¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

miércoles, 2 de julio de 2014

Capítulo 8

     Suspiré, intentando apaciguar mis nervios y empujé la puerta que se hallaba frente a mí. La luz del sol me impactó con crueldad, cegándome por un momento a la vez que una fresca brisa comenzaba a acariciar mi rostro, haciendo que se me erizara la piel.
     Me adentré en la azotea, cerrando la puerta tras de mí y observé mi alrededor, buscando aquella cabellera rojiza tan conocida por algún rincón del lugar, la cual no tardé en encontrar a mi izquierda, a pocos pasos de mí. Estaba recostado en el suelo, resguardado de la luz del sol, con los ojos cerrados y utilizando sus brazos como almohada.
     —¿Castiel? —alcé ligeramente la voz mientras me aproximaba a él—. ¿Estás despierto?
     El inaudible sonido del viento fue mi única respuesta, aun así, su ceño fruncido me confirmaba que sí que lo estaba. Sin siquiera pedirle permiso para hacerlo, en silencio, me senté a su lado, apoyando la espalda contra la pared, y desvié la mirada hacia el cielo.
     —No sé qué es lo que ha pasado entre Akora y tú..., ni mucho menos por qué estás molesto conmigo —comencé diciendo, dispuesta a no quedarme callada e intentar animarlo aunque sea un poco—. Aun así, no voy a dejarte solo.
     — …No digas cosas que al final no vas a cumplir —su respuesta me tomó por sorpresa. No pensé que me contestaría.
     —No sé qué quieres decir con eso, pero... ahora mismo lo estoy haciendo, ¿no? —desvié la mirada hacia él, encontrándome con sus ojos de inoxidable y reluciente acero, los cuales llegaron a cautivarme por unos segundos—. Es decir, en este momento estoy aquí contigo... Creo que eso es lo que realmente importa.
     Su gesto pareció mitigarse, sin embargo, fue un cambio tan insignificante que no llegué a darme cuenta de que sus ojos ahora reflejaban un brillo diferente y fugaz. Sus labios se movieron ligeramente, queriendo decir algo, pero al final acabó cediendo, quedándonos una vez más en silencio.
     Se recompuso con pereza y acto seguido se situó a mi lado, apoyando la espalda en la pared y desvió la vista hacia el cielo, tal y como lo había hecho yo anteriormente. Lo imité y tras unos simples segundos, sentí cómo algo se posaba sobre mi mano. Algo realmente cálido a decir verdad.
     —…Gracias —musitó en un inaudible susurro a la vez que me daba un leve apretón en la mano, haciendo que una sonrisa se alojara en mi rostro.


*     *     *

     —…Hace unos días se ha hallado el cadáver de una persona en el bosque de la ciudad. Según los policías se trataba de uno de los cazadores furtivos más buscados de la zona. Aún no se conoce la causa de su muerte, pero según nos han informado, podría haber sido a causa de un animal salvaje que... —la voz de aquel locutor descendió de improviso debido a que George bajó el volumen de la tele.
     Terminé de tomar lo necesario y seguidamente cerré la mochila, todo esto ante la atenta mirada de mi padre.
     —Hija..., llevas días yendo a no—sé—dónde sin siquiera decirme nada. ¿Se puede saber a dónde vas? —exclamó notoriamente preocupado. De seguro estaba así por la noticia que acababa de escuchar en la televisión.
     —Voy a estudiar a casa de una amiga. Se me hace más fácil estudiar con ella —mentí desviando la mirada, con la esperanza de que se lo creyera.
     —… ¿Cómo se llama esa amiga? —volvió a preguntar aún no muy convencido.
     —Akora. Algún día de estos te la presentaré, pero ahora me tengo que ir si no quiero llegar tarde —me apresuré a decir y me precipité hacia la puerta—. ¡Nos vemos luego! —me despedí sin siquiera dejarlo reclamar por última vez y me dirigí a paso ligero hacia el bosque.
     Desde que me encontré con aquel lobo había estado pensando en volver al bosque e intentar hallarlo de nuevo, pero fue hace tan solo un par de días que me atreví a buscarlo, acabando con la desilusión de no verlo.
    Hoy sería la vez definitiva, fijo. Después de todo, dicen que a la tercera va la vencida, ¿no? Por otra parte, sabía que era una imprudencia el ir a buscarlo sola, y más aún habiendo escuchado la noticia del fallecimiento de aquel hombre, pero estaba segura de que aquel lobo no había sido el causante de aquello porque de ser así, ¿por qué no me atacó aquel día que me tuvo a su merced?
    Me adentré en el bosque con esa duda en mente, observando mi alrededor y caminando con lentitud, intentando vislumbrar al lobo en cuestión entre los arbustos.
    Comenzaron a pasar los minutos, convirtiéndose al poco tiempo en horas, pero justo cuando me iba a dar por vencida, cansada de tanto deambular por el bosque, escuché un leve aullido no muy lejos de donde me encontraba.
    Mis piernas se movieron rápidamente guiadas por aquellos aullidos, y tras caminar un poco más, aparté con cuidado las hojas de uno de los arbustos, escondiéndome tras él y encontrando por fin al animal que había estado buscando desde hacía unos días.
    Se encontraba sentado, con el cuerpo erguido y mirando hacia el cielo. A mi parecer, era una hermosa criatura. Ahora que lo podía observar con detenimiento, podía afirmar que era uno de mis animales preferidos. Me hubiera gustado acercarme y volver a acariciarlo, pero no quería ahuyentarlo y ya había tentado suficiente al peligro y a la suerte, así que me limité a tomar una de las libretas que había guardado en la mochila junto con un lápiz e intenté plasmar aquella imagen en una de las hojas.
    Al terminar el dibujo, volví a alzar la vista hacia el lobo, pero por desgracia, ya no se encontraba allí. Parecía como si se lo hubiese llevado el viento en una de sus silenciosas brisas.


*     *     *

    Los días pasaron rápidamente y con ello llegó el invierno, acompañado de los últimos exámenes del trimestre. Aún seguía yendo frecuentemente al bosque, pero no tanto como semanas atrás. Ya comenzaba a oscurecer más temprano, por lo que mi padre empezó a ser un poco más precavido conmigo.
    La pequeña mentira que le conté, al final se realizó y comencé a quedar con Akora para estudiar. No todos los días, pero sí dos o tres veces a la semana. La mayor parte del tiempo nos la pasábamos hablando de todo lo que nos ocurría. Nos quejábamos de los profesores, conversábamos sobre Castiel y Lys e incluso llegamos a hablar de nuestros padres. Aunque también hubo algunas veces que le pregunté por el delegado.
    Ahora mismo me encontraba en su casa y, a decir verdad, estudiar no era exactamente lo que hacíamos.
    —No sabía que tenías una mascota —mencioné viendo al pequeño conejo dentro de su jaula.
    —Mi madre me lo regaló hace poco, es normal que no lo supieras —sonrió al ver cómo la pequeña bolita blanca se acercaba al lateral de la jaula más próxima a ella—. Aún no he pensado qué nombre ponerle.
    —Mm... Me gustaría ayudarte, pero elegir nombres no es mi especialidad —sonreí torpemente, como queriendo disculparme con ella.
    —No importa. Aunque... creo que ya sé. ¡Se llamará Señor Guillermo!
    —¿Señor Guillermo? —reí al pronunciar el nombre—. ¿Tiene algún motivo en especial el que lo vayas a llamar así?
    —La verdad es que sí —musitó abriendo la jaula y tomando al pequeño entre sus brazos, acariciándolo—. Cuando era pequeña, mi padre solía contarme el cuento de “Alicia en el País de las Maravillas”, pero un día se le ocurrió la idea de cambiarle el nombre a Alicia y ponerle el mío, además de llamar al conejo del cuento “Señor Guillermo”. Según él, ese conejo le recordaba a uno de sus jefes del trabajo porque siempre se la pasaba mirando el reloj y diciendo que iba a llegar tarde —sonrió melancólica a la vez que el conejo se acurrucaba en sus brazos y desvió la mirada hacia mí—. Lo echo mucho de menos.
    —…¿Qué le ocurrió? —le pregunté intentando no sonar muy directa, pero no supe de qué otra forma preguntárselo.
    —Ya sabes, cosas de la vida. En su caso, cáncer. Fue un duro golpe para mi madre y para mí, pero supongo que las cosas hay que superarlas algún día.
    Nos quedamos unos segundos en silencio. La pelirroja volvió a dejar al conejo en su jaula y proseguimos estudiando. Minutos después su madre hizo aparición en la habitación, dejándonos la merienda con una sonrisa.


*     *     *

«Mamá, se acercan los exámenes y con ello las vacaciones de navidad.
George y yo estamos bien, pero aún tenemos cosas que contarnos.
Estos días he estado estudiando con una amiga. Una gran amiga a decir verdad. Me ha ayudado a integrarme en el instituto desde que llegué. Estoy muy agradecida con su amistad.
Mamá, prométeme que aunque estemos lejos, no te alejarás de mí.
Te echo muchísimo de menos.
Prometo ir a visitaros a Leo y a ti un día de estos.
Te quiere, Sophie».




3 comentarios:

  1. Mi tío se llama Guillermo XD
    Tus dibujos son muy lindos, todos me gustan
    Tienes un gran futuro como escritora
    Y tal vez como dibujante XD
    Sigue así ^^

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  2. Me encanta el dibujo del lobo. Te quedo muy bien. Aunque, a decir verdad, me encantan todos tus dibujos, jeje. También me encantan tus historias, de verdad, son geniales. Ojala llegues lejos como escritora o como dibujante. De verdad que lo espero. Ojala yo lo hiciera tan bien como tú.

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  3. totalmente de acuerdo con los otros dos comentarios :)

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