¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

martes, 22 de agosto de 2017

Capítulo 23:

     Tras habernos reunido a todos en la estación de esquí, los monitores comenzaron a hacer el recuento de alumnos y no tardaron en percatarse de que tres de nosotros no se encontraban presentes: Castiel, Sophie y Ashley. Preguntaron a los demás alumnos si sabían dónde se encontraban, pero ninguno supo qué responder.
     Lysandro y yo estábamos notoriamente preocupados y, al final, decidí comentarle la situación a los monitores. Les comenté que aquella chica llamada Ashley le había dicho a nuestra amiga que quería hablar un momento con ella, pero que nunca pensé que se fueran a alejar del lugar. Por otra parte, también les dije que nada más comentárselo al pelirrojo, este había ido en su busca.
     Nathaniel, al escuchar todo aquello, cambió completamente de gesto, y noté cómo la preocupación y la angustia se dibujaban en su rostro. No tardó en comenzar a discutir con los profesores y con los monitores para ir en busca de aquellos tres, pero sin duda alguna, por la que realmente estaba preocupado, era por Sophie. Además, pude notar cierta culpabilidad en su gesto, como si pensase que si se hubiese quedado con ella en vez de marcharse tras la pequeña charla que tuvieron, Sophie no estaría en aquella situación.
     Sin embargo, por mucho que trató de convencerlos, no consiguió nada de su parte. Los monitores argumentaron que ya se había hecho de noche y que fuera se había desatado una repentina tormenta. No era seguro salir a buscarlos en aquel momento y, de hecho, tampoco podíamos dirigirnos a la cabaña.
     Escuchad chicos Mark captó la atención de todos los presentes, manteniendo el gesto serio y la mente fría. Siento deciros que por ahora no podremos hacer nada por vuestros compañeros. Si no hubiese empezado esta tormenta, podríamos habernos planteado el ir a buscarlos con linternas, pero como podéis comprobar vosotros mismos, ni siquiera es seguro salir de aquí para dirigirnos a la cabaña hizo una pequeña pausa, dirigiendo la mirada hacia una de las ventanas y notando cómo esta profería pequeños golpes a causa del viento. En ocasiones así, es mejor mantener la calma y esperar a que amaine la tormenta o a que amanezca para buscarlos. Por lo general, cuando alguien se pierde por la montaña en la noche, lo solemos encontrar sano y salvo al día siguiente, puesto que los animales de los alrededores no suelen ser agresivos y, aunque la tormenta es algo fuerte, no les hará ningún daño extremo. Como mucho, vuestros compañeros sufrirán una leve hipotermia a causa del frío, pero si son inteligentes, lograrán conservar el calor. Por nuestra parte, hoy descansaremos aquí. En el almacén guardamos suficientes sacos de dormir para prevenir situaciones como esta, pero tal vez debáis compartir alguno, ya que no estoy seguro de si habrá para todos tras echarnos un vistazo a todos, continuó. Respecto a la cena, aquí también hay servicio de cafetería, pero solo ofrecen desayuno y merienda, por lo que os tendréis que conformar con eso su mirada, volvió a instaurarse en Nathaniel, quien parecía estar en su mundo mientras observaba la salida de la estación de esquí con fijeza. Mark no tardó en posar la mano sobre su hombro, principalmente para que no hiciese ninguna tontería y, por otra parte, para que atendiese a lo que estaba diciendo. Sé que esto no estaba dentro de los planes de la excursión y que estáis muy preocupados por vuestros compañeros, pero como ya he dicho, es mejor mantener la calma e intentar descansar por ahora. Eso es todo.
     El murmullo de los presentes no se hizo esperar. Era cierto que estaban ciertamente más tranquilos tras el pequeño diálogo de Mark, pero eso no impedía que los curiosos comenzasen a teorizar sobre lo ocurrido.
     Por nuestra parte, nos mantuvimos en el sofá en el que nos habíamos sentado, cada uno perdido en sus propios pensamientos. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. ¿Por qué se habían alejado tanto de la estación de esquí si ya habían empezado a llamar a todos debido al toque de queda? ¿Y por qué había salido Castiel corriendo tras ellas con aquella angustia en su mirada? ¿Acaso estaba Sophie en peligro? No podía evitar estar más y más preocupada a cada duda y a cada pregunta que se me venía a la cabeza. ¿Y si le había pasado algo?
     —Lys —me giré hacia él con la angustia dibujada en mi gesto y no dudé en decirle lo siguiente—, quiero que me cuentes qué es lo que está pasando. No quiero ser la única la margen de todo esto, y aún menos si le ha ocurrido algo malo a Sophie.
     El chico me mantuvo la mirada por unos instantes y, finalmente, suspiró—. Está bien, pero será mejor que nos dirijamos a un lugar más tranquilo...


***



     La oscuridad había ensombrecido todo el paraje. La tormenta continuaba como si no quisiera amainar nunca, y la nieve seguía cayendo sin cesar. Apenas se podía distinguir nada miraras por donde miraras, y a pesar de que la luna pareciese intentar asomarse para alumbrar un poco el lugar, las nubes se lo impedían descargando toda su furia. En ese momento, los centelleantes relámpagos eran los únicos que iluminaban brevemente la zona, dejando tras de sí el tardío y sorprendente sonido de sus correspondientes truenos.

     La persecución parecía estar llegando a su fin. A pesar de que las huellas y el rastro de la chica se habían estado desvaneciendo rápidamente debido a la tormenta, esto no impidió que aquel lobo no lograse alcanzarla de un momento a otro. Sin embargo, cuando creía haber llegado hasta ella, el rastro se disipó por completo.
     Desesperado, comenzó a mirar a su alrededor, agudizando la vista todo lo que pudo e importándole bien poco la oscuridad. Tras unos pocos segundos, acabó fijándose en que a tan solo unos pasos más adelante, había una figura extraña recostada en el suelo. No dudó ni un instante en aproximarse rápidamente hacia allí y en percatarse de que, tal y como sospechaba, aquella figura era nada más ni nada menos que el cuerpo tembloroso de Sophie.


***



     —Entonces... ¿me estás diciendo que Castiel es un hombre lobo?

     —En resumidas cuentas sí, es un licántropo.
     Me quedé mirando a Lys totalmente estupefacta con lo que me acababa de comentar y sin poder terminar de creerlo del todo. Todavía estaba algo traspuesta al haber descubierto que el chico del que había estado enamorada era un vampiro, pero ahora... ¿Castiel? ¿Un licántropo? Lo único que me faltaba ahora era que, de repente, Nathaniel resultase ser una sirena.
     Lysandro y yo habíamos aprovechado la oportunidad que nos había brindado Mark al indicarnos que fuésemos a recoger los últimos sacos de dormir que quedaban en el almacén para poder hablar en privado con algo más de tranquilidad. El chico me comentó que Ashley también resultaba ser un licántropo y que, a pesar de haber cortado la relación que mantuvo con Castiel hacía tiempo, había mantenido cierta obsesión por él, más o menos como la actitud que tenía Ámber a día de hoy con el pelirrojo.
     —E-es decir, que Sophie... —de tan solo pensar en que estuviese en peligro, se me formó un terrible nudo en la garganta que me impidió decir nada más.
     El albino, al verme en tal estado, se aproximó a mí con delicadeza y no dudó en rodearme con sus brazos y abrazarme con fuerza.
     Nos mantuvimos así un buen rato, en silencio, pero finalmente me recordó que Castiel había ido tras ellas y que estaba seguro de que este había protegido con todas sus fuerzas a Sophie. Sin embargo, a pesar de sus palabras, no pude evitar pensar en lo que les podría haber ocurrido tanto a Sophie como a Castiel, y aún más teniendo en cuenta la terrible tormenta que había afuera.
     Repentinamente, se escucharon unas voces fuera y, al instante, vimos cómo un compañero de nuestro instituto se adentraba en la habitación. Se puso un tanto nervioso al percatarse de nosotros y no dudó en apresurarse en tomar un saco de dormir individual y salir del lugar lo más rápido posible, creyéndose falsamente que había interrumpido una situación amorosa o algo por el estilo.
     Lys y yo nos alejamos un poco sin terminar de separarnos del todo y el silencio volvió a reinar en la sala nada más marcharse aquel chico.
     —Será mejor que volvamos —acabé diciendo, apartando un tanto la mirada—. Tenemos que coger los sacos de dormir.
     —... —el albino se separó de mí al reparar en algo y, tras aproximarse a un lugar en concreto, su voz volvió a hacerse sonar con cierto nerviosismo—. A ti... ¿te importa si dormimos juntos?
    Un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo al escuchar aquello. Lo volví a mirar estupefacta y no dudé en aproximarme hacia donde él para fijarme en que solo quedaba un saco de dormir de los grandes. Aquel chico que acababa de entrar, se había llevado el último individual que quedaba. No supe qué contestar en aquel momento. Mis mejillas no tardaron en enrojecerse por completo.
     —...Ha sido una propuesta inapropiada, perdona —se apresuró en disculparse al no recibir respuesta de mi parte y, con el rostro sonrojado, giró sobre sí, dirigiéndose hacia la salida del almacén—. Utilízalo tú. No tengo problema alguno con dormir en el suelo.
     —¡E-espera! —me apresuré a deternerlo, tirando con cierta timidez de su chaqueta y, avergonzada y sin poder creerme lo que estaba por hacer, le dije lo siguiente—. N-no me importa compartirlo. No me gustaría que cogieses frío o que durmieses mal solo por ser considerado conmigo.
     El chico volvió a voltearse hacia mí, dejándome ver su rostro ligeramente sonrojado y observé cómo sus ojos me miraban con cierta duda pero a la vez con cierto brillo en ellos. Mi corazón comenzó a latir cada vez más nervioso a cada segundo que transcurrió observándome en silencio.
     En ese momento, una de sus manos se aproximó lentamente hasta finalmente posarla en mi mejilla, acariciándola con suavidad mientras se acercaba unos pasos más a mí. El cosquilleo de sus caricias en aquella mejilla me hizo estremecer, haciendo que un agradable escalofrío me recorriese por todo el cuerpo y que el corazón me palpitase aún con más fuerza.
     —...Sé que no es el mejor momento para esto, pero... su voz se había vuelto un tanto más suave y, su gesto, me pareció de lo más tierno y hermoso que pude ver hasta ahora—, tengo unas ganas terribles de besarte.
     Aquellas palabras me hicieron sonrojarme por completo. En mi mente, imaginé cómo mi corazón era atravesado una y otra vez por la simbólica flecha de cupido, simulando los rápidos latidos que este profería al haber escuchado tal cosa salir de sus labios... De esos labios que tan apetecibles se me estaban haciendo.
     Su mano se deslizó por mi rostro con sutileza, acariciándola, deleitándose con la ligera y fina textura de mi piel. En un momento dado, comenzó a aproximarse con lentitud. Sin dudarlo un momento más, apoyé las manos sobre sus mejillas, guiando delicadamente su rostro hacia el mío y, entrecerrando los ojos, acabamos por sellar nuestros labios en un tierno y dulce beso.
     Mi cuerpo entero tembló al sentir el suave contacto de nuestros labios, y mi corazón... Mi corazón saltó sin cesar de la enorme felicidad que sentía.


***



     Rato después de haber encontrado a Sophie y haberse vuelto a transformar en humano, no dudó ni un momento en cargarla y abrazarla con fuerza mientras que buscaba un refugio donde resguardarse del frío y de la tormenta. Por suerte, no muy lejos de allí, acabó encontrándose algo parecido a una pequeña cueva. Vaciló un momento, pero al notar a Sophie temblar entre sus brazos y al no tener más opción que aquella, se adentró allí dentro, con la esperanza de que no fuese el refugio de ningún animal peligroso.

     Procuró adentrarse lo más que pudo en aquella guarida y, para su alivio, comprobó que no había criatura alguna allí. Se agachó con cuidado y sentó momentáneamente a Sophie en el suelo, haciendo que apoyase la espalda contra la pared. Seguidamente, le desabrochó la chaqueta y terminó quitándosela para después hacer lo mismo con la suya propia y apartarlas con cierta prisa. Para finalizar, volvió a cargar a Sophie entre sus brazos, sentándose y apoyandose contra la pared con cuidado, terminando por acurrucar a la chica entre sus brazos y sentarla entre sus piernas.
     El chico, con el corazón en un puño, respiró profundamente un par de veces para intentar calmar sus nervios; sin embargo, no fue hasta que la chica dejó de temblar que él no pudo respirar con alivio.
     Estrechó a la chica con fuerza contra su cuerpo, apoyando la cabeza sobre la de ella, y, seguidamente, se permitió el lujo de cerrar los ojos al fin.
     Estaba agotado, casi exhausto. Podía notar cómo la adrenalina se iba desvaneciendo de su cuerpo y cómo este se volvía cada vez más pesado por segundos. No obstante, sus brazos se negaron a dejar de estrechar a la chica en ningún momento, y su corazón se mantuvo palpitante incluso después de dejar que el cansancio se adueñase de él, quedándose profundamente dormido.
     

miércoles, 28 de junio de 2017

Capítulo 22

     Un rato después de haber entrado en la estación de esquí, terminé encontrándome una vez más con Lysandro, quien nada más percatarse de mi presencia, me dirigió una leve y tierna sonrisa. La furia que sentía por aquella peliazul se apaciguó nada más verlo sonreír de aquella manera. Mis mejillas acabaron por colorearse levemente y mis pasos se dirigieron hacia él. Estaba sentado en uno de los sofás de la estancia, con una de sus libretas en la mano y sujetando un bolígrafo con sus dedos.
     Nada más terminar de acercarme, cerró delicadamente la libreta y se echó a un lado para que pudiese sentarme junto a él.
     —Parece ser que hoy no se te ha extraviado la libreta —le sonreí mientras me sentaba lo suficientemente cerca de él como para que nuestra conversación no llamase mucho la atención. En aquel momento, aquella sala donde nos encontrábamos estaba lleno de gente y podía asegurar que sus conversaciones se escuchaban a varios metros de distancia.
     —Puede ser que sea porque hoy tengo una razón especial para estar atento a todo lo que me rodea —contestó aún sin dejar de sonreír, girándose un poco hacia mí y tomando una de mis manos para después acercársela y posar suavemente los labios contra esta.
     Me quedé observándolo anonadada sintiendo las mejillas arder. La decepción que había sentido a lo largo de la tarde al no obtener mi ansiado propósito se esfumó por completo y en aquel momento deseé por todos los dioses del mundo, si es que realmente existían, que si aquello era un sueño, no me despertasen jamás.
     —Entonces... —murmuró mientras volvía a levantar la mirada para fijar sus ojos en los míos—, ¿vas a decirme qué te ocurría esta tarde?
     No supe cómo reaccionar. Me quedé observándolo unos segundos, procesando lo que me acababa de preguntar y no supe qué responderle. Estaba feliz de estar así con él, de tener lo que tenía en aquel momento con el chico del que había estado enamorada por todo un año. No era cuestión de empezar a reprocharle nada cuando siquiera había pasado un simple día desde que empezamos a salir.
     —No es nada —acabé respondiéndole con una leve sonrisa dibujada en el rostro y apreté suavemente su mano contra la mía—, era una simple tontería.
     —¿Segura? —preguntó, aún sin estar demasiado convencido de mi respuesta, a lo que yo le respondí acercándome a él y plantándole un pequeño beso en la mejilla. El chico se me quedó mirando unos segundos mientras que sus mejillas se coloreaban levemente. Finalmente, sonrió—. No tienes remedio...
     El chico me observó con ternura mientras su mano restante acariciaba y se deslizaba por uno de mis brazos, ascendiendo lentamente hasta posarse en mi mejilla. El corazón me empezó a latir frenético de la felicidad que sentía.
  —Hey, tortolitos —una voz nos sorprendió y, casi por impulso, nos separamos rápidamente, avergonzados. Era Castiel—. Menuda reacción —sonrió burlón.
     —D-deja de burlarte y di de una vez qué es lo que quieres, i-idiota —desvié la mirada hacia otro lado, intentando ocultar mi sonrojo mientras Lys se mantenía en completo silencio.
     —...¿Habéis visto a la novata? —preguntó sin más, con un tono ciertamente extraño que no supe identificar. ¿Se había enterado de lo de Nath y ella?—. Lo último que sé es que se fue corriendo detrás del estúpido del delegado hace un rato...
     —Oohh... ¿te dio plantón por él? —me burlé yo esta vez, pero al ver que en vez de contestarme, desviaba la mirada, me extrañé—. Amm... Lo último que sé de Sophie es que hace unos minutos se fue con la tal Ashley. Por lo visto, quería arreglar unos asuntos con ella —al decir aquello, observé cómo Castiel y Lys se observaban con cierta angustia y, el pelirrojo, sin decir nada más, salió corriendo del lugar, desapareciendo rápidamente por la puerta.
     No entendía nada de lo que estaba ocurriendo.


*     *     *

     Tras ver desaparecer a Akora por la puerta de la estación de esquí, aquella chica peliazul llamada Ashley me dijo que quería hablar en un sitio más privado, así que nos alejamos un poco del lugar, adentrándonos en el bosque.

     Ya habían dado el primer aviso de reagruparse en la estación de esquí, y sabía que si los profesores o los monitores se enteraban de que nos estábamos alejando en aquel momento, nos podría llegar a caer una buena, pero a pesar de ello, había decidido atender a aquella chica y solucionar cualquier problema que tuviese con nosotras. No estaba dispuesta a dejar que nos dirigiese aquella hostilidad sin razón alguna.
     La nieve comenzó a caer en forma de copos de nieve y, al poco tiempo, comenzó a hacer algo más de viento. Tenía un mal presentimiento de todo aquello, pero aun así no quise hacer caso a aquel impulso por el simple hecho de que últimamente me estaba empezando a jugar malas pasadas y podía estar equivocada esta vez. Eso sí, no dejé de estar alerta en todo el tramo que estuvimos caminando, pues a pesar de no fiarme del todo de mi propia intuición, el habernos alejado tanto y aquella nevada repentina me estaban empezando a inquietar.
     —Ashley —la llamé, pero no se detuvo—. Ashley, dime de una vez qué es lo que quieres —me paré en seco allí mismo, sin intención de seguir avanzando al observar que lo único que nos rodeaban eran innumerables árboles (prácticamente idénticos a mi parecer)—. Ya nos hemos alejado suficiente. No pienso seguir adelante si tu intención es irnos aún más lejos —la chica se detuvo, mas no se dio la vuelta en ningún momento—. ¿Qué tienes contra nosotras? No te hemos hecho nada. De hecho, acabamos de conocerte y aun así nos tratas como si te hubiésemos causado algún mal. Si no nos lo explicas, no podremos entenderlo.
     —Cuesta creer lo ilusa que puedes llegar a ser —murmuró y comenzó a reír levemente—. Pareces ser la única que no está al tanto de todo y, sinceramente, eso hace todo mucho más divertido —se dio la vuelta y me miró fijamente, dejándome ver su gesto burlón y ciertamente ensombrecido—. Tus amigos no son lo que parecen pequeña Sophie.
     —Déjate de tonterías Ashley. ¡Tú ni siquiera los conoces!
     —Eso es lo que tú crees, pero lo cierto es que los conozco mejor que esa amiguita tuya, que tan desesperada está por el blancucho, y tú. Si tan amigos sois, ¿cómo es que no te han contado su secreto?
     —¿Se puede saber de qué estúpido secreto hablas? ¡Dilo claro! Y si no han querido contarme nada, será porque no es algo que me incumba. Además, nadie te ha preguntado nada sobre ellos. ¡Déjanos tranquilas de una vez! —la chica volvió a reír.
     —¿Crees en los vampiros, pequeña?
     —¿Qué…? ¿Pero de qué estás hablando? Se te ha ido la cabeza.
   —¿Y en los hombres lobo? —la chica comenzó a acercarse a mí, obligándome a retroceder—. Oh, vamos, ¿tienes miedo de mí?
     —No debería haber ido contigo. Estás como una cabra.
     —¿De veras crees que estoy loca? ¿No querías saber qué era lo que me pasaba? —la chica volvió a aproximarse a mí, pero esta vez, vi estupefacta cómo su piel comenzaba a cambiar y a tornarse de otra textura y otro color—. ¿Quieres saber qué problema tengo con vosotras? Resulta que sois dos indefensas humanas que, por lo visto, tienen un pésimo y desafortunado gusto por los chicos. Esa pelirroja en particular me da exactamente igual que ande con ese estúpido vampiro, pero tú… —su cuerpo comenzó a inclinarse cada vez más, a medida que daba un paso sobre otro. Su tono burlesco pasó a tornarse en uno lleno de ira—, has osado acercarte a quien no debías, y aún más siendo hija de aquel bastardo asesino —su transformación terminó al cabo de unos segundos y, para mi espanto y mi horror, se había transformado en un enorme lobo de color negro—. Tú… ¡Deberías estar muerta!
     Mi espalda chocó con uno de los troncos del lugar. Mi cuerpo entero comenzó a temblar y mi mente pareció explotar al haber vislumbrado tal anomalía. Aquello no podía ser real. ¿Era esto una pesadilla? Sus gruñidos se hicieron sonar en la estancia, acechantes. Era prácticamente la misma situación que tuve con aquel lobo de pelaje plateado, sino que esta vez, sí que corría peligro, lo sentía, y aquella chica, o mejor dicho, aquel monstruo que se encontraba frente a mí, no parecía tener la misma piedad que tuvo el lobo de ojos grises.
      En un momento dado, aquella monstruosidad había dejado de hablar y sus feroces gruñidos se intensificaron. Cuando quise darme cuenta, aquella criatura estuvo casi por abalanzárseme, sin embargo, logré reaccionar a tiempo y me agaché rápidamente para después utilizar el árbol como impulso para salir huyendo de allí.
     Corrí todo lo que pude hacia una dirección aleatoria, sin embargo, la nieve dificultaba mis pasos y a cada movimiento que hacía, notaba que me asfixiaba del mismo esfuerzo que intentaba realizar. Aquella criatura me perseguía, me pisaba los talones, y aunque intentaba despistarla con los múltiples árboles del lugar, parecía que no se iba a dar por vencida.
     ¿Por qué estaba ocurriendo aquello? ¿Qué había hecho yo para que aquella bestia me persiguiera con el fin de matarme? ¿Y a qué se refería con que era hija de un asesino? El rostro sonriente de mi padre se dibujó en mi mente unos segundos y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. ¿Qué se suponía que estaba pasando?
     En un desafortunado tropiezo, caí de bruces al suelo y noté la nieve bajo mi piel. Mis piernas se negaron a moverse y empecé a jadear y a toser al no poder regular mi respiración. Estaba totalmente perdida. Iba a morir. Aquel era el fin.
     Fue en ese mismo momento, en ese instante de desesperación, que un aullido se escuchó seguido de un llanto lastimero. Al darme la vuelta, observé cómo aquella bestia que me había estado persiguiendo era atacada por aquel enorme lobo plateado, aquel lobo que había estado siguiendo aquellas últimas semanas por el bosque del pueblo. Entonces, era cierto que me había seguido hasta aquí, pero... ¿cómo?
     Una batalla sangrienta y sin escrúpulos se dio allí. Estaba paralizada. No podía terminar de creerme todo lo que había ocurrido en tan solo unos instantes. La pelea continuaba frente a mis ojos. Ambos se mordían, se empujaban, se arañaban... Se daban zarpazos y se agarraban al cuello del adversario con la mandíbula e intentaban lanzarlo por los aires. Los ladridos, los gruñidos y los rugidos se escuchaban una y otra vez.
     En el momento en el que la loba negra intentó volver a abalanzarse sobre mí, el otro volvió a protegerme sin dudarlo. Fue entonces cuando lo escuché. "MALDITA SEA, ¡VETE DE AQUÍ DE UNA VEZ! ¡LÁRGATE! ¡CORRE!".
     Mis piernas, mis brazos y todo mi cuerpo entero volvió a reaccionar. Me levanté rápidamente de la nieve y sin pensarlo dos veces, comencé a correr de nuevo, esta vez procurando no volver a tropezarme, alejándome todo lo que pude de aquel lugar.


*     *     *

     Al cabo de un rato, la pelea entre ambas bestias había terminado. Mientras que una quedó inmóvil e inconsciente en la fría nieve que cubría el paraje, tiñéndola de rojo, la otra se levantó, observando su alrededor. Olisqueó un poco la nieve y, cuando localizó su objetivo, comenzó a correr con las últimas fuerzas que le quedaban. La adrenalina del momento no le dejó percatarse de su pata herida y, a pesar de la leve tormenta que se había desatado de un instante a otro, no dudó en continuar hacia delante, siguiendo el rastro de aquella chica que había huido hacía poco.

jueves, 1 de junio de 2017

Capítulo 21

     El pelirrojo observó a Sophie con detenimiento tras haber desviado la mirada para saber que ocurría y haberse encontrado con Nathaniel, quien no había tardado demasiado en marcharse de allí tras verlos juntos. La chica, tras su repentino alejamiento, no se demoró demasiado en disculparse con él e irse corriendo tras el delegado, apartándose una vez más de su lado y sintiendo que nuevamente se escapaba de entre sus manos.
     Lo primero que se le había venido a la cabeza en aquel momento era ir tras ella y detenerla para así evitar que se fuera, pero en vez de eso, presionó la mandíbula a la vez que se le fruncía el ceño, manteniéndose allí totalmente estático y observando cómo la chica se marchaba apresurada.
     Había pasado algo. Sabía que había ocurrido algo entre ellos dos sin él enterarse; tal vez cuando el rubiales la citó para hablar con ella mientras estaban en la cafetería, pensó. Sin embargo, allí estaba, dejándola ir una vez más y sintiendo los celos y la agonía apoderarse de su corazón. Las palabras de Akora antes de aquella conversación entre ellos dos resonaba una y otra vez en su cabeza: “Y ahí va el futuro ganador de la partida, moviendo ficha como de costumbre”.
     Aún no podía creer que en tan poco tiempo hubiera desarrollado tal posesividad por querer a aquella pelinegra a su lado, y aún menos que estuviesen floreciendo tales sentimientos por ella de un momento a otro.
     Tres meses humanos no eran nada, ni para él ni para ninguno de los de su especie, y sin embargo, en ese corto periodo de tiempo había llegado a apreciarla tanto como cualquier otro amigo o ser querido, e incluso como… algo más.
     Su gesto se ensombreció ligeramente al pensar esto último.
     Era imposible. No era posible que ocurriese aquello. Ni siquiera sabía lo que realmente sentía aquella chica; si sus más profundos sentimientos y pensamientos estaban dirigidos a él o, por el contrario, a aquel detestable delegado... Y aunque estos estuviesen dirigidos hacia él mismo, no podían estar juntos, pues a pesar de estar exiliado, el clan le haría la vida imposible nada más saber sobre su relación íntima con una humana. La chica correría peligro, y eso era algo que no podía permitir por mucho que le gustase Sophie.
     Suspiró con este último pensamiento, abatido. Apretó los puños con fuerza, sintiéndose totalmente desanimado y sin fuerzas para hacer nada más y dio media vuelta, adentrándose una vez más a aquel dichoso bosque cubierto de blanca y helada nieve, con las esperanzas por los suelos y el corazón completamente compungido y destrozado.

*     *     *

     —¡Nathaniel! —exclamé—. ¡Oye, Nath! ¡Espera!
     El mencionado no tardó en detener su paso ante mi llamado, mas sin embargo, no llegó a darse la vuelta. No fue hasta pasados unos segundos que finalmente decidió encararme con una leve y tensa sonrisa en su rostro, sin mostrar emoción alguna a pesar de todo.
     No pude evitar encogerme al notar que, tal gesto, me era dirigido por parte de aquel chico que siempre me había sonreído con cariño y afecto.
     —L-lo siento mucho. Sé que no te cae muy bien Castiel y, soy consciente que aún tengo que darte una respuesta... No era mi intención que vieras-...
     —No sé de qué me hablas —me interrumpió antes de que dijese nada más—. Y, es obvio el hecho de que apenas nos soportamos. No es nada nuevo —sus palabras sonaron más duras de lo que ambos esperábamos. Al parecer, había notado mi aturdida reacción, por lo que tras un suspiro, intentó remediar aquella incómoda situación que nos estaba empezando a consumir—. No tienes por qué disculparte, ni mucho menos darme explicaciones por algo sin importancia. Por mucho que lo deteste y por mucho que me cueste admitirlo, soy consciente de que sigues y seguirás siendo su amiga. No importa lo que haga, pues ese hecho no cambiará por mucho que te exprese mis sentimientos… No soy nadie como para impedirte nada que quieras hacer —conforme decía aquello, su gesto comenzó a suavizarse y, lentamente, comenzó a acercarse a mí con pasos un tanto temerosos para, al fin, tomar mis manos entre las suyas y aferrarlas con afecto—. Ahora mismo lo único que me importa realmente es saber tu respuesta —al escuchar aquello, no pude evitar desviar la mirada y removerme un tanto avergonzada—. No quiero presionarte, ni mucho menos obligarte a que aceptes tener una cita conmigo. Es tu decisión al fin y al cabo. Es por eso que, hasta entonces, hasta que puedas darme una respuesta apropiada, tanto como para aceptarme como para rechazarme, será mejor que te deje algo de espacio y me aparte lo suficiente de ti como para que puedas pensarlo adecuadamente, pues lo último que quiero es que acabes dándome una respuesta aleatoria a causa de las prisas.
     Alcé el rostro nuevamente, volviendo a enfrentarme a su mirada, y esta vez vi cómo la incertidumbre se alojaba en su rostro, a la vez que una pequeña y comprensiva sonrisa se dibujaba en él.
     Mis ojos se mantuvieron observando aquellos orbes ambarinos intensos que me observaban con cierta ternura y temor. Moví ligeramente los labios, a punto de decir algo, de decir que quería intentarlo…, pero finalmente la cobardía acabó apoderándose de mí. La aflicción no tardó en alojarse en mi rostro al volver a agachar la mirada, sin poder darle una respuesta que consiguiese calmar aquella incertidumbre que lo mantenía en vilo e inquieto.
     —Te prometo que pensaré adecuadamente sobre ello, Nath —respondí al fin tras unos breves segundos—, y cuando tenga una respuesta clara, te la diré de inmediato —apreté suavemente sus manos, sin dirigirle aún la mirada—. Gracias por ser tan paciente y tan comprensivo conmigo. Aprecio mucho eso.
     A pesar de no verlo, pude notar que el chico había sonreído tiernamente al escuchar aquello. Una de sus manos soltó la mía y la aproximó delicadamente hacia mi rostro para después acariciar mi mejilla con ternura. Segundos después, pude apreciar cómo acercaba su rostro y cómo el suave tacto de sus dedos en mi mejilla era reemplazado por el dulce toque de sus labios, sorprendiéndome. No pude evitar ruborizarme al instante y él, no tardó en separarse completamente de mí, soltando la única mano que aún había mantenido unida a la suya. Al volver a alzar la mirada, pude ver que su rostro también se encontraba levemente sonrojado.
     —Espero volver a hablar contigo pronto, Sophie —aquello, fue lo último que dijo antes de despedirse y finalmente marcharse de allí.

*     *     *

     El día transcurrió más rápido de lo imaginado. Había pasado casi toda la tarde junto a Lys en las pistas de esquí entre miradas fugaces y breves momentos de afecto, pero cuando parecía que iba a pasar lo que tanto ansiaba, el chico acababa alejándose de mí, dejándome con las ganas de probar aquellos carnosos y fríos labios que tantas veces antes había imaginado con besar.
     No estaba segura de si lo hacía conscientemente o no, pero cada vez que se alejaba, me dejaba con la angustiosa sensación de tener un nudo en la garganta y, al final, tuve que darme por vencida de conseguir mi propósito el resto de la excursión.
     Fue entonces cuando nuestra pequeña Sophie hizo acto de presencia, encontrándonos a los dos caminando hacia la estación de esquí. Lo extraño era que ni el pelirrojo ni el delegado se encontraban revoloteando a su alrededor.
     —¿Dónde se han metido tus guardaespaldas? —pregunté con sorna, saludándola con un breve gesto mientras me acercaba a ella, cargando los esquís que anteriormente había utilizado.
     La chica no contestó. Simplemente hizo un leve gesto tristón con la cabeza a la vez que agachaba levemente la mirada.
     Parecía ser que esto requería de una leve charla urgente entre chicas, algo que también me hacía falta a mí, la verdad.
     —Lys —llamé su atención dirigiéndome a él—. Voy a hablar un momento con Sophie. Parece que está teniendo problemas con un asuntillo. ¿Te importa si nos vemos después? —intenté no sonar demasiado rara para que no notase mi decepción en cuanto a lo ocurrido a lo largo de la tarde, pero al parecer no conseguí demasiado bien mi cometido.
     —…Vale —contestó sin apartar su mirada de mí ni un solo instante para después añadir lo siguiente—. Hablaremos después, entonces.
     Fruncí levemente los labios al escucharlo decir eso y asentí desviando levemente la mirada hacia la izquierda, incapaz de mirarlo directamente a los ojos.
     El chico pareció dudar un momento entre marcharse o no, pero al echar un vistazo al gesto de Sophie, se dio por vencido y lo dejó estar. Tras quitarme delicadamente los esquís de mis manos y acomodarlos junto con los suyos sobre sus hombros, se despidió con un leve gesto para después desaparecer tras la puerta de la estación de esquí.

*     *     *

     Tras dejarnos solas, acabé contándole lo ocurrido a Akora, quien no dudó en quedarse en silencio hasta que terminase de relatarle todo con pelos y señales.
     —¿En serio no te das cuenta de lo que ocurre? —dijo la pelirroja tras terminar de contarle todo—. ¡Los tienes a los dos en la palma de tu mano!
     —¿A los dos?
     —¡Sí! Es obvio que le gustas a Nathaniel, ¡él mismo te lo ha dicho! Pero por otra parte, es la primera vez que escucho que Castiel se comporta de tal manera con una chica, y no solo eso, dormisteis juntos. DOS VECES —enfatizó.
     —Eso no tiene nada que ver… —balbuceé notoriamente avergonzada.
     —Ya, claro, seguro —puso los ojos en blanco y, seguidamente, me miró seriamente—. Sophie, esto es serio. Estás intentando tratar con los sentimientos de ambos chicos por igual, cuando lo que deberías hacer es pensar quién te gusta realmente. Esto no es solo por tu bien, es por el bien de ellos dos también. No puedes estar jugando a quién resiste más, ni a quién te quiere más; no solo porque estás ilusionándolos inútilmente sin darte cuenta, sino que además va a llegar el día en que encuentren a otra persona y tú perderás la oportunidad de estar con quien realmente te gusta de los dos.
     Las duras palabras de mi amiga me hicieron encogerme y desanimarme aún más de lo que ya estaba. Sin embargo, no podía replicarle nada. Tenía toda la razón.
     —Aunque por otra parte, es comprensible que no sepas qué hacer —continuó, esta vez suavizando un poco el tono—. Los conoces desde hace relativamente poco. Tampoco estoy del todo segura de que le gustes a Castiel, además de que parece que no ha querido dejártelo claro. ¡Pero Nathaniel sí! Normalmente no defendería al delegado, pero es un paso muy valiente el que ha hecho. Y como ya te dije, ha cuidado sus palabras y ha decidido conocerte mejor y tener una cita contigo antes de proponerte ser algo más. Es solo una cita, Sophie. ¡No te va a comer! O al menos eso espero, porque si no, soy yo la que le cortará los huevos —aquello último consiguió arrancarme una risa, algo que alegró notoriamente a Akora—. Sophie, eres preciosa y una chica encantadora, da igual lo que digan los demás. Y, aunque te conozco de poco, sé que tienes un buen corazón y no quieres hacer daño a nadie, pero, amiga mía, siento decirte que en temas amorosos siempre saldrá alguien herido quieras o no. Si te decantas por alguno de los dos, el otro acabará destrozado, y si no eliges a ninguno, seréis los tres los que acabéis mal —hizo una pequeña pausa, observándome y continuó—. Si yo fuese tú, intentaría darle una oportunidad a Nathaniel. Es el que ha decidido arriesgarse a pesar de todo. Tantéalo y si da la casualidad de que le correspondes, intenta algo más. Y si no te convence, siempre puedes decirle la verdad sin ningún problema, pero tienes que decirle claramente lo que piensas y tus verdaderas intenciones desde el principio. Además, haciendo esto podrás ver si el pelirrojo hace algún movimiento o no para impedir que Nath y tú estéis juntos. Así te quedará todo algo más claro. ¿No crees?
     Tras analizar todo lo que me había dicho, asentí lentamente. Me daba algo de vergüenza que Akora me tuviese que aconsejar de aquella manera, dejándome claro todo de una forma tan… masticada y precisa, como si de no ser por ella no pudiese avanzar por mi propio pie. Sin embargo, era la primera vez desde hacía mucho tiempo que podía decir lo que realmente sentía a alguien cercano y que este me aconsejase desde un punto de vista lógico y externo sin juzgarme a la primera de cambio. No podía perder la oportunidad de disfrutar de la compañía de una verdadera amiga.
     Al pensar en todo aquello, sonreí levemente, haciendo que la chica me devolviese la sonrisa de oreja a oreja.
     De un momento a otro, sin esperarlo siquiera, la pelirroja me abrazó efusivamente mientras decía lo siguiente.
     —¡Ay, mi pequeña Sophie! ¿Qué harías sin mí?
     —Es cierto. No sé lo que haría sin ti —respondí devolviéndole el abrazo—. Muchas gracias, Akora.
     Fue en ese preciso momento cuando alguien carraspeó, interrumpiendo nuestra charla y nuestro abrazo y haciendo que captásemos su atención. Nos separamos, dirigiendo la mirada hacia aquella persona que nos había chafado un poco la excursión cuando llegamos, aquella chica de pelo azul que supuestamente compartía habitación con nosotras y a la que no habíamos vuelto a ver desde que había vuelto con aquella herida en el cuello.
     —Ashley…
     —Oh, vaya, si parece que la pelirroja ha hecho los deberes —sonrió sin más la mencionada—. Bonita escena de amor la que acabo de presenciar. Solo os faltaba daros un buen morreo y marcharos a un bonito hotel.
     —¿Qué es lo que quieres? —preguntó tajante Akora.
     Por mi parte, no pude evitar fijarme en que tenía una bufanda puesta alrededor del cuello, tapando el vendaje ligeramente ensangrentado que le cubría la herida.
     —Solo quiero charlar… Aunque no contigo, claro, sino con tu amiguita —me señaló con la mirada, y antes de que ninguna de las dos replicásemos nada, continuó—. Aún no le has dicho nada de lo que sabes, ¿cierto?
     Akora pareció tensarse, mas no dejó que aquello le acobardase. No entendía de qué estaban hablando.
     —No sé de qué me hablas.
     —Oh, vamos. ¿Ahora me vas a decir eso después de haber escuchado cómo el pequeño “Lys” te descubría su secretito?
     —¿De qué está hablando, Akora? —pregunté, desviando la mirada hacia mi amiga.
     —Cierto, ¿de qué estoy hablando, Ako?
     La pelirroja, enfurecida por su actitud, se acercó a ella amenazante, harta de todas sus burlas, pero antes de que hiciese o dijese nada más, la voz de Mark se escuchó en la distancia, más precisamente, desde la entrada a la estación de esquís.
     —¡Chicos y chicas! ¡El recreo ha terminado! Está empezando a oscurecer, así que por favor, devolved los esquís lo antes posible y reuníos conmigo aquí. En cuanto estemos todos, procederemos a volver a la cabaña. Avisad a todos los que aún se encuentren en las pistas también. ¡No tardéis, por favor!
     —Salvada por la campana, ¿eh? —volvió a mofarse la tal Ashley, haciendo que Akora bufase molesta.
   —Será mejor que vaya a buscar a Lys —dijo sin más, aguantándose las ganas de meterse en una pelea con aquella chica—. ¿Vienes Sophie?
     La miré durante unos segundos y, dubitativa, desvié la mirada hacia la chica peliazul, quien me ofreció una sonrisa un tanto extraña que no pude descifrar.
    —Ahora os alcanzo —acabé diciendo volviendo a ver a la pelirroja y haciéndole entender con la mirada que quería saber qué era lo que tramaba aquella chica.
     —… Como quieras.

domingo, 23 de abril de 2017

Capítulo 20

     —¿¡Que te dijo qué!? —me apresuré a taparle la boca a la pelirroja, sintiendo el rostro arder de la vergüenza. El silencio se instauró en la sala mientras las miradas se fijaban en nosotras
     —¿Tenéis algo interesante que queráis contarnos, señoritas? —la voz de Mark sonó un tanto tajante—. Tal vez si escuchamos primero lo que tenéis que decir, podremos seguir adelante con las actividades de hoy, ¿no?
     Ambas nos encogimos un tanto intimidadas, tanto por el tono con que lo decía como por todas las miradas que nos echaron. Optamos por no contestar a aquello. Segundos más tarde, volvió a seguir explicando, intentando quitarle importancia a aquella brusca interrupción.
     —Bueno, continuando con lo que decía, el día de hoy lo emplearemos para explicaros un poco por encima sobre el esquí, los obstáculos con los que debéis tener cuidado, las posibles lesiones que os pueden ocasionar si no hacéis el calentamiento adecuado y, obviamente, os impartiremos algunas clases prácticas para que podáis manejaros más o menos por encima. Ya veréis que a lo largo del día, se os irá haciendo más fácil el manejar los esquís…
     —Entonces, ¿qué le dijiste? —me preguntó Akora en voz baja.
     —¿Eh? —fijé la mirada en ella un tanto desconcertada.
     —El delegado, Nathaniel, lo que me acabas de contar —dijo intentando reintroducirme en la conversación—. ¿Le contestaste o no?
     —Pues… —desvié la mirada un tanto abochornada sin poder evitarlo y solté un suave suspiro—. La verdad es que no supe qué decirle, así que me dijo que no hacía falta que le contestase en ese momento —sentía la mirada de Akora clavada en mí, completamente atenta a lo que decía—. Pero al final le dije que le intentaría contestar en cuanto pudiese para no dejarlo con la incógnita. Además, tengo que reflexionarlo bien, después de todo se ha portado muy bien conmigo desde que llegué y no sería muy considerado rechazarlo sin siquiera meditarlo un poco.
     —Entonces, ¿tenías pensado rechazarle?
     —¿Eh? ¡No! No es eso.
     —¿Vas a decirle que sí entonces?
     —¡Akora! —me giré hacia ella con el ceño un tanto fruncido y las mejillas completamente coloradas. Por el contrario, ella me mostró una sonrisa de oreja a oreja.
     —Perdón, perdón… Pero me alegra saber que estás pensando sobre ello seriamente y no como algo sin importancia. Eso quiere decir que no eres como Ámber —no pude evitar dejar escapar una pequeña risa—. Eso sí, ten en cuenta que te ha invitado a salir nada más. Podríais hacer una pequeña prueba y ya si todo va bien… pues seguir adelante. Aunque claro, eso también depende de lo que sientas.
     Fruncí un tanto los labios al escuchar eso último, mirando a la nada.
     ¿Y si no sabía exactamente lo que sentía? Es decir, ¿veía a Nath como algo más o no? Y dependiendo de eso, ¿debía intentarlo… o no?
     Cerré un momento los ojos, intentando tranquilizar mis pensamientos y fue entonces cuando la voz de Nath resonó en mi cabeza: “Sé que nos conocemos desde hace relativamente poco, pero realmente me gustaría intentar conocerte mejor…”. No me había pedido ser algo más, o al menos no todavía. Simplemente me había dicho que le gustaría invitarme a salir, es decir, tener... una cita.
     El corazón me dio un pequeño salto y lo sentí latir con fuerza, no sé si por los nervios, por lo que sentía o porque aquello, a pesar de la respuesta que diese, me alegraba. Simplemente no quise dar un no por respuesta así de primeras.
     Quería intentarlo.
     Mis labios se curvaron muy levemente, formando una pequeña sonrisa y seguidamente dejé que el paisaje volviese a iluminar mis ojos al abrirlos, sin embargo, en vez de eso, acabé encontrándome con la plomiza mirada y atenta de aquel pelirrojo que horas antes me había llevado a mi habitación sin yo enterarme, pues tras lo sucedido anoche, había terminado por quedarme dormida en sus brazos.
     La decisión que había tomado no tardó en cristalizarse y agrietarse al tomar consciencia de él. Mi corazón volvió a palpitar, esta vez vacilante, y el nerviosismo volvió a sumirme en la indecisión. Mientras, él comenzó a acercarse, esquivando a la marabunta que ya comenzaba a dispersarse. Por lo visto, Mark había terminado de hablar.
     Akora mientras tanto me miraba fijamente. Había hecho tantos gestos en el breve tiempo de reflexión que la chica se quedó un tanto trastocada al no saber qué se me estaba pasando por la cabeza. Sin embargo, cuando abrí los ojos y vio aquel gesto en mi cara al ver al pelirrojo, supo intuir lo que ocurría sin siquiera decírselo.
     —Hey enana, ¿qué te pasa? ¿Es que te has quedado hipnotizada al verme o qué? —se mofó el pelirrojo con aquella sonrisa de lado que tanto le caracterizaba. Acto seguido miró hacia Akora y luego a ambos lados—. ¿Y Lysandro?
     —¿Eh? —la chica hizo el mismo gesto y al instante respondió—. Hace un momento estaba aquí…
     —¡Hey! —la voz de Mark captó nuestra atención. No muy lejos se podía ver al gentío caminando en dirección hacia el teleférico, entre ellos estaba Lysandro, quien caminaba al lado del delegado manteniendo una pequeña conversación—. No os quedéis atrás, ¡vamos!
     Los tres nos miramos momentáneamente para después comenzar a caminar y volver a reincorporarnos al grupo.

*     *     *

     El ruido de ambiente de la carretera, el leve olor a gasolina y el sonido momentáneo del intermitente cada vez que tenía que cambiar de carril para adelantar. Sus manos se ceñían firmemente al volante, mirando a la carretera aparentemente concentrado mientras su cabeza cavilaba distraída.
     Centró un momento la mirada en una de las señales de la autopista. Todavía quedaban varios kilómetros para llegar a su destino, aproximadamente una media hora más o menos.
     Su cuerpo se mantenía en tensión. Después de todo aquel tiempo sin pasarse por allí, ¿qué diría? ¿Qué excusa pondría? Y, ¿sería tan convincente como para convencerlos? Presionó un momento los labios y, casi al instante después, sintió cómo un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Algo iba mal.
     Su mirada volvió a desviarse, esta vez hacia el espejo retrovisor interior del coche. Lo que vio a continuación le impresionó de tal manera que acabó pisando el freno de golpe a la vez que daba un brusco volantazo. El coche dio varios giros hasta finalmente impactar con la barrera del lado derecho de la carretera, provocando que el airbag saltase instantáneamente y amortiguase el golpe.
     Momentos después de aquello, el conductor volvió a reaccionar un tanto aturdido y mareado. Acercó una de sus manos a un lado de la cabeza, justo donde sentía una pequeña punzada y al retirarla vio cómo la sangre la había manchado levemente. No era una herida demasiado grave, aunque aquello no era lo que le preocupaba en ese preciso momento.
     Echó un vistazo por el retrovisor hacia el asiento trasero y se encontró con la sonriente mirada de aquel hombre, mostrando los colmillos alegremente.
     Soltó un suspiro de exasperación.
     —Mike… Eres imbécil —el mencionado transformó su alegre sonrisa en una burlesca.
     —Oh, vamos. ¿Te has asustado?
     —¡Casi nos matamos idiota! —exclamó.
     —Casi te matas tú, mejor dicho —ladeó la cabeza un tanto y al verlo sangrar lo miró con un atisbo de preocupación—. ¿Estás bien?
     —Acabo de tener un accidente por tu culpa, porque has aparecido de repente. Obviamente estoy a la perfección, gracias por preguntar —nada más decir aquello, hizo un pequeño gesto de dolor y se removió en el asiento hasta finalmente quitarse el cinturón. Luego, apoyó la cabeza en el reposacabezas del asiento y echó un vistazo hacia la carretera. Por suerte, en el momento del accidente no había habido ningún coche cerca circulando con el que poder chocar, por lo que toda aquella situación había acabado simplemente en eso, en un susto—. ¿Puedes explicarme cómo has hecho para entrar en un coche en marcha que iba a 120 kilómetros por hora?
     —110 en realidad —señaló—, y soy un vampiro, ¿recuerdas?
     —Como si eso justificase todo lo que haces… —suspiró.
     —Un mago nunca revela sus trucos, si no, ¿qué gracia tendrían? —volvió a sonreír.
     —Bueno, ¿vas a explicarme ya qué haces aquí o has venido simplemente para provocar el accidente?
     Mike no contestó. Simplemente mantuvo aquella sonrisa en sus labios. ¿Realmente había venido con esa intención?
     —Que conste que no he venido para matarte —aclaró. Su sonrisa se desvaneció poco después—. Sabemos lo que estás haciendo John —aquello le heló la sangre—, sin embargo, no tenemos pensado informar a tus superiores. Al menos, no aún. No queremos inmiscuirnos donde no debemos, pero seguimos opinando que las medidas que usasteis en vuestro clan con aquel hombre fue… inadecuada. A mi criterio, una aberración. Es por ello que se podría decir que estamos de tu parte y te apoyamos —se inclinó levemente hacia delante y posó su mano helada sobre el hombro de John—. Es por eso que estoy aquí. No podemos permitir que vuelvas a tu clan, o al menos no por ahora, y… ¿qué mejor excusa que un accidente para poder justificar tu ausencia? —el vampiro sonrió y apretó con fuerza su hombro, provocando que aquel hombre gritara de dolor—. Está dislocado por cierto. La ambulancia está de camino. He llamado antes de venir, así que estarán aquí en unos… 20 minutos más o menos, así que mientras tanto, relájate.
     —Ahora mismo no sé si darte una paliza o darte las gracias.
     —¿Una paliza? ¿Tú? ¿En el estado en el que estás? —Mike soltó una buena carcajada antes de decir lo siguiente—. Sueñas. Ni aunque estuvieras en perfectas condiciones podrías conmigo, lobito. Así que tendrás que conformarte con darme las gracias —hizo una breve pausa y comenzó a levantarse del asiento—. En fin John, ha sido un placer volver a verte solo para ayudarte a tener este maravilloso accidente —rio—. Es una lástima tener que despedirme de esta manera, además de que me encantaría quedarme para escuchar cómo harás para explicarle a aquella chica lo que ocurrió en realidad, pero bueno, tendré que ser paciente. Me traeré palomitas la próxima vez —tras abrir la puerta del coche, salió y volvió a cerrarla. Sus ojos se fijaron en las abolladuras del coche por un momento para después desviar la mirada hacia John. Sonrió—. Cuida bien de ella.
     —No hace falta que lo digas, ya lo hago —nada más terminar de decir aquello, observó cómo de un momento a otro aquel vampiro había desaparecido de la escena en un abrir y cerrar de ojos—. Hijo de puta…

*     *     *

     Al cabo de unos 15 o 20 minutos más o menos llegamos al teleférico. Al parecer no estaba tan cerca como parecía desde la cabaña donde nos hospedábamos, además de que la estación de esquí a penas se podía ver desde allí a causa de los árboles, los cuales cubrían todo el paraje, exceptuando claro está a las pistas de esquí, donde se había reducido un tanto la cantidad para poder evitar accidentes y poder esquiar libremente.
     Mike no tardó en explicarnos un poco cómo estaba distribuido el lugar. La estación de esquí estaba dividida en la parte interna y en la externa. En la externa estaba el establecimiento de alquiler de esquís y protecciones que nos harían falta. Esta parte estaba conectada con la parte interior por una puerta, así el personal podía entrar y salir de cada parte cada vez que hiciera falta. Finalmente, la parte interna era una inmensa cafetería. Vendían bocadillos, empanadas, dulces, chocolate caliente, café y refrescos. Solo servían desayuno y merienda, para abreviar.
     Tras mostrarnos un poco el lugar, volvimos a salir al exterior y Mark y Carole se dirigieron al lugar de alquiler de esquís y comenzaron a darle algunas indicaciones a los empleados que se encontraban allí.
     Cinco minutos más tarde, cada uno de nosotros ya tenía unos esquís en sus manos y las protecciones puestas en su lugar. Mark nos indicó que nos pusiésemos los esquís para practicar un poco el equilibrio antes de aventurarnos a lanzarnos por aquellas inmensas pistas. Me estaba dando dolor de cabeza de tan solo pensarlo.
     Tras varias explicaciones más y comprobar que manteníamos el equilibrio, nos indicó que nos los quitásemos. Esta vez, nos dirigimos al teleférico y, con el permiso de los monitores, aquellas personas que ya sabían esquiar, se montaron en este para comenzar a probar las pistas. Mientras, a los demás nos tocó caminar un poco para llegar a la pista de principiantes, la cual no tenía demasiada inclinación y era perfecta para practicar.
     Los monitores, tras un rato después, decidieron dejarnos a nuestro aire y ayudar a aquellos que tenían mayor dificultad. Por mi parte, aún no me atrevía a bajar por la pista.
     —¡Hey enana! —la voz del pelirrojo captó mi atención y observé cómo se acercaba a mí con una sonrisa de lado—. ¿Aún no lo has intentado siquiera?
     —No es tan fácil como parece —me quejé—. Además, es la primera vez que cojo unos esquís… —balbuceé esto último.
     —Se ve que lo tuyo no son los deportes —dijo con burla y se situó a mi lado—. En fin, tendré que ayudar a una torpe en apuros.
     —Cómo me vas a ayudar si tú no sabes… —me interrumpí al verlo sonreír de oreja a oreja—. No puede ser. ¿Sabes esquiar?
     —Está chupado. Mis padres me enseñaron de pequeño. Es como montar en bici. Una vez que aprendes, no se te olvida.
     Me quedé mirándolo un momento, sin poder creérmelo todavía. Por otra parte, esta era la primera vez que mencionaba a sus padres, al menos delante de mí, es por ello que la situación se me hizo algo más extraña aún.
     —Bueno, ¿quieres que te ayude o no? —asentí levemente con la cabeza y el chico comenzó a darme indicaciones—. Primero, ¿te quedan bien las botas?
     —Ehm… —desvié la mirada hacia las botas y moví un poco los pies. Me quedaban un tanto grandes—, me quedan…
     —…Grandes. Se ve a simple vista. Ven anda.
     Volvimos a la sección de alquiler y devolvimos las botas para que nos dieran unas con una talla inferior. Al probármelas, comprobé que no me bailasen y, efectivamente, me quedaban bien.
     Después, volvimos a la pista y el pelirrojo me dijo que me pusiera los esquís. Me indicó que pusiera estos de forma perpendicular a la pendiente y tratara de aguantar un momento el equilibrio con los bastones.
     A continuación, me indicó cómo debía posicionarme, qué tenía que hacer si me caía entre otras cosas, pero lo que realmente me tranquilizó fue cuando me dijo que no tuviese miedo, que él estaría a mi lado si ocurría algo.
     Al cabo de un buen rato, comencé a practicar por aquella pista, pero a cada intento le sucedía una nueva caída. Castiel, a pesar de sus risas, me ayudó a levantarme cada vez que ocurría algo parecido y me devolvía los ánimos para volver a intentarlo. Aquella imagen del pelirrojo se me quedó grabada en mi mente y, a cada minuto que pasaba con él, más sentía que el corazón me latía con más y más fuerza.
     Tras intentarlo una última vez, me sorprendí al poder manejar los esquís y al frenar sin caerme en ningún tramo. Lo había conseguido, ¡realmente lo había conseguido! No pude sentirme más satisfecha conmigo misma, pero sobre todo, no pude evitar que, al acercarse el pelirrojo con aquella sonrisa en su rostro, le diese un efusivo abrazo de agradecimiento.
     Desde pequeña había querido aprender a esquiar, y tras esta experiencia, estaba claro que quería volver a repetirlo. Era una verdadera lástima que al día siguiente ya se acabase la excursión, pero sería egoísta pedir que se alargase aún más.
     Fue entonces cuando abrí los ojos y me encontré con la mirada fija y dolida de Nathaniel. “Después de la excursión, me encantaría poder invitarte a salir”.
     Me separé instantáneamente del pelirrojo y observé cómo el delegado volvía sobre sus pasos hacia el interior de la estación de esquí.