¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Capítulo 4

     Dentro del aula, el profesor se encontraba impartiendo el temario de la materia y explicando varios puntos que tendrían que estudiar los alumnos. Pocos de ellos eran los que atendían respetuosamente a aquel hombre, mientras los demás cuchicheaban en tono bajo, queriendo hablar de cualquier cosa por tal de no hacer nada.
     Fue entonces cuando llamaron a la puerta, haciendo callar a todas las personas que se encontraban en el interior de aquella aula y que estas mirasen curiosas hacia la puerta.
     Un chico de cabellos y ojos dorados se disculpó por la interrupción tras adentrarse en el lugar, a la vez que la chica que le acompañaba esperaba fuera hasta que él le indicase. Los cuchicheos no tardaron en llegar, preguntándose unos a otros qué era lo que pasaba.


     Mientras Nathaniel hablaba con aquel hombre, intenté distraerme un poco mirando a mi alrededor, queriendo calmar mis nervios, a la vez que soltaba un pequeño suspiro. Tras unos leves segundos, el rubio me indicó que entrase. Con tan solo un paso, pude notar cómo las miradas de todos los que se encontraban allí se centraban en mí. Las manos me empezaron a sudar inevitablemente.
     Saludé algo torpemente al profesor y me disculpé también por interrumpirle la clase. Él tan solo me respondió con una leve sonrisa.
     —Bien alumnos. Esta chica se llama Sophia y es nueva en el centro. A partir de hoy compartirá clase con todos vosotros, así que espero que seáis capaces de integrarla adecuadamente —dijo esto observando a su alrededor fijando la mirada en varias personas hasta que se detuvo en el pequeño grupo de chicas que me topé en la entrada del instituto, las cuales no paraban de charlar—. Señorita Ámber, ¿puede tener un poco de consideración y atender?
     Cesaron de hablar al instante y, una de las chicas, la de cabellos dorados, ojos esmeralda y mirada altanera, me miró por un momento para luego sonreír con sorna.
     —Es solo otra niñata más, ¿qué tiene de especial como para que merezca mi atención? —mis nervios repentinamente parecieron esfumarse. Aunque me crispara lo que dijo, me mantuve serena y no emití palabra alguna—. ¿Qué te pasa? ¿Eres muda o qué? —no me pondría a su nivel—. ¿No te vas a defender novata?
     —Ámber, más le vale venir hoy al aula de castigo tras las clases —tras decir aquello el profesor, la chica en vez de molestarse, sonrió de oreja a oreja. Un bufido no tardó en escucharse al fondo de la clase, esta vez, proveniente de un chico pelirrojo y ojos plomizos con pinta de macarra, el cual se denotaba bastante molesto.
     … ¿Me he perdido algo?
     Mis ojos se cruzaron con los de aquel chico y por un momento me pareció oír un “¿Satisfecha?”, pero seguramente fue obra de mi imaginación. Desvié la mirada forzosamente al no poder aguantar la suya y me percaté de que el chico de cabellos plateados y, ahora que me fijaba, vestido con ropa victoriana, se encontraba situado a su lado. Al notar que lo miraba, me sonrió en forma de saludo.
     —No perdamos más el tiempo... —volvió a alzar la voz el profesor, soltando un suspiro. Miró un momento al rededor y luego se dirigió a mí—. Sophia, siéntese en aquel pupitre. Si tiene alguna duda, no dude en preguntar.
     Asentí y me senté en el sitio que me indicó, en silencio, aunque no pude evitar mirar de reojo a aquellas chicas.
     —No les hagas caso —escuché la voz de una chica a mi lado y desvié la mirada hacia ella—. Son las pijas airadas del instituto. Se creen las reinas del centro. Ni caso. Por cierto, soy Akora, encantada de conocerte Sophia —tras verla sonreír, le devolví la sonrisa casi al instante.
     Tenía el pelo rojo y corto, y unos ojos de cada color, uno verde y el otro azul. Era bastante delgada y podía asegurar, aun estando sentada, que era unos centímetros más alta que yo.
     —Lo mismo digo —le respondí. No sería un día tan malo después de todo, o al menos... por ahora.

*     *     *

     El timbre sonó en ese mismo instante, dando aviso a todos los que se encontraran en el centro que había llegado el receso al fin. El primero en salir de la clase fue aquel chico pelirrojo. Se le veía bastante malhumorado y la verdad, no sabía por qué.
     Momentos después, el aula se encontró completamente vacía. Como siempre, era la última para todo, aun así, Akora se ofreció a esperarme, e incluso a mostrarme el instituto.
     Salimos del aula y comenzamos a recorrer el instituto de cabo a rabo. En la primera planta, a lo largo del pasillo, se hallaban la sala de delegados, las aulas, la sala de profesores, la biblioteca y la cafetería, además de unas escaleras que conducían al segundo piso del instituto. Al mirar hacia un costado, vi que justo debajo de las escaleras había otra puerta, pero me pareció que no tendría demasiada importancia.
     Subimos hasta la segunda planta y allí se encontraban el aula de plástica, el de música, el de ciencias y la sala de audiovisuales. Esta última solo se utilizaba un par de veces, ya que si ibas o no, dependía del profesor.
     En la tercera planta se hallaba la azotea, la cual no pudimos visitarla. Por lo visto la puerta siempre estaba cerrada con llave.
      Tras bajar los últimos peldaños de las escaleras y recorrer una vez más el pasillo, nos encaminamos al exterior del edificio. Una vez en el patio, si ibas hacia la izquierda llegarías al gimnasio, el cual incluía unos vestuarios, pero si por el contrario te dirigías a la derecha, encontrarías un pequeño jardín botánico decorado con flores de múltiples tipos y colores y una fuente en el centro del lugar. Era realmente hermoso.
     —Este es el sitio que más me gusta. Es muy relajante. Aquí puedes dibujar o escribir tranquilamente —dijo la pelirroja con una leve sonrisa en sus labios, mirando un punto fijo al frente.
     De repente, noté cómo sus mejillas se coloreaban muy sutilmente y miré hacia delante también, encontrándome con aquel chico de cabellos albinos, sentado bajo la sombra de un árbol y mirándonos con una serena sonrisa en los labios.
     Ni siquiera me dio tiempo a reaccionar ni proferir palabra alguna. Akora me había tomado del brazo y me llevaba a rastras hasta donde se encontraba aquel chico. “Se llamaba... Lysandro, ¿no?”.
     —Hola Lys —saludó la pelirroja alegremente, con una gran sonrisa en sus labios—. Por lo que veo hoy no está don ceñudo contigo —“¿Don qué?”.
     Al escucharla, el albino soltó una leve y melódica risa para después cerrar la libreta que sostenía entre las manos con suavidad y levantarse del sitio.
     —Sé que en el fondo te cae bien, por muchos apodos que le pongas —contestó, ofreciéndole una afable sonrisa—. Al parecer no estaba de muy buen humor.
     —Ah, por lo de Ámber, ¿no?
     —Em... —no quería interrumpir su conversación, pero en ese momento estaba un tanto desorientada. ¿De quiénes hablaban?
     —Oh, siento mucho el despiste. Él es Lysandro Ainsworth. Como sabrás, va a nuestra clase. Somos amigos desde el año pasado. Y... ella es...
     —No te preocupes —la interrumpió—. Ya nos conocemos —dirigió su mirada dispar a mis ojos sin dejar de sonreír—. Sophia, ¿verdad? —asentí—. Recuerdo que nos tropezamos antes. Siento no haberme presentado anteriormente como es debido, tenía algo de prisa.
     —No pasa nada. Por cierto, ¿de quiénes hablabais? —no había podido evitar preguntarlo. Sentía algo de curiosidad.
     —Son solo dos idiotas... —respondió mi compañera de pupitre con un tono un tanto burlón, haciendo que el peliblanco la mirara con desaprobación—. Vale, vale, lo siento... Ámber es una de las pijas que te dije antes en clase. La rubia que se las da de sobrada. Castiel, o mejor dicho, don ceñudo... —sonrió orgullosa del apodo que le puso al supuesto chico del que hablaba—, es un rebelde gruñón que se pasa la vida con el ceño fruncido y malhumorado. Es todo un aguafiestas.
     La quedé mirando un momento, intentando descifrar si lo que decía era en broma o no, y el verla sonreír de oreja a oreja no me ayudó demasiado. Un suspiro se escuchó a nuestro lado, haciendo que desviáramos la mirada hacia el peliblanco una vez más.
     —No le hagas caso. Ámber es cierto que es molesta, pero si la ignoras no será ningún problema. Y Castiel... —la pelirroja le interrumpió.
     —“No es tan malo como parece”. A todo el mundo se lo dices, pero tú eres el único del instituto que consigue aguantarlo —el gesto burlón de la chica había sido sustituido por algo de seriedad—. Intimida a las personas, forma alborotos en clases, insulta a la gente porque le viene en gana y por si fuera poco, siempre eres tú el que tiene que soportar todo de él. Sobre todo su humor de perros... ¡Y eso que él no es ningún animal! —al exclamar esto último, los músculos de Lysandro se tensaron un poco, aunque ni la pelirroja ni yo nos dimos cuenta de ello.
     Mientras ellos seguían discutiendo, paseé los ojos por el lugar. No sé si era cierto o había sido producto de mi imaginación, pero por un momento me había parecido que nos observaban.   
     —Perdona... —La voz del chico de ojos desiguales volvió a captar mi atención, haciendo que desviase la mirada hacia él—. No hagas caso a lo que dijo Akora sobre mi amigo. De verdad que no es tan mala persona.
     —Mm... Siento decir esto, pero yo no juzgo a las personas por lo que me digan los demás o por su aspecto. Prefiero juzgarlas después de conocerlas personalmente —ante aquella respuesta, el albino sonrió levemente, a lo que yo respondí con otra sonrisa.
     El timbre sonó en ese preciso instante, sorprendiéndome un poco de lo rápido que había pasado el receso. Akora y Lysandro siguieron charlando mientras los tres nos adentrábamos al edificio. La verdad es que parecían bastante cercanos, aunque no era demasiado extraño si eran amigos desde el año pasado, ¿no?
     Como era costumbre en mí, fui la que tardó más en tomar los libros, acabando por decirles que se adelantaran y fuesen a clase sin mí. No había conseguido ni abrir la taquilla. La llave ni siquiera encajaba con la cerradura. Miré un momento a mi alrededor, dándome cuenta de que me había quedado sola en el pasillo. Parecía haber desaparecido toda la multitud en tan solo un instante.
     —¡Hey! ¿Qué se supone que estás intentando hacer con mi taquilla? —aquella voz me sobresaltó, ya que pensé que estaban todos en clase ya.
     —¿Tu... taquilla? —Pregunté confusa mientras dirigía la mirada hacia él. Era el pelirrojo.
     —Sí, mi taquilla —me quedó mirando a los ojos, un tanto molesto.
     —Pero yo pensé que... —me interrumpió.
     —Mira el número que está grabada en la llave, torpe.
     Me molestó que me llamase de aquella manera, pero aun así, le hice caso y no tomé en cuenta el... apodo. En la llave estaba grabado el número 7. Luego desvié la mirada hacia la taquilla y vi que tenía inscrito el 8. No era mi taquilla.
     —Tu taquilla es la de al lado, genia —volvió a decir con sarcasmo, mientras rodaba los ojos—. Eres molesta.
     —¿Eh? ¿Molesta por qué? —lo miré frunciendo el ceño, ya cansada de que me tratara como si fuera un molesto grano en el culo—. ¡Si ni siquiera te he hecho nada!
     —Por tu culpa tendré que soportar a doña ricitos de oro en la hora de castigo. Eso no es precisamente “nada”.
     —Pues mira lo poco que me importa... —respondí en voz alta sin darme cuenta, haciendo que el chico elevase una de sus cejas. Tomé los libros de mi taquilla al fin y me dispuse a ir a clase e ignorarlo pero...—. ¿Dónde estaba la clase de ciencias?
     —Pff... —escuché una carcajada tras de mí. Al parecer le había hecho gracia que no recordase dónde se encontraba—. Anda novata, te acompañaré, pero no te vayas a acostumbrar. Solo lo hago porque me has recordado a un amigo —terminó diciendo mientras comenzaba a caminar frente a mí, guiándome por los largos pasillos del instituto—. Por cierto, me llamo Castiel.

2 comentarios:

  1. por favor saca el siguiente lo antes que puedas!!!
    ME ecnantan!!!
    <3

    ResponderEliminar
  2. Me encantan tus fics!! ¿cuando subiras el siguiente capitulo? Me has dejado con mucha curiosidad jaja Besos :)

    ResponderEliminar