¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

miércoles, 4 de junio de 2014

Capítulo 7

     Eché un último vistazo a aquella libreta que se encontraba frente a mí, releyendo lo anteriormente escrito y sonreí. Por fin había conseguido comprender y emplear las fórmulas en las actividades que había mandado el profesor de matemáticas hacía ya unas horas, y todo gracias a aquel chico que estaba sentado junto a mí. Nathaniel.
     Me había costado un poco centrarme en sus explicaciones en vez de estar embelesada observando esas orbes doradas que en algún que otro momento se dirigían a mí, pero finalmente me concentré. Ya tan solo nos faltaban unos pocos ejercicios para finalizar, los cuales estaba segura de que los haríamos en pocos minutos. Una idea cruzó mi mente en aquel instante.
     —Nath —lo llamé en un suave susurro, procurando no alzar demasiado la voz, ya que aún nos encontrábamos en la biblioteca.
     —Dime, Sophie. ¿Tienes algún problema con alguna actividad? —preguntó acercán-dose a mí, observando mi libreta y causando que me pusiese algo nerviosa debido a su cercanía.
    —N—No. No es eso… —volví a decir, un tanto incómoda—. Me preguntaba si te interesaría hacer una pequeña competición. Quien termine de hacer los ejercicios después, deberá invitar al otro a algo en la cafetería. ¿Qué te parece? Así será más entretenido esto —le sonreí.
     —Oh, bueno. Me parece buena idea —me respondió a la vez que me devolvía la sonrisa—. Pero debes saber que soy muy competitivo.
     —Lo mismo te digo —le respondí, guiñándole el ojo—. Venga. ¿Preparado? ... ¡Ya!



     — ¡No es justo! ¡Me has dejado ganar! —exclamé tras salir de la biblioteca.
     Nuestros pasos resonaban por aquel largo pasillo completamente desierto. En el recreo los pasillos siempre se encontraban vacíos. Muchos alumnos se quedaban en la cafetería a tomar algo, pero la mayoría preferían salir al patio, al aire libre, para así no sentir que estaban encarcelados en aquel edificio.
     —No es cierto. Una cosa es que te haya dejado ganar y otra muy distinta es que no quiera que malgastes tu dinero invitándome. Es cierto que soy competitivo, pero antes está la labor de saber tratar a una señorita —rio al verme hacer un pequeño berrinche mientras me sonrojaba un poco, como una niña pequeña, hasta que al final se me pegó su risa y acabé acompañándolo.
     Al llegar a la cafetería, el rubio abrió la puerta, manteniéndola abierta y dejando que pasara antes que él. No pude evitar soltar una pequeña risilla ante su recién descubierta caballerosidad. Me empezaba a recordar a Lysandro en aquel sentido, ya que según Akora, el albino era el vivo retrato de la caballerosidad, eso sin mencionar lo olvidadizo que podía llegar a ser, claro.
     Nada más cruzar la puerta, sentí cómo una fulminante mirada se posaba sobre mí, como si alguien quisiera asesinarme y hacerme desaparecer de la faz de la tierra, pero preferí hacer caso omiso y creer que era solo mi imaginación. Mientras, Nathaniel y yo nos sentamos en una de las mesas libres del lugar. Tuvimos suerte de que la cafetería no estuviese tan llena.


*     *     *

     Sus ojos se posaron con desdén sobre aquella chica que acababa de entrar en la cafetería. Su rostro no tardó en enrojecerse de la misma rabia que comenzó a sentir al verla acompañada por él. ¿Quién se creía que era?
     Estaba más que harta de aquella niñata. Estos días los había pasado acercándose al chico que le gustaba y, por si fuera poco, ahora estaba camelándose a su hermano. ¡Menuda furcia!
     En ese momento sentía unas tremendas ganas de levantarse y humillarla delante de todas las personas que se encontraban en la cafetería, pero prefirió quedarse en su sitio e intentar trazar un plan mejor para que aquella impresentable dejase a sus chicos tranquilos, porque sí, eran sus chicos. Después de todo, estaba segura de que Castiel caería de rodillas ante su belleza tarde o temprano y Nathaniel..., ¿qué decir? Compartían la misma sangre. Por supuesto que le pertenecía.
     Sus labios se curvaron en una leve sonrisa al pasársele una idea por la mente. Después de aquello, esa idiota los dejaría en paz de una vez por todas y estaba segura de que no se le olvidaría su nombre.
     Ámber Rousseau.


*     *     *

     Las lágrimas cesaron de desbordarse de sus ojos y soltó un suave suspiro, consiguiendo apaciguarse un poco. Se sentía mal por el pelirrojo, pero tras haberle confesado todo lo que pensaba de él y su irritable actitud y haber soltado un par de lágrimas, era imposible no sentirse mejor.
     Después de todo un año de conocerlo, por fin se había desahogado. Solo esperaba que no se lo tuviera demasiado en cuenta porque, al fin y al cabo, era su amigo y se lo había dicho por su bien, para que se diera cuenta de la realidad y del daño que se estaba haciendo inconscientemente a sí mismo y a los demás.
     —¿Te encuentras mejor? —la dulce y suave voz de Lysandro hizo que saliera de sus pensamientos.
     La chica no tardó en avergonzarse al darse cuenta de la situación en la que se encontraban. Aunque no lo pareciese, era la primera vez que lloraba delante de alguien que no fuera su madre. No era de las chicas que derramaba lágrimas por cualquier tontería, y mucho menos por aquel egocéntrico idiota, pero había llegado a tal punto que no había podido soportarlo más. Por otra parte, el chico que le gustaba desde el momento en que lo conoció, ¡la estaba abrazando! ¡Él! ¡Justamente él! Su rostro no pudo estar más ruborizado.
     —Sí, ya me encuentro mejor. Gracias... —intentó sonar lo más convincente y tranquila que pudo, queriendo no preocuparlo más e hizo ademán de separarse de él, pero los brazos del albino se mantuvieron en su sitio, sin intención alguna de despegarse de ella.
     Notó un leve cosquilleo en el cuello, consiguiendo que se sonrojara algo más y haciendo que sus latidos comenzaran a acelerarse de a poco. El chico había aproximado el rostro de tal forma que sus labios habían llegado a rozar el cuello de la pelirroja.
     —¿L-Lys...? —tartamudeó inevitablemente su nombre, haciendo que este reaccionara y se separara casi al instante de ella.
     Por un momento le pareció notar que los ojos heterocromáticos del albino habían intensificado de color, aun así no le dio demasiada importancia, creyendo que había sido tan solo un pequeño efecto translúcido causado por el sol.
     En ese mismo instante, el timbre volvió a sonar.
     Una vez más, tendrían que enjaularse en aquel edificio y dejar pasar las horas que restaban de la mañana.


*     *     *

     Me despedí del delegado con una pequeña sonrisa y me dirigí hacia mi taquilla para recoger los libros que me harían falta en las siguientes asignaturas. Era una lástima que solo coincidiéramos en Matemáticas e Historia, por lo que ya no podría verlo hasta mañana o, si tenía suerte, antes de marcharme a casa. Por otra parte, creo que mi madre tenía razón en lo que me dijo hace unos años. Si estás con una persona demasiado tiempo, puede que alguno de los dos acabase cansándose del otro tarde o temprano. Aunque comenzaba a creer que también cabía la posibilidad de que la amistad entre esas personas se fortaleciese, pero eso tendría que averiguarlo por mi propia mano.
     Mi madre... Creo que ya iba siendo hora de que le enviase algún mensaje para que supiese cómo estaba. Me hice la promesa de comunicarme con ella como mínimo una vez a la semana y justamente había pasado una semana desde que hablé con ella por última vez.
     Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Lysandro, el cual había llamado mi atención y acababa de entrar al edificio junto con Akora. Mi vista no tardó en fijarse en la pelirroja. Sus ojos se hallaban algo rojos... ¿Es que había llorado?
     Antes de siquiera esperar a que llegasen hasta mí, dejé los libros nuevamente en la taquilla y, sin siquiera asegurarme de si había cerrado la puerta correctamente o no, me apresuré a acercarme a ellos. No tardaron en contarme lo que había ocurrido.
     —Es un idiota y seguiré pensando lo mismo a menos que él me demuestre lo contrario —terminó por decir la pelirroja con un leve deje de molestia y dándonos a entender que ya estaba mejor. Los insultos hacia Castiel eran la mejor forma de saber si la chica de ojos desiguales se encontraba bien o mal.
     —Dejando eso de lado... Me gustaría pedirte un favor si no es de mucha molestia.
     —Oh, claro Lys. ¿Qué ocurre?


     Me quedé observando aquella puerta entreabierta que se hallaba frente a mí y tras soltar un suave suspiro, la empujé levemente, intentando hacer el menor ruido posible, algo que fue completamente en vano, ya que el chirrido que profirió no ayudó en absoluto.
     ¿Por qué cada vez que me pedían un favor era incapaz de negarme? No creo que fuese algo tan complicado decir “no” o simplemente  “no quiero perder clases”, aunque las siguientes horas fuesen las más pesadas del día.
     En fin... de igual manera estaba segura de que acabaría preguntándoles por él debido a mi curiosidad y preocupación y, de alguna u otra forma, me hallaría en la misma situación en la que me encontraba ahora... A punto de salir a la azotea.

3 comentarios:

  1. Cuando vas a subir el capitulo 8?? jajajaja xD

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    1. Lololololololol. xDDDD
      Cómo me gusta viciar a personitas de mi clase a mis historias. ewe xDD

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    2. Pueeeees, si te digo la verdad, no lo sé. xD Aún tengo que actualizar el otro fic antes que este y tengo que hacer el nuevo blog... :P

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