¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

lunes, 29 de agosto de 2016

Capítulo 16

      Casi podía asegurar que los sentimientos se me habían desbordado por completo. Mi mente había comenzado a centrarse en todos los recuerdos de mi infancia, en las mentiras de mi madre y, sobretodo, en cómo se debió sentir mi padre al no haberse podido comunicar conmigo en todo este tiempo, sabiendo demás que seguramente yo le culparía de todo.
     Tanto se había distraído mi mente que se podría decir que me había olvidado por completo dónde y con quién estaba, y ni siquiera noté el momento en el que el pelirrojo se deslizó de la cama. Solo en el instante en que, delicadamente, tiró de mi brazo, llegué a percatarme de la situación.
     De un momento a otro, me vi en brazos del chico, con la cabeza recostada en su pecho y sus manos apoyadas en mi hombro y mi cintura, las cuales utilizaba para mantenerme entre sus brazos, intentando calmarme.
     Podría decirse que la situación en sí me pareció completamente extraña. Aquella reacción por parte del pelirrojo no me la podría haber imaginado ni en sueños y, sin embargo, a pesar de su buena intención, ese abrazo solo consiguió acumularme más lágrimas en los ojos.
     En ese momento, sintiéndome impotente por no poder cesar de llorar y terriblemente avergonzada, hundí el rostro en su pecho y dejé que mi pesar abandonase poco a poco mi corazón con cada lágrima que salía de mis ojos, permitiéndome el lujo de aferrarme con fuerza al abrazo y a la bondad que aquel chico me había ofrecido.


*     *     *

     Sus manos algo ensangrentadas me taparon la boca e impidieron que profiriera ruido alguno. Mis piernas temblaban del pavor que sentía, mis manos comenzaron a sudar irremediablemente… y mis ojos se mantuvieron estáticos observando el cadáver de aquel animal que yacía en el suelo, tiñendo la nieve de color rojo.
     Mi corazón dio un vuelco cuando lo escuché suspirar. No podía evitar sentirme atemorizada.
     —Realmente te lo mereces, ¿sabes? —sus palabras, gélidas, se clavaron en mí como estacas—. El que estés temblando, muerta de miedo, a punto de salir huyendo... es solo culpa tuya.
     Volvió a suspirar. De un momento a otro su agarre se aflojó hasta finalmente soltarme, y mi reacción no fue otra más que la de alejarme unos pasos de él, no sé si por prudencia o por verdadero temor. Simplemente me aparté, sin llegar a dar un paso más.
     —Esta es precisamente la situación que he tratado de evitar todo este tiempo… y sin embargo, es la única forma de hacer que entiendas que esto no es ninguna broma —su mirada se mantuvo sobre mí mientras se relamía un poco los dientes ensangrentados y se limpiaba ligeramente la boca. Su rostro había recobrado su tonalidad normal—. ¿Sabes? Sabía que me estabas siguiendo —aquello me tensó aún más—, pero llevo tanto tiempo queriéndotelo contar y sin saber cómo, que… —se calló, dejando la frase en el aire.
     ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? ¿Correr? ¿Quedarme allí plantada sin hacer nada? … No. Nunca he huido de los problemas que se me han presentado, y esta no iba a ser la primera vez. Además, no lo podía tomar a la ligera. Después de todo, Lysandro seguía siendo mi mejor amigo, y… el chico del que he estado prendada desde que lo conocí.
     No aparté la mirada, no hui. Por el contrario, mis ojos se desviaron hacia los suyos y los mantuve ahí, como tantas veces había hecho anteriormente, déjandome encandilar por ellos.
     Su gesto pareció relajarse.
     —Sabes… que nunca te haría daño —dio un pequeño paso hacia mí, y al ver que no me movía, dio otro—, lo mucho que te aprecio, e incluso… —frunció los labios y volvió a dejar que el silencio se adueñara de nosotros.
     Agachó la mirada un momento. Mi cuerpo se estremeció ligeramente al sentir el contacto de sus manos heladas. Acarició mis dedos con gentileza y ascendió poco a poco por mis brazos, llegando a mis hombros, mi cuello y, finalmente, mis mejillas.
     El miedo que sentía se desvaneció como por arte de magia. Aquellos ojos desiguales me miraban temerosos, como si hubiese sido él el que instantes antes hubiera estado a punto de escapar.
     —Lo sé —contesté, dejando que una leve sonrisa me dibujara el rostro.
     Sin embargo, mis ojos no pudieron evitar desviarse de nuevo a aquel animal.
     Volví a separarme de él, esta vez con delicadeza. Tomé una de sus manos y le di un leve apretón.
     —Será mejor que nos vayamos de aquí antes de que alguien nos vea.

     Una maliciosa sonrisa se esbozó en su rostro al escuchar aquella última frase.
     —Derek se va a poner furioso en cuanto sepa esto.


*     *     *

     Mis ojos no pudieron creer lo que estaban viendo. Lo último que me esperaba encontrar al abrir la puerta de la habitación era esto. Obviamente, no era la única sorprendida.
     —¿Castiel?
     El mencionado no tardó en reaccionar cuando escuchó su nombre. Se había quedado dormido. De hecho, aún seguía teniendo sueño. Su mirada recorrió vagamente la estancia hasta fijarse en cómo lo estaban mirando Lysandro y Akora.
     Alternó la mirada entre ellos y la morena, la cual seguía durmiendo plácidamente entre sus brazos. Aunque no por mucho tiempo.
     —¿Qué…? —la chica abrió los ojos por fin y su rostro ardió al darse cuenta de la situación. Se separó rápidamente del pelirrojo, que estaba a punto de estallar en risas al verla caer de la cama—. N—no es lo que parece.
     —Nooo~. Claro que no —rio Akora al fin, desatando las carcajadas de Castiel y haciendo que la pelinegra quisiera que le tragase la tierra.


*     *     *

     —Te estoy diciendo la verdad —seguí insistiendo, aún colorada.
     —Que sí, que sí. Te creo —respondió Akora, volviéndose a reír.
     Nos encaminábamos hacia la sala de estar para volver a reunirnos con los demás. Con la tontería, el tiempo se había pasado volando y se había acabado el descanso que tanto nos había hecho falta. Aunque a mí solo me había traído dolor de cabeza.
     Unos pasos más atrás, Lysandro y Castiel se mantenían hablando de lo sucedido en un tono más bajo. Ni siquiera yo les oía y, en parte, me preocupaba. No es que no confiara en el pelirrojo, sin embargo Lysandro seguía siendo su mejor amigo. No quería que se lo contase a nadie principalmente para no preocuparlos y, por otra, porque primero quería terminar de hablar con mi padre.
     Mis ojos se desviaron hacia atrás sin pensarlo, encontrándome con su mirada. En su rostro no tardó en dibujársele una pícara sonrisa, a lo que yo contesté con un leve bufido, volviendo a tener las mejillas enrojecidas.
     —Bueno, se ve que ya estamos todos —dijo Carole con una sonrisa—. Espero que os haya sentado bien el descanso, porque ahora tenemos una buena caminata por recorrer. ¿Todos tenéis vuestra cámara de fotos a mano?
     Mierda. La cámara. Se me había olvidado por completo.
     Justo en ese instante y casi como si hubiese sido aclamado por el cielo, Nathaniel se situó a mi lado, mostrándome esa dulce sonrisilla suya. Tenía su cámara colgada de su cuello.
     —Acabas de salvarme la vida —aquello hizo que una leve risa se escapara de sus labios—. Se me ha olvidado mirar si la tenía en la mochila.
     —No importa. Mucho mejor así, ¿no?

     La vista del pelirrojo se nubló en cuanto vio a aquellos dos juntos. De hecho, casi podía asegurar que Carole había dejado de hablar, pero no era así. Sin darse cuenta había fruncido el ceño y sus manos se habían cerrado en puños.
     —Akora lo sabe —aquella afirmación lo desconcertó por completo y desvió la mirada hacia su amigo, sorprendido—. Se ha enterado de la peor forma posible, pero… no ha huido. No ha huido de mí, Castiel.
     El mencionado se mantuvo serio, observando cómo el rostro siempre sereno de su compañero mostraba un gran alivio. Por su mente pasó el pensamiento de recordarle que aquello no era algo posible, que si de así fuera, irían a por los dos, sin embargo, no dijo nada.
     Su mirada volvió a fijarse en la pelinegra, y los recuerdos de aquellas últimas semanas empezaron a cruzar su mente. Le había dicho que se alejara del bosque e igualmente, la chica siguió yendo despreocupadamente en su busca.
     Lysandro acababa de infringir una de las normas, ambos lo sabían, y aun así, el pelirrojo no podía recriminarle nada.

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