¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

miércoles, 10 de junio de 2015

Capítulo 14

     El desayuno procedió con normalidad entre charlas, bromas y algún que otro pique. El parloteo de los alumnos resonaba en toda la estancia, aunque el de los profesores y los monitores tampoco se quedaba atrás. La hora de la comida estaba por acabar, pero eso no significaba que no pudiesen seguir consumiendo alimentos, eso sí, tendrían que pagar por ello.
     Aquel comedor estaba perfectamente organizado, pues era cierto que las comidas eran “gratuitas”, pero esto solo se aplicaba dentro del horario de comidas. Tras ese limitado horario, las consumiciones dejaban de ser gratis. Esto era algo que Mark había explicado en su discursillo de bienvenida, del cual no se habían llegado a enterar Sophie y Castiel debido a su anterior juego de cosquillas.
     En un momento dado y con el sonido de la puerta del comedor cerrarse, la normalidad pasó a desaparecer. Castiel y Lysandro se tensaron en el acto al notar aquella presencia y no pudieron evitar el desviar la mirada hacia la persona que había acabado de entrar en la estancia, un gesto que no pasó desapercibido por ninguna de las otras dos presentes.
     En cuanto las chicas desviaron la vista también hacia la entrada, sus gestos no tardaron en mostrar una mueca de desagrado. Era aquella chica, la peliazul que compartía habitación con ellas.
     La chica miró hacia los alrededores con gesto altivo y no pudo evitar sonreír al descubrir que la estaban observando. Sus ojos se cruzaron con los de ambos chicos para después ignorarlos y dirigirse hacia el bufette a por algo de comer. Para su suerte, había llegado a tiempo antes de que la cocina cerrara.
     —Solo espero no tener que tratar con ella fuera de la habitación. Es lo único que pido —pronunció Akora con cansancio, dejando escapar un suspiro.
     —¿Es con ella con la que compartís habitación? —apresuró a preguntar el peliblanco, volviendo a desviar la mirada hacia la pelirroja y provocando que esta se la devolviera algo confundida.
     —Sí. ¿Por qué? ¿Acaso la conocéis de algo?
     —Se podría decir que sí —contestó el ojigris con gesto serio, antes de dejarle oportunidad de responder a su compañero.
     Aquella excursión comenzaba a parecerle que iba a ir de mal en peor. Ahora no solo tendría que compartir habitación con el estúpido del delegaducho, sino que además de eso, ahora tendría que lidiar con esa harpía. ¿Qué se suponía que hacía ella allí? No eran de la misma clase y mucho menos del mismo instituto. Es más, la peliazul había decidido por cuenta propia el haber dejado de asistir a clases después de... aquello.
     El chico no parecía darse cuenta de que sus ojos se habían quedado fijos en aquella chica y no pudo evitar el tensar la mandíbula al recordar lo estúpido que había sido en aquel entonces.

     “¿Sabes? Esto no es tan malo... —aquella voz gatuna pareció resonar en su cabeza—. Después de todo, somos de la misma especie. No estamos incumpliendo las normas —pudo notar cómo la chica se aproximaba a su oído mientras aquellas manos comenzaban a acariciar su cuerpo. Estaba cayendo completamente en sus redes—. Aunque..., sería más divertido si con esto las rompiésemos, ¿no? —podía sentir su respiración acariciarle la oreja. Si seguía escuchando aquella sugerente voz, estaba más que claro que acabaría perdiendo la cordura—. Después de todo, ¿qué hay más excitante que hacer algo prohibido?”.

     —¿Castiel?
     En cuanto escuchó la voz de Sophie, sus ojos se desviaron casi inmediatamente hacia ella, volviendo al mundo real y haciendo que la pobre se sobresaltara un poco ante su repentina reacción.
     —¿Estás bien? Llevas un buen rato mirando a la nada.
     —Sí, parecía como si te hubieses vuelto más tonto de lo que ya eres, y mira que eso ya es difí... ¡AY! ¡Oye! ¿Y eso a qué viene? —la morena miró con mala cara a Akora tras haberle dado un leve e intencionado pisotón—. Que pronto te me revelas, ¿eh?
     Antes de siquiera dejarle responder a la susodicha, una voz se alzó en la cafetería sobre todas las demás captando la atención de todos los presentes. Era Mark.
     —Un poco de silencio por favor, que tengo voz pero como me ponga a gritar aquí para que me escuchéis a la vez que charláis, me pondré ronco y vosotros tendréis que pagarme los medicamentos para la garganta. Aunque ahora que lo pienso, no creo que sea tan mala idea. Cojo vacaciones gratis —no pudimos evitar reír ante aquello. Las voces no tardaron en acallarse. Hizo una pequeña pausa, aclarándose la voz y seguidamente continuó—. Bueno, chicos y chicas, la hora de comida ha concluido por ahora, lo que quiere decir que en cuanto termine de hablar saldremos de la sala como personas civilizadas que somos y dejaremos descansar a las pobres cocineras, que ellas también tienen que almorzar. Dicho esto, solo deciros que tenéis tiempo libre hasta dentro de dos horas, que será cuando empezaremos con las actividades programadas. Podéis quedaros en vuestras habitaciones, en la sala de estar o salir fuera a tomar aire fresco e investigar un poco los alrededores si os apetece, pero como ya he dicho, no os alejéis mucho y procurad no perderos. Por mi parte, si fuera alguno de vosotros, cogería la cama muy a gusto estas dos horitas. Un viaje de 5 horas no lo aguanto ni loco —y, de nuevo, consiguió arrancarnos una sutil sonrisa.
     Era cierto que muchos de nosotros estábamos algo cansados. De hecho, me pareció ver que Lysandro estaba algo más pálido de lo que acostumbraba a estar. Tendría que preguntarle más adelante.
     —Y una última cosa —interrumpió Carole antes de que Mark diera la señal para que pudiésemos irnos—. Si queréis saber a qué hora está programada cada actividad y os queréis informar un poco mejor, acabo de colgar un pequeño panfleto informativo en el tablón de anuncios que encontraréis en la sala de estar. Sin nada más que decir, nos vemos dentro de dos horas en la sala de estar, y no os retraséis por favor.


*     *     *

     —Según el horario, tras el descanso haremos una pequeña caminata por los alrededores, donde tendremos que echar algunas fotos —explicó Nathaniel, quien se había situado a mi lado sin siquiera darme cuenta.
     —Sabemos leer delegaducho —las palabras de Castiel fueron totalmente ignoradas por el mencionado.
     —Seguramente estas servirán para algún trabajo que tengamos que realizar después de la excursión —dedujo, volteándose a verme con una leve sonrisa—. Sophie, si no has traído ninguna cámara de fotos, puedes venir conmigo y las hacemos los dos juntos.
     —Eh, pues... Ahora que lo dices, no recuerdo bien si me traje una o no al final —respondí dubitativa para después girarme a verlo también, devolviéndole la sonrisa—. Si no es así, estaré encantada de acompañarte Nath —su sonrisa se ensanchó un poco más al escucharme decir aquello—. Muchas gracias.
     —No hay por qué darlas. Nos vemos después entonces. Iré a mi habitación hasta que nos avisen.
     —Hasta luego y que descanses —tras decir aquello y tras observar una última vez su radiante sonrisa, el delegado se encaminó hacia la sección de chicos, desapareciendo por la puerta.
     Nada más irse, un leve bufido captó mi atención, haciendo que instintivamente me girase a ver a Castiel. Sus cejas se hallaban notablemente fruncidas mientras se mantenía cruzado de brazos en su pose habitual. Cualquier persona habría llegado a huir por patas al verlo de tal mal genio, pero en mi caso, no pude evitar soltar una leve risilla. Parecía un niño pequeño enfurruñado y a punto de caer de sueño.
     —¿De qué te estás riendo idiota? —preguntó haciendo una mueca—. Por tu culpa tendré que soportar estar cerca de ese maldito rubiales incluso fuera de la habitación. ¿Estás contenta? —bufó molesto, a lo que no dudé en contestar lo siguiente.    
     —Pues sí —reí, haciendo que este me fulminara con la mirada—. Sigo sin entender por qué os lleváis tan mal, pero creo que si pasáis algo de tiempo juntos, a lo mejor ocurre un milagro.
     —El milagro se lo haré yo en la cara cuando se la destroce.
     —En fin... —miré a mi alrededor un momento y me extrañó solo ver al pelirrojo a mi lado—. Por cierto, ¿dónde se han metido Lysandro y Akora? Me pareció verlos aquí hace un momento.
     —Mientras charlabas con Don Perfección, fueron a dar una vuelta. Según la tontaina, Lys se encontraba mal —hizo una pequeña pausa y alzó el rostro para observarme un momento—. Y hablando de ello, vamos a tu habitación.
     —Ya decía yo que estaba más pálido de lo normal... Espera. ¿¡Qué!?
     —Lo que oyes. Estoy cansado, con ganas de matar a alguien y sin poder ir a mi habitación porque hay un germen dentro, así que ya puedes ir haciéndote responsable.
     —Ah, no. De eso nada. Poder puedes ir a tu habitación tranquilamente, además, no pienso hacer que nos regañen por tu capricho de no querer dormir en el mismo lugar que él. Ya lo dijeron Carole y Mark cuando llegamos.
     —Vamos, te doy una última oportunidad para contestar bien: Me encantaría que vinieses a mi habitación, Castiel —dijo esto último poniendo una voz extremadamente aguda y aniñada—. Venga, ahora tú —sonrió burlonamente de lado mientras se acercaba un poco a mí.
     —No pienso decir eso ni de coña —repliqué—. Además, ¡esa no es mi voz!
     —Tú lo has querido, enana.
     De un momento a otro, su cuerpo se aproximó repentinamente a mí y, cuando quise darme cuenta, me encontraba siendo cargada entre sus brazos. Mi rostro no pudo arder más en ese instante.
     —¡Castiel! ¡Suéltame ahora mismo! —alcé la voz, intentando zafarme de su agarre, pero lo único que conseguí fue que me sujetara las piernas con más firmeza.
     —Quédate quietecita y espera a que lleguemos. Que te sea leve el viaje —rió y comenzó a caminar como si nada hacia la sección de chicas.
     Nada más cruzar el umbral de la puerta, tuve que callarme para no llamar más la atención. Todos se habían ido fuera a pasear o se habían dirigido a sus habitaciones, por lo que si armaba escándalo, lo más seguro es que acabaran por pillarnos. Era un maldito milagro el que no hubiese nadie en ese momento por el pasillo.
     Eso sí, el que estuviera agarrada por las piernas para que no pataleara y el que tuviera que mantenerme callada, no quería decir que no pudiese darle codazos o mecos para que me soltara.
     —¡Suéltame! —exclamé en un susurro mientras volvía a darle otro golpe—. ¡OYE! ¿¡Me acabas de tocar el culo!?
     —Eso te pasa por no estarte quietecita—soltó a la vez que se le escapaba una pequeña carcajada, a lo que yo contesté dándole una colleja.
     Finalmente, el pelirrojo se detuvo unos pasos más adelante, justo enfrente de mi habitación.
     “¿Y este cómo se suponía que sabía la habitación donde dormíamos Akora, la chica esa y yo?”.
     —Por una vez me ha servido de algo escuchar la conversación de Lysandro y la tontaina esa.
     “… ¿Ahora me lee la mente o qué?”.
     Justo en ese momento, unos voces se escucharon cerca de allí y unos pasos nos alertaron de que venían hacia nuestra dirección. Castiel no dudó ni un segundo más y, antes de siquiera dejar que nos viesen, se adentró en la habitación, agarrándome con fuerza para evitar que me cayese y cerrando la puerta tras de sí en un rápido movimiento.
     Debido a la adrenalina del momento y a que aquellas personas se habían quedado hablando cerca del lugar, nos mantuvimos absolutamente inmóviles casi por puro instinto, sin siquiera darnos cuenta de que nos estábamos abrazando con fuerza, en un silencio sepulcral. Sentía el corazón latiendo acelerado del solo pensar que podrían haber llegado a descubrirnos.
     Unos minutos más tarde, los que por cierto se me hicieron eternos, las voces volvieron a alejarse, disminuyendo poco a poco de volumen hasta finalmente desvanecerse. Fue en ese instante cuando dejé escapar un notable suspiro de alivio a la vez que apoyaba la cabeza en el hombro del pelirrojo, aliviada y agradecida por el hecho de que no nos hubiesen descubierto.
     Pero nada más unos segundos después, caí en la cuenta de la situación y en la posición en la que nos encontrábamos. Mi rostro enrojeció.
     —E-em... Castiel, ¿puedes bajarme ya? —intenté sonar lo más firme posible, pero más que eso, podría decirse que sonó como una débil y tartamudeante petición.
     Sin embargo, a pesar de decirle aquello, no reaccionó. Es más, su rostro descendió levemente y, en ese momento, sus orbes plomizos entraron en contacto con los míos, observándome con detenimiento. Parecía como si quisiese hipnotizarme con aquella cautivadora y profunda mirada.
     Aunque, ahora que me fijaba, esos ojos me resultaban extrañamente familiares. Por un momento me surgió la duda de dónde los habría visto antes, pero a causa de toda la situación en general, esos pensamientos se desvanecieron casi por completo, y aún más al notar su leve y repentina aproximación.
     Comencé a sentirme extrañamente incómoda. Aunque debería decir avergonzada en lugar de eso.
     —...Al final no me has dicho qué era lo que te pasaba esta mañana —musitó bajito procurando no alzar demasiado la voz, como si aún nos encontrásemos en peligro de ser descubiertos.
     Fue entonces cuando mi mente se bloqueó por unos segundos. Hasta ahora no había vuelto a pensar en lo que mi padre me había mencionado esta mañana, aunque supongo que era algo lógico si no quieres estropear un viaje que supuestamente tendría que ser divertido. Además, aún debía terminar de hablar con él para aclararlo todo, ya que sabía que había cosas que aún no me había contado.
     —¿Vas a decir algo o vas a quedarte mirándome todo el día? —insistió, aunque aquellas palabras sonaron más suaves de lo que deberían debido al pequeño matiz de preocupación que se podía vislumbrar en su rostro.
     —La segunda opción no me parece tan mala —respondí sin pensarlo y me mordí la lengua al darme cuenta de ello.
     Se mantuvo unos segundos en silencio, analizando mi respuesta y, momentos después, noté cómo su rostro volvió a acercarse aún más. Mis mejillas ardieron en el instante en que su nariz rozó la mía. Mientras yo intentaba controlar mis nervios, él se mantenía inexpresivo, impasible.
     Justo a esa corta distancia, donde podía notar incluso su respiración, se detuvo. Sentía el corazón latir desenfrenado y aún más al ver cómo sus labios se entreabrieron momentáneamente para después arrepentirse y volver a cerrarlos.
     Noté cómo aflojaba el agarre y, finalmente, dejó que mis piernas tocaran el suelo al fin, alejándose lentamente en el acto y acabando por soltarme por completo. Por un momento me pareció sentir que mi cuerpo añoraba la calidez de sus brazos y de su pecho.
     —No voy a obligarte a que me contestes —comenzó a hablar, volviendo a captar mi atención y observé cómo me daba la espalda y se dirigía a una de las camas para después acostarse en ella. Concretamente, la mía—. Es tu decisión, pero igualmente sé que te pasa algo y acabaré por enterarme de alguna u otra forma —hizo una pequeña pausa, poniéndose de lado en la cama, sin dejar de darme la espalda—. Después de todo, quién confiaría en alguien como yo, ¿eh...? —esto último lo dijo en un tenue murmullo, más para sí mismo que para mí, pero aun así llegué a escucharlo.
     —No es que no confíe en ti —me apresuré a aclararle—. Es más, creo que eres la segunda persona en quien más confío.
     —Con que la segunda... ¿La primera quién se supone que es? ¿El imbécil de turno? —se podía denotar perfectamente el deje de hastío y rabia que contenían sus palabras al referirse al delegado.
     —No —negué, haciendo una breve pausa para humedecerme los labios y proseguí—. Es Akora. Con Nath es cierto que me llevo bien y tenemos algunas cosas en común, pero no es alguien a quien le contaría mis preocupaciones. Y, en realidad, prefiero no contárselas a nadie. Cada uno tiene sus propios problemas y puede que más graves que los míos. ¿Por qué tendría que preocupar y acarrear aún más disgustos a los demás?
     —Porque nos importas, idiota —me interrumpió antes de que continuara con lo que iba a decir—. Porque me importas.

2 comentarios:

  1. Aww, que tierno n.n Me encanta este capítulo. Me encanta como detallas la personalidad de Cass, siendo que en el juego es completamente indescifrable y nunca puedes saber lo que piensa. Me encanta que lo describas como alguien difícil de tratar, divertido, atento y creo que hasta un tanto deprimido y con una muy baja autoestima que intenta cubrir siendo cortante con los demás. Me encanta. Espero con ansias el siguiente capítulo.

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  2. *-* esperaré tu regreso por toda mi vida :'v

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