¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

sábado, 24 de enero de 2015

Capítulo 12

     El silencio y la oscuridad me abrumaban. Una voz comenzó a escucharse en la lejanía. Exclamaba mi nombre pausadamente.
     En ese momento, sentí cómo alguien comenzaba a zarandearme. Mis ojos acabaron por abrirse con vagueza e intenté acostumbrarme a la luz del sol. Nada más alzar la vista, unos orbes plomizos se interpusieron en mi campo de visión, atrapándome por unos segundos. No pude evitar sonrojarme al notar que me había quedado dormida sobre su hombro.
     —¿Ya has despertado Fea Durmiente? —preguntó con sorna el pelirrojo, mas en ningún momento mostró su típica sonrisa de lado. Simplemente se mantuvo inmóvil, observándome fijamente y esperando a que reaccionara.
     Desvié mi visión hacia la ventana, evitando su mirada y mis ojos parecieron iluminarse ante tal vista. La nieve cubría completamente todo el paraje. Una inmensa cabaña se hallaba situada a un lado, mientras que al otro, algo más alejado del lugar, varias montañas se alzaban con majestuosidad. Los pinos y los abetos decoraban el lugar, ocupando una gran parte del espacio, sirviendo de obstáculos para la pista de esquí. El teleférico ascendía por la montaña hasta desaparecer entre la arboleda.
     Tan absorta estaba observando aquella zona que ni siquiera me di cuenta de que todos habían bajado ya del autobús, ni tan siquiera de que, en ese mismo instante, Akora y Lysandro le habían dedicado una sonrisa un tanto extraña al pelirrojo para después reunirse con los demás fuera del vehículo. Finalmente, mi ensimismamiento se desvaneció al escuchar gruñir a mi compañero de asiento. Fue entonces cuando me di cuenta de que éramos los únicos que quedaban en el lugar.
     —¿Eh? ¿Y los demás?
     —Mira que eres lenta, ¿eh? —soltó un leve suspiro y se levantó de su sitio—. Están afuera. Venga, vamos. No tengo todo el día. Tener tu enorme cabezota encima de mi hombro todo el viaje ha sido agotador —una leve sonrisa se dibujó en sus labios mientras decía todo aquello—. Pensé que no tenías nada dentro de ese cráneo tuyo.
     —…—me levanté con parsimonia y, tras pasar por su lado, me giré y le respondí—. Al menos tengo algo más que aire —le devolví su misma sonrisa y seguidamente me bajé del autobús sin dejar que me dijera nada más.
     De vez en cuando era divertido responder a sus bromas. Ambos sabíamos que no era en serio, así que no había problema alguno.
     Nada más bajar, me dirigí al grupo de alumnos que rodeaba al profesor Farres (nuestro profesor de historia) y a dos desconocidos. Un chico y una chica notoriamente unos años más mayores que nosotros. Mientras el profesor intentaba callar a la gente sin conseguirlo, Nathaniel alzó la voz un poco, causando que todos se acallaran, prestando atención al fin. Farres no pudo evitar dedicarle una mirada de agradecimiento al delegado, el cual fue respondida con un leve asentimiento.
     —¡Muy buenas a todos chicos y chicas del Sweet Amoris! —comenzó a hablar uno de los sujetos—. Bienvenidos a las pistas de esquí de las afueras de Chamonix. Mi nombre es Carole y este es mi compañero Mark —hizo un ademán con la mano, señalando al chico en cuestión y este nos dedicó una leve sonrisa. De fondo, algunas chicas comenzaron a cuchichear sobre el pibón que estaba hecho—. A partir de este momento seremos vuestros monitores durante estos días. Hoy no haremos gran cosa, ya que básicamente el día de hoy se empleará para mostraros un poco el lugar, deciros algunas normas y explicaros un poco por encima las cosas que podéis hacer por aquí. Pero tranquilos. Probablemente esta tarde os dé tiempo a aprender cómo esquiar y a probar un poco las pistas de esquí —la chica mostró una sonrisa y le cedió la palabra a su compañero.
     En ese momento, noté cómo Castiel se situaba a mi lado y cómo me daba un leve pellizco en la cintura que provocó que me desestabilizara un poco a causa de las cosquillas. Este reprimió una risita y lo quedé mirando un momento.
     Ya me vengaría más tarde.
     —Tal y como ha dicho mi compañera, soy Mark. Encantado de conoceros a todos —hizo una pequeña pausa y seguidamente prosiguió—. Bueno, antes de nada, comentaros que aquella cabaña de allí —se giró un poco, señalándola—, no es realmente lo que parece. Esta cabaña está dividida en cuatro secciones que solo pueden verse desde dentro. La sección central es, por así decirlo, la sala de estar, siendo la más amplia de entre las cuatro. La sección de la izquierda y de la derecha son donde dormirán las chicas y los chicos respectivamente. Estas dos secciones están divididas en habitaciones. En un momento decidiremos si hacemos los grupos nosotros o si por el contrario os encargáis vosotros, ya que tal y como me ha comentado vuestro profesor, esta excursión también es para que socialicéis unos con otros. Obviamente, no se permiten grupos mixtos.
     —Qué lástima —musitó el pelirrojo en voz baja fingiendo pesar, pero lo suficientemente alto como para que solo yo pudiese enterarme. Tuve que reprimir una pequeña carcajada.
     —Finalmente, la cuarta y última sección es el comedor o la cocina. Como prefiráis llamarlo. El horario de comidas es bastante estricto, así que quien llegue más tarde de lo normal puede acabar sin comer hasta el próximo periodo de almuerzo. Así que procederé a deciros los horarios de cocina...
     De nuevo, sentí cómo Castiel volvía a pellizcarme y esta vez di un pequeño respingo de la misma sorpresa. A este se le escapó una leve carcajada, pero por suerte nadie llegó a enterarse, excepto Lysandro que echó un vistazo hacia atrás y sonrió al vernos tan amistosos. Fruncí los labios un poco, algo avergonzada y esta vez se la devolví, pellizcándole la cintura, pero no hizo efecto. El pelirrojo me observó con una ceja alzada y una sonrisita divertida dibujada en el rostro.
     —Eso no funciona conmigo, e-na-na.
     —Ya me vengaré, tranquilo —le prometí y este ensanchó la sonrisa. Seguidamente, volví a prestar atención a lo que decía el tal Mark.
     —¿Alguna pregunta por ahora? —el silencio duró tan solo unos breves segundos hasta que finalmente decidió continuar—. Está bien. Para finalizar os citaré algunas normas que debéis saber del lugar y procederemos a entrar en la cabaña y a formar los grupos. Son pocas, así que no os preocupéis. La primera regla es no separarse del grupo con el que estéis. Si queréis esquiar, hacer alguna guerra de bolas de nieve o algo por el estilo, tenéis que ir mínimo con dos o tres personas más. Nada de ir solos por vuestra cuenta. También podéis ir conmigo, con Carole o con vuestro profesor. Vosotros sois los que decidís —se humedeció los labios un momento y continuó—. La segunda norma es respetar los horarios de ducha. Una de las pegas de este lugar es que los baños no se encuentran ni en la sección de las chicas ni en la de los chicos, sino que hay dos baños grandes justo al fondo de la sección central. Sé que es un poco coñazo esto, pero hay varias reformas que le hacen falta al lugar. No todo puede ser perfecto. Ah y, con lo de respetar los turnos me refiero a que no os duchéis todos a la vez ni metáis prisa a los que están utilizando los baños. De por sí, como he dicho antes, los baños están separados por el de los chicos y el de las chicas. Igualmente os advierto que os puede caer alguna sanción por colaros donde no debéis. Recordad: el muñequito con vestidito para las chicas y el muñequito con pantalón para los chicos, ¿eh?
     Una leve risa se nos escapó a todos. Se notaba que Mark era una persona bastante bromista y animada. Era una persona agradable de escuchar.
     —Finalmente, la tercera y última norma es no salir de las habitaciones por la noche. Nada de escabullirse a otras habitaciones, ya sean de chicos o de chicas, y tampoco podéis ir a la sala de estar. Estos días vamos a estar bastante entretenidos, así que la noche es para dormir y recobrar energías. Nada de hacer "sobreesfuerzos", ¿vale? —otra risa se nos escapó al escuchar aquello—. Míralos tan espabilados. Menudos mal pensados —sonrió divertido un momento y luego tornó el gesto serio—. Obviamente, no quiero a nadie por la noche fuera de la cabaña. ¿Entendido? Bien. Eso es todo por ahora. Si tenéis alguna duda ya me la comentaréis más tarde. Ahora id tirando con Carole al interior de la cabaña y dejad que ella os muestre todo mejor. Hablaré un momento con el conductor del autobús y con vuestro profesor y enseguida me reuniré con vosotros.


* * *

     Tras entrar en la cabaña y recibir algunas explicaciones más de Carole, Mark volvió a reunirse con nosotros. Estos nos organizaron rápidamente para formar grupos y acto seguido separaron a los chicos de la chicas, guiándonos a nuestras respectivas habitaciones, lugar en el que Akora, una chica más que no conocía y yo nos encontrábamos en ese momento.
     —Ha sido una suerte que nos haya tocado juntas. ¡Esto será divertido! —exclamó mi amiga, algo entusiasmada—. Ah, por cierto —se giró hacia la otra chica y le sonrió con amabilidad—. Encantada de conocerte, soy Akora.
     Esta se la quedó mirando por un instante con ojos que me parecieron reflejar frialdad y, segundos después, contestó cortante y sin sentimiento alguno.
     —Yo no.
     Pude notar cómo a la pelirroja le daba un pequeño tic algo nervioso en el ojo, pero igualmente siguió manteniendo su compostura. Por mi parte, no era muy buena relacionándome con gente nueva, así que por ahora me mantuve al margen, colocando mi maleta bajo la cama.
     —...Te conozco de haberte visto por el instituto —Akora volvió a intentar hablar con ella, pero el silencio fue lo único que obtuvo por respuesta—. Se ve que no eres muy habladora.
     —¿Lo has descubierto tú solita?
     La pelirroja borró la sonrisa de su rostro y se masajeó la sien ante su respuesta, dándose por vencida y finalizando la conversación al darle la espalda.
     El ambiente se tornó incómodo, frío y silencioso de un momento a otro.
     Tras terminar de colocar las cosas, me senté en la orilla de la cama, observando a la desconocida mientras esperaba a que Akora terminara también. Su cabellera color azul cobalto resplandeciente se hallaba recogida en una coleta. Era esbelta, con un cuerpo bastante bien definido y algo más alta que la pelirroja y que yo. Llevaba puesta una camiseta negra con las palabras “Fuck you” inscritas en blanco. Su pantalón americano negro resaltaba por las cadenas plateadas que lo sujetaban, las cuales se mantenían a los lados como adorno.
     —¿Y tú que miras? —alcé la vista hacia su rostro y fue entonces cuando pude denotar que sus ojos eran heterocromáticos exactamente iguales a los de Akora, con un ojo de color verde esmeralda y el otro azul marino, este último con un color parecido al de su cabellera.
     Le sonreí con parsimonia, volviendo a levantarme de la cama cuando vi que Akora estaba lista y la quedé mirando por un momento.
     —Miro lo que me da la gana. No eres nadie para decirme qué mirar y qué no —respondí con la misma frialdad que había empleado ella anteriormente con mi amiga.
     Ambas se sorprendieron un poco por mi actitud y, sin nada más que decir, le hice una seña a la pelirroja para irnos de allí.


* * *

     En ese mismo lugar, en una de las habitaciones de los chicos, Castiel movía la pierna impacientemente, con el ceño fruncido y con ganas de degollar a aquel estúpido Mark. ¿Cómo había podido ser tan idiota como para ponerlo a él y al delegaducho en la misma habitación? Quería irse de allí a toda costa. Ahora se arrepentía de haber sido convencido por su amigo peliblanco para ir a la excursión.
     —Lysandro —alzó la voz, harto de esperar y de tener que estar allí—. Vámonos de una puñetera vez, joder.
     —Espera un minuto por favor —respondió el mencionado con serenidad, buscando algo en su maleta—. No encuentro mi libreta —el pelirrojo bufó exasperado ante lo dicho.
     Mientras, el rubio se mantenía en silencio, terminando de colocar todas sus cosas, intentando calmarse para no tener que maldecir su propia suerte. Odiaba aquella situación, pero no iba a mostrarse infantil ante tal tontería. Era alguien maduro y responsable, y no pensaba ponerse al mismo nivel que aquel rebelde sin causa. Fue entonces cuando se dio la vuelta tan solo un momento y sus miradas se cruzaron. El ojigris lo miró con odio, a lo que él respondió de igual forma.
     Sin previo aviso, Castiel se levantó algo amenazante, harto de todo aquello, y tras decirle a su amigo que se adelantaba algo bruscamente, salió de la habitación dando un sonoro portazo.
     ...Al parecer, la excursión iba a ser bastante más movida de lo esperado.

1 comentario:

  1. Esta genial!!! debes continuarlo!!! he leido las otras dos historias que tienes, y pfff nose cual me gusta mas, siguelas por favor ^^

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