¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

sábado, 30 de agosto de 2014

Capítulo 10

     Castiel caminaba a paso ligero hacia ninguna dirección en concreto, enfurecido sin saber por qué y aferrando la mano de la chica a la suya, sujetándola firmemente y casi arrastrándola por las calles. Refunfuñaba en voz baja, diciendo cosas inentendibles y casi se podría afirmar que podría arrearle un puñetazo al primero que se le cruzara.
     La pelinegra lo seguía sin rechistar en completo silencio, casi corriendo para poder ir a su paso y no acabar tropezando, pero por mucho que lo intentó, sus pies acabaron por trastabillar, con la suerte de que el chico se dio cuenta de ello y pudo ejercer la suficiente fuerza para poder mantenerla en pie, deteniendo la caminata de golpe y girándose hacia ella.
     —Perdón... —se disculpó la chica casi por instinto tras agachar la cabeza, evitando su mirada.
     El chico la quedó mirando durante un rato y sintió cómo su ira se iba desvaneciendo a la vez que se fijaba en las pequeñas gotas de agua que aún caían del cabello empapado de la chica. Sus ojos descendieron, observando cómo su chaqueta se hallaba colocada sobre sus hombros, desabrochada. Sin siquiera tener las mangas puestas se podía denotar que le quedaba completamente grande. En otro momento se habría reído de su corta estatura y su pequeño cuerpo, habría escuchado sus quejas al respecto o sus intentos de respuesta diciéndole que él era el grandullón y, seguramente, habrían acabado riendo los dos. Lastimosamente, esa no era la situación.
     —...Perdón por ser tan torpe —el ojigris volvió a fruncir el ceño al comprender que se refería a la broma del instituto en vez del tropiezo—. Debí darme cuenta al leer la nota.
     —¿Eres estúpida? ¿En serio te estás disculpando por eso? —nada más decir aquello se mordió la lengua, callándose a sí mismo y arrepintiéndose de lo dicho. No era su intención insultarla, ni mucho menos hacerla sentir mal, pero las palabras siempre se le anticipaban antes de pensar.
     Al ver que la chica no decía ni hacía nada más y teniendo claro que no le iba a dirigir la mirada, suspiró, agachando la vista y percatándose de que aún sostenía su mano con firmeza, tal vez con demasiada fuerza. Aflojó un poco el agarre, captando su atención, mas no la soltó en ningún momento.
     —…Vamos. Te acompaño a casa.


*     *     *

     Aún en el instituto, las voces de Nathaniel y su hermana resonaban en la estancia. El delegado no solo estaba disgustado con ella, no podía creerse lo infantil que podía llegar a ser Ámber. ¿Es que no iba a madurar nunca?
     —¡Solo intentaba proteger lo que es mío! —exclamó la rubia enfurecida—. Esa niñata solo quiere captar vuestra atención para separarme de vosotros, ¿o es que no os dais cuenta?
     —Ámber, primero que todo no somos objetos. No puedes considerarnos tuyos porque a ti se te antoje y mucho menos dejar en evidencia a alguien que no te ha hecho nada —mientras decía aquello, aprovechaba para organizar algunos documentos por allí y por allá, queriendo terminar el trabajo rápido—. Bastante ocupado estoy con el cargo de delegado para que ahora tenga que aguantar tus actos impulsivos y abusivos contra los demás.
     —No intentes cargarme a mí las culpas de que estés taaan ocupado. Tú fuiste el que quiso ser delegado —la chica se quedó mirándolo con el ceño fruncido.
     —Cierto, pero nunca quise tener que aguantar tus tonterías —aquellas palabras casi salieron solas de su boca, pero igualmente siguió hablando antes de que su hermana se pusiera histérica—. No sé qué tienes en contra de ella. Es agradable, tal vez algo cerrada con la gente al principio, pero es simpática después de todo… y además es buena estudiante. Si pusieras de tu parte podríais llegar a ser amigas e incluso te podría ayudar con algunas asignaturas —se sentó en una de las sillas, frente a ella y la vio notablemente disgustada y con un gesto de asco en el rostro. Suspiró resignado y se masajeó la sien—. Mira Ámber, estoy cansado y ahora mismo lo único que quiero hacer es ir a casa y descansar, pero mírame, aquí estoy, y gracias a ti tengo más trabajo por hacer. Por mucho que seas mi hermana tengo que darle parte a la directora de lo que has hecho.
     —¡Ni se te ocurra! ¡Se lo diré a papá!
     —¿De nuevo con esa amenaza? ¿Y qué le dirás…? —preguntó con voz cansada, pero seguro de sí mismo, amenazante—, ¿…que le has tirado un cubo con agua y hielo a una chica porque querías proteger lo que es tuyo? Me parece que no te estás escuchando. Ya no somos niños pequeños. No me asustas con eso y tus lloriqueos ya no se los cree ni el profesor —hizo una pequeña pausa para humedecerse los labios y prosiguió endureciendo la mirada—. ¿Vas a decírselo? Corre y ve, pero déjala en paz si no quieres darme motivos para convencer a la directora de que te expulse por más de una semana. Estoy seguro de que eso sí que no le haría gracia a nuestro padre.
     La chica se puso roja de la rabia, sin ningún as en la manga para poder manipular a su hermano.
     —¡Te vas a arrepentir de haberte puesto de su lado! —fue lo último que dijo antes de irse, dando un fuerte portazo.
     Nathaniel suspiró, no muy satisfecho de haber ganado aquella discusión. Era cierto que era malcriada, molesta, caprichosa y todas las cosas que quisieras decirle, pero seguía siendo su hermana pequeña. Prefería no hablarse con ella a estar discutiendo todo el día.
     Se acomodó en la silla y por un momento, aquella imagen volvió a aparecer en su mente. No pudo evitar fruncir el ceño. Se sentía enfurecido consigo mismo. En vez de quedarse allí plantado viendo a la chica empapada, debió haber reaccionado antes. Odiaba el hecho de haberse quedado sin hacer nada, pero odiaba aún más el hecho de que justamente el pelirrojo fuera a sacarla de allí. ¿Desde cuándo aquel delincuente se interesaba por alguien que no fuese él mismo? ¿Y por qué justamente ella?
     Apretó los puños inconscientemente y, para cuando quiso darse cuenta, había arrugado uno de los papeles que se encontraban en la mesa. Alisó el folio como pudo, pero cuando vio de lo que se trataba, lo mantuvo mirando unos segundos.
     —No mereces ir...
     Momentos después, terminó de recogerlo todo y se dispuso a marcharse de allí. Aquel papel había sido desechado. En él aún se podía leer las palabras “autorización” y “Ámber Rousseau”, además de la firma falsificada para poder ir a la excursión.


*     *     *

     La chica abrió la puerta de casa. Como siempre, las luces se hallaban apagadas, sumiendo el interior de la casa en la oscuridad. Su padre no llegaría hasta más tarde, cuando terminara de trabajar.
     Se volteó a mirar al chico, que aún se encontraba allí y esquivó su mirada al encontrarse momentáneamente con sus ojos.
     —Gracias... —musitó dejando la palabra en el aire y corrigió lo que iba a decir a continuación—, ...por todo.
     El chico sonrió y posó la mano gentilmente sobre su cabeza, deleitándose en acariciar su cabellera.
     —No es nada. Pero recuerda que me debes una.
     —Ya pensaré cómo recompensarte, tranquilo —la pelinegra sonrió y se dispuso a devolverle la chaqueta, pero el pelirrojo la detuvo.
     —Quédatela. Ya me la devolverás mañana, y tira para dentro de una vez. Vas a coger frío.
     La chica levantó la cabeza, fijando los ojos sobre los de él para después mostrarle una leve sonrisa de agradecimiento y de despedida. El ojigris giró sobre sus talones, alejándose de allí. Ella lo quedó mirando hasta que desapareció de su vista. Fue entonces cuando se adentró en su hogar, encendiendo las luces y cerrando la puerta tras de sí, dispuesta a darse un baño caliente.
     Aunque eso no le serviría de nada.
     Los siguientes días los pasaría en cama con fiebre.

2 comentarios:

  1. me ha encantado, de verdad, no puedo esperar más para el siguiente capi!!! Estoy deseando ver la venganza de Ámber contra el pobre Nath...:$

    ResponderEliminar
  2. me encantaa!!!!! sigueloo! no lo puedes dejar asi! esta demaciado interesante! :D

    ResponderEliminar