias a ti por este maravilloso día —me respondió con una sonrisa—, y por dejarme conocerte un poco más.
     En aquel momento, tal vez y solo tal vez, debí de haberle soltado la mano y haberlo dejado marchar, pero por el contrario, las palabras salieron por sí solas de mi boca.
     —¿Quieres quedarte un rato?
     Puede que me hubiese precipitado un poco invitándolo, pero en aquel momento me sentía tan vulnerable y tan inestable a la vez, que me aterraba la idea el hecho de quedarme sola en aquella enorme casa. Quería que se quedase. Lo necesitaba.     Aquella pregunta tomó desprevenido al delegado. Hizo un gesto, un tanto indeciso, y tras revisar la hora en su móvil, se decidió.
     —Está bien —respondió finalmente—. Me quedaré.
     Tras contestar aquello, mi angustia pareció desvanecerse y no dudé en ofrecerle una sonrisa sincera.
     Momentos después, ya nos encontrábamos en el sofá del salón, sentados uno al lado del otro, conversando mientras la tele se encontraba encendida. Lo cierto era que en aquel momento, no habría sabido decir qué era lo que estábamos viendo ni de lo que estábamos hablando siquiera. Sentía que mis labios se movían por sí solos mientras mi mente divagaba una vez más en todo, como si mi propia consciencia tratase de torturarme con sentimientos negativos a pesar de saber que darle vueltas a todo aquello no tenía ningún sentido ni fin.
     —...phie. ¿Sophie? —la voz de Nathaniel me hizo regresar a la realidad. En un momento dado, mi boca había dejado de proferir sonidos y me había quedado mirando a la nada sin quererlo—. ¿Ocurre algo? —desvié la vista hacia el rubio, un tanto confusa, pero finalmente acabé por reaccionar.
     —No, no es nada —traté de sonar convencida, pero al parecer tuvo el efecto contrario. Hice una pequeña pausa y finalmente acabé por rectificar—. Bueno, tal vez solo esté un poco cansada, eso es todo.
     —En ese caso... —Nathaniel se levantó del sofá sin que yo me lo esperase, puede que sea mejor que vaya yéndome para que puedas descansar.
     —¡E-espera! —mis manos lo agarraron de improvisto, levantándome bruscamente del sofá—. C-con eso no quería que entendieses que te tuvieses que ir. De veras que eso es lo último que quiero ahora mismo —Nath se quedó mirándome un momento, un tanto confuso—. P-por favor, no te vayas. Siéntate —mis ojos se habían humedecido ligeramente, pero lo suficiente como para hacerme sentir un insoportable nudo en el corazón—. Qu-quédate, por favor.
     Sus ojos se mantuvieron fijos a los míos mientras su cuerpo se volvía levemente hacia mí. Una de sus manos se alzó y con delicadeza la posó sobre mi rostro, enjugando una pequeña lágrima que había logrado escapar. Seguidamente, su rostro se acercó y depositó un suave beso sobre mi frente y después sobre mis mejillas, haciéndome sonrojar ligeramente. Tras esto, separó su rostro un momento del mío y volvió dirigirme la mirada.
     Instantáneamente después, mi cuerpo se movió solo. Mis labios sellaron los del delegado y este no tardó en corresponderme. Nuestros labios se deslizaron, se acariciaron y se presionaron sobre los del otro.
     Sin embargo, aquello que esperaba que pasase en mi interior, lo que ansiaba que ocurriese en mi corazón..., no sucedió.