¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

lunes, 27 de febrero de 2017

Capítulo 19

     Las manecillas de un reloj resonaban continuamente en la silenciosa estancia, y a cada segundo que pasaba, más nervioso se sentía. La luz de la cocina parpadeó un poco, como dando a entender que pronto se fundiría la bombilla que se encargaba de iluminar cada rincón de la habitación de aquella casa.
     Alzó la vista un momento, como tantas veces había estado haciendo desde que se despertó bien entrada la madrugada, y revisó la hora. Se había intentado volver a dormir, se había aseado, se había paseado por toda la casa, e incluso se había puesto a ver la tele a sabiendas de que a esas horas de la madrugada no echaban nada interesante en ningún canal. Sin embargo, nada consiguió distraerlo. Por ello, se había sentado en la mesa de la cocina, a la espera de la inminente llamada que estaba por llegar, la cual haría resonar el móvil que tenía situado encima de la mesa de la cocina, justo frente a sus ojos.
     ¿Cuánto tiempo más podría mantener aquella farsa? Habían pasado ya más de dos meses desde que la chica llegó a aquella casa y sin embargo no se había atrevido a contarle la verdad. ¿Cómo reaccionaría cuando se enterase?
     Situó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos de sus manos a la vez que apoyaba la frente sobre estas, como si el hecho de ocultar su rostro consiguiese hacerlo desaparecer por completo, tanto a él como a la circunstancia en la que se encontraba.
     A pesar de no haber hecho nada malo, se sentía totalmente culpable. Sabía lo que ocurriría entonces, sabía que estaba en peligro, y sin embargo, lo único que pudo hacer fue intentar convencerlo de que no fuese al bosque, en vano.
     La melodía de su teléfono móvil le sobresaltó, haciendo que las pulsaciones se le empezasen a acelerar sin poder evitarlo. Se irguió y tomó el aparato entre sus manos. “Número desconocido” se podía leer en la pantalla. Inspiró un momento intentando tranquilizarse y, con las manos temblorosas, descolgó la llamada, acercando el móvil a su oído.
     —John, soy yo —al escuchar aquella voz, su cuerpo pareció destensarse. No era quien precisamente estaba esperando que llamase, pero aun así seguía siendo por el mismo motivo—. No tengo demasiado tiempo, así que escucha. Algunos de mis contactos me han soplado que los del clan están empezando a notar tu ausencia. Hay algunos rumores que dicen que te han visto merodear por la ciudad vecina, sin embargo no tienen pruebas seguras de ello —hizo una breve pausa y, tras unos segundos, se le oyó suspirar al otro lado del teléfono—. Mira, no sé exactamente qué estás haciendo ni cuál es tu propósito, pero más te vale volver lo antes posible si no quieres tener más problemas de los que ya tienes. Sabes demás lo que te costó integrarte en el clan debido a tu… Bueno… Ya sabes —al mencionar aquello, el rostro de aquel hombre se ensombreció levemente. No quería recordarlo, pero ya era algo que formaba parte de su vida. Después de todo, los rumores corrían como la seda, y ya casi todos los del clan le recordaban por lo sucedido.
     —¿Problemas… como el tuyo? —sus palabras sonaron más afiladas de lo que deberían, pero no se retractó de ello.
     —Je… Eso no funciona conmigo, ¿recuerdas? Y eso más que ser un problema, fue casi una decisión propia.
     —Casi —destacó, ya ladeando una pequeña sonrisa.
     —Bueno, caso aparte, sabes de más que no te recuerdo esto por hacerte ningún mal. Se supone que eres un fiel seguidor de la tribu, de su gente y sus tradiciones. Cualquiera diría que los estás traicionando —nada más decir esto, se apresuró en añadir lo siguiente-. Ojo, que yo soy el primero aquí que lo hizo, pero ya me entiendes —una voz en la lejanía hizo que la persona al otro lado del teléfono se exaltase por un momento. La voz se iba acercando según pasaban los instantes. «Cariñoo~» se escuchó que decía melosamente. Era la voz de una mujer—. Tengo que colgar —se excusó—, mi esposa me reclama. Pero que sepas que yo ya te he avisado.
     —Lo tendré en cuenta.


*     *     *

     Eran cerca de las 8 de la mañana. Nos encontrábamos una vez más en el comedor, esta vez, desayunando. El ruido de la marabunta de alumnos seguía sin fin, como si no fuera temprano en la mañana y no se hubiesen visto el día de ayer como para contarse todo lo que habían hecho en toda la semana. Las conversaciones se entremezclaban y más de uno empezó a dirigirse a voces para poder hablar con el que estaba situado en la otra punta del comedor, pero eso no parecía alterar a los profesores ni a los monitores. Total, estábamos de excursión, y en pleno desayuno además. No tenían por qué intervenir si no era necesario.
     Mientras tanto, Akora y yo nos mantuvimos desayunando en silencio. Despertarnos temprano en la mañana no era uno de nuestros fuertes, aun estando en una excursión. Sin embargo, eso no quería decir que no pudiésemos tener una pequeña conversación antes de que llegasen los chicos.
     —¿Has visto a la chica del pelo azul esta mañana? —pregunté con curiosidad. A lo que la pelirroja contestó negando con la cabeza.
     —De hecho, pareciera que hubiese desaparecido. Estaba algo preocupada por la herida que llevaba, pero… cuando llegué anoche a la habitación, ya no estaba.
     —Qué raro —giré la cabeza un momento hacia la puerta para luego volver a mirarla a ella—. Esa herida… Dijeron que había lobos por aquí, ¿no? Tú crees que…
     —No creo —me interrumpió—. Los animales suelen guiarse por su instinto, y sabiendo que por aquí suelen haber turistas, lo normal en ellos hubiese sido alejarse lo más posible —argumentó—, aunque por mucho que nos han avisado de que por aquí hay lobos, no he llegado a ver ninguno.
     —Entonces, si no ha sido un lobo, ¿qué ha sido?
     Aquella pregunta pareció hacer que Akora se incomodase un poco, o al menos esa fue mi impresión. Su ceño se frunció levemente unos simples instantes, pero después negó con la cabeza. No comprendí lo que le pasaba.
     —No lo sé —respondió momentos después de pensar la respuesta.
     Iba a preguntarle a qué venía esa reacción, pero el hecho de que su mirada se desviase de nuevo al plato hizo que me retuviese un poco. Fue entonces cuando la imagen de aquel lobo se me llegó a pasar por la mente. A pesar de la justificación de Akora, algo me decía que eso no era del todo cierto. Un pequeño escalofrío me recorrió el cuerpo de tan solo pensarlo.
     —Por cierto, cambiando de tema —alzó la mirada y me observó con una sonrisa pícara dibujada en los labios—. ¿Llegaste a ver a Castiel anoche?
     Me quedé estática por unos segundos, observándola con los ojos desencajados mientras mantenía el tenedor en mi boca. Akora soltó una pequeña risa al verme y mis mejillas comenzaron a enrojecerse.
     —E-ehm… Sí. Por cierto, ¿fuiste tú quien me trajo aquella manta? —intenté cambiar de tema para no entrar en detalles.
     —Síp —contestó sin más con una sonrisilla en los labios—. Al salir de la cafetería, nos dimos cuenta de que te habías quedado dormida, así que te traje una manta. No fui capaz de despertarte. Te veías taaan mona mientras esperabas por tu “príncipe azul” —nada más escuchar aquello, me atraganté y comencé a toser sin poder evitarlo. Akora volvió a reír y se acercó para darme unas palmaditas en la espalda—. ¡Pero no te ahogues! Ya sé que las tortitas están muy buenas, pero tampoco te las comas de esa manera —mis mejillas explotaron al escuchar aquello.
     —¡Akora por dios! —la mencionada comenzó a reírse a carcajada limpia, comenzando a llamar la atención de algunas personas de nuestro alrededor. Esta chica, sin lugar a dudas, no tenía remedio. La pelirroja consiguió calmarse a los pocos minutos, sin embargo, antes de que pudiese volver a insistir en el tema, me adelanté—. Bueno, ¿y qué ha pasado con Lysandro y contigo? Desde que llegamos se os ha visto más cercanos que de costumbre. ¿Ha ocurrido algo en especial?
     La chica se mantuvo inexpresiva. Miró hacia los lados comprobando algo y, seguidamente, agachó la cabeza. Sus mofletes no tardaron en enrojecerse—. P-pues… Se supone que estamos… “juntos”. E-es decir, estamos… ¿saliendo? —las palabras comenzaron a trabarse en su boca y no pudo evitar tartamudear. Aquella imagen se me hizo de lo más tierna que pude ver—. Pero —agh, la palabra infernal—, es raro. No sé. Es como si nada hubiese ocurrido, entre comillas. Actuamos como siempre prácticamente, pero ahora nos permitimos el lujo de tomarnos las manos y poco más. Ahora se me hace algo más difícil mirarlo a los ojos de solo pensar que conoce mis sentimientos. En realidad, no nos dijimos nada abiertamente, pero en aquel momento no nos hizo falta decirlo, ¿sabes? —una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras sus mejillas se mantenían sutilmente coloreadas.
     No pude evitar sonreír y sentirme feliz por mi amiga. Sin embargo, su voz tenía un leve atisbo de tristeza, o tal vez de decepción. ¿Tal vez…?
     —Entonces, ¿os habéis besado ya? —la chica se sobresaltó. Había dado en el clavo—. Se ve que no —reí.
     —Después de tanto tiempo enamorada de él y de imaginármelo miles de veces en mi mente, ahora se me hace difícil hacerlo. Y tampoco pienso pedírselo. ¡Qué vergüenza! —volví a reír—. Pero bueno, supongo que ocurrirá cuando tenga que ocurrir.
     —¿Qué tiene que ocurrir? —ambas nos sobresaltamos al escuchar una tercera voz y mi corazón dio un pequeño respingo al reconocerla.
     Alcé la mirada y vi cómo se sentaba Castiel en una de las sillas de nuestra mesa mientras que Lysandro y Nathaniel se terminaban de acercar a nosotras.
     —Nada que te interese cotilla —le contestó la pelirroja, sacándole la lengua como una niña pequeña.
     —A saber lo que tramáis, locas —dijo sin más, tomando un tenedor de la mesa y robándome una de mis tortitas.
     —¡Oye! ¡Eso es mío, ladrón! —tomé el plato entre mis manos y lo alejé lo más que pude de él para que no me quitase la última que quedaba—. Ve a cogerte tú un plato si tanta hambre tienes. ¡Shu shu!
     —Lo estoy haciendo por tu bien, tonta. Dame, que si no te vas a poner más gorda —rio, acercando otra vez el tenedor y pinchándome con este en el brazo.
     —El gordo aquí eres tú, glotón avaricioso. ¡Quita bicho!
     Lysandro observó el espectáculo que estábamos montando con curiosidad, sentándose al lado de Akora. Mientras, Nathaniel no tardó en situarse a mi lado, captando mi atención y haciendo que Castiel cambiase el gesto por completo.
     —Sophie, ¿puedo hablar contigo un momento? —me preguntó sin más, haciendo un leve gesto para indicarme que quería hablar a solas. Titubeé.
     —Ehm… Claro —mis ojos se desviaron un momento hacia los demás para disculparme con la mirada—. Ahora mismo vuelvo.
     Me levanté de la mesa y caminamos hacia el exterior del comedor mientras sentíamos las miradas incesantes y curiosas de quienes habíamos dejado atrás. Si hubiese estado atenta, podría haber escuchado a Akora decirle a Castiel un «Y ahí va el futuro ganador de la partida, moviendo ficha como de costumbre».

     La puerta del comedor se cerró emitiendo un pequeño chirrido. En comparación a donde nos encontrábamos anteriormente, el ruido a penas se notaba una vez que traspasabas la puerta que separaba ambas salas. Entonces, el escándalo del interior, ¿era real o simplemente era una simple exageración de mis sentidos? Ahora que había salido de allí, podía notar el leve dolor de cabeza que tenía.
     Alcé la vista hacia el delegado y no tardé en encontrarme con sus ojos ambarinos. Ahora que me fijaba, podía vislumbrar ciertas ojeras adornando su rostro, además de un leve atisbo de cansancio inusual en él.
     —¿No has dormido bien?
     —Bueno, cuando tu compañero de habitación es alguien al que no le tienes demasiado aprecio, la convivencia en sí se hace algo pesada, pero aparte de eso, nada importante —esto último lo dijo mostrando una pequeña mueca, pero lejos a lo que intentaba mostrar, no llegó a asemejarse ni a tan siquiera una sonrisa. Decidí no preguntar en aquel momento, pues no parecía querer hablar de ello.
     —Entonces… ¿de qué querías hablar?
     El chico comenzó a sentirse nervioso. Cerró un momento los ojos, inspiró para tranquilizarse y los volvió a abrir, decidido. Sus manos tomaron las mías con delicadeza y cierto temor, causando mi desconcierto y que mis mejillas se colorearan levemente.
     —Sé que nos conocemos desde hace relativamente poco, pero realmente me gustaría intentar conocerte mejor y, quizás, y solo quizás, s-si tú quieres… —su rostro comenzó a enrojecer a medida que decía todo aquello, comenzando a tartamudear. Sus manos comenzaron a hacer cierta fuerza a pesar de todo, sosteniendo las mías firmemente e intentando transmitirme la seriedad de sus palabras. No podía creerme nada de lo que estaba ocurriendo en aquel instante—. Es decir… —suspiró una vez más y me miró fijamente a los ojos, con el rostro enrojecido pero con un gesto tan serio y sincero que no pude evitar sentirme nerviosa—. Después de la excursión, me encantaría poder invitarte a salir.

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