¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

jueves, 1 de junio de 2017

Capítulo 21

     El pelirrojo observó a Sophie con detenimiento tras haber desviado la mirada para saber que ocurría y haberse encontrado con Nathaniel, quien no había tardado demasiado en marcharse de allí tras verlos juntos. La chica, tras su repentino alejamiento, no se demoró demasiado en disculparse con él e irse corriendo tras el delegado, apartándose una vez más de su lado y sintiendo que nuevamente se escapaba de entre sus manos.
     Lo primero que se le había venido a la cabeza en aquel momento era ir tras ella y detenerla para así evitar que se fuera, pero en vez de eso, presionó la mandíbula a la vez que se le fruncía el ceño, manteniéndose allí totalmente estático y observando cómo la chica se marchaba apresurada.
     Había pasado algo. Sabía que había ocurrido algo entre ellos dos sin él enterarse; tal vez cuando el rubiales la citó para hablar con ella mientras estaban en la cafetería, pensó. Sin embargo, allí estaba, dejándola ir una vez más y sintiendo los celos y la agonía apoderarse de su corazón. Las palabras de Akora antes de aquella conversación entre ellos dos resonaba una y otra vez en su cabeza: “Y ahí va el futuro ganador de la partida, moviendo ficha como de costumbre”.
     Aún no podía creer que en tan poco tiempo hubiera desarrollado tal posesividad por querer a aquella pelinegra a su lado, y aún menos que estuviesen floreciendo tales sentimientos por ella de un momento a otro.
     Tres meses humanos no eran nada, ni para él ni para ninguno de los de su especie, y sin embargo, en ese corto periodo de tiempo había llegado a apreciarla tanto como cualquier otro amigo o ser querido, e incluso como… algo más.
     Su gesto se ensombreció ligeramente al pensar esto último.
     Era imposible. No era posible que ocurriese aquello. Ni siquiera sabía lo que realmente sentía aquella chica; si sus más profundos sentimientos y pensamientos estaban dirigidos a él o, por el contrario, a aquel detestable delegado... Y aunque estos estuviesen dirigidos hacia él mismo, no podían estar juntos, pues a pesar de estar exiliado, el clan le haría la vida imposible nada más saber sobre su relación íntima con una humana. La chica correría peligro, y eso era algo que no podía permitir por mucho que le gustase Sophie.
     Suspiró con este último pensamiento, abatido. Apretó los puños con fuerza, sintiéndose totalmente desanimado y sin fuerzas para hacer nada más y dio media vuelta, adentrándose una vez más a aquel dichoso bosque cubierto de blanca y helada nieve, con las esperanzas por los suelos y el corazón completamente compungido y destrozado.

*     *     *

     —¡Nathaniel! —exclamé—. ¡Oye, Nath! ¡Espera!
     El mencionado no tardó en detener su paso ante mi llamado, mas sin embargo, no llegó a darse la vuelta. No fue hasta pasados unos segundos que finalmente decidió encararme con una leve y tensa sonrisa en su rostro, sin mostrar emoción alguna a pesar de todo.
     No pude evitar encogerme al notar que, tal gesto, me era dirigido por parte de aquel chico que siempre me había sonreído con cariño y afecto.
     —L-lo siento mucho. Sé que no te cae muy bien Castiel y, soy consciente que aún tengo que darte una respuesta... No era mi intención que vieras-...
     —No sé de qué me hablas —me interrumpió antes de que dijese nada más—. Y, es obvio el hecho de que apenas nos soportamos. No es nada nuevo —sus palabras sonaron más duras de lo que ambos esperábamos. Al parecer, había notado mi aturdida reacción, por lo que tras un suspiro, intentó remediar aquella incómoda situación que nos estaba empezando a consumir—. No tienes por qué disculparte, ni mucho menos darme explicaciones por algo sin importancia. Por mucho que lo deteste y por mucho que me cueste admitirlo, soy consciente de que sigues y seguirás siendo su amiga. No importa lo que haga, pues ese hecho no cambiará por mucho que te exprese mis sentimientos… No soy nadie como para impedirte nada que quieras hacer —conforme decía aquello, su gesto comenzó a suavizarse y, lentamente, comenzó a acercarse a mí con pasos un tanto temerosos para, al fin, tomar mis manos entre las suyas y aferrarlas con afecto—. Ahora mismo lo único que me importa realmente es saber tu respuesta —al escuchar aquello, no pude evitar desviar la mirada y removerme un tanto avergonzada—. No quiero presionarte, ni mucho menos obligarte a que aceptes tener una cita conmigo. Es tu decisión al fin y al cabo. Es por eso que, hasta entonces, hasta que puedas darme una respuesta apropiada, tanto como para aceptarme como para rechazarme, será mejor que te deje algo de espacio y me aparte lo suficiente de ti como para que puedas pensarlo adecuadamente, pues lo último que quiero es que acabes dándome una respuesta aleatoria a causa de las prisas.
     Alcé el rostro nuevamente, volviendo a enfrentarme a su mirada, y esta vez vi cómo la incertidumbre se alojaba en su rostro, a la vez que una pequeña y comprensiva sonrisa se dibujaba en él.
     Mis ojos se mantuvieron observando aquellos orbes ambarinos intensos que me observaban con cierta ternura y temor. Moví ligeramente los labios, a punto de decir algo, de decir que quería intentarlo…, pero finalmente la cobardía acabó apoderándose de mí. La aflicción no tardó en alojarse en mi rostro al volver a agachar la mirada, sin poder darle una respuesta que consiguiese calmar aquella incertidumbre que lo mantenía en vilo e inquieto.
     —Te prometo que pensaré adecuadamente sobre ello, Nath —respondí al fin tras unos breves segundos—, y cuando tenga una respuesta clara, te la diré de inmediato —apreté suavemente sus manos, sin dirigirle aún la mirada—. Gracias por ser tan paciente y tan comprensivo conmigo. Aprecio mucho eso.
     A pesar de no verlo, pude notar que el chico había sonreído tiernamente al escuchar aquello. Una de sus manos soltó la mía y la aproximó delicadamente hacia mi rostro para después acariciar mi mejilla con ternura. Segundos después, pude apreciar cómo acercaba su rostro y cómo el suave tacto de sus dedos en mi mejilla era reemplazado por el dulce toque de sus labios, sorprendiéndome. No pude evitar ruborizarme al instante y él, no tardó en separarse completamente de mí, soltando la única mano que aún había mantenido unida a la suya. Al volver a alzar la mirada, pude ver que su rostro también se encontraba levemente sonrojado.
     —Espero volver a hablar contigo pronto, Sophie —aquello, fue lo último que dijo antes de despedirse y finalmente marcharse de allí.

*     *     *

     El día transcurrió más rápido de lo imaginado. Había pasado casi toda la tarde junto a Lys en las pistas de esquí entre miradas fugaces y breves momentos de afecto, pero cuando parecía que iba a pasar lo que tanto ansiaba, el chico acababa alejándose de mí, dejándome con las ganas de probar aquellos carnosos y fríos labios que tantas veces antes había imaginado con besar.
     No estaba segura de si lo hacía conscientemente o no, pero cada vez que se alejaba, me dejaba con la angustiosa sensación de tener un nudo en la garganta y, al final, tuve que darme por vencida de conseguir mi propósito el resto de la excursión.
     Fue entonces cuando nuestra pequeña Sophie hizo acto de presencia, encontrándonos a los dos caminando hacia la estación de esquí. Lo extraño era que ni el pelirrojo ni el delegado se encontraban revoloteando a su alrededor.
     —¿Dónde se han metido tus guardaespaldas? —pregunté con sorna, saludándola con un breve gesto mientras me acercaba a ella, cargando los esquís que anteriormente había utilizado.
     La chica no contestó. Simplemente hizo un leve gesto tristón con la cabeza a la vez que agachaba levemente la mirada.
     Parecía ser que esto requería de una leve charla urgente entre chicas, algo que también me hacía falta a mí, la verdad.
     —Lys —llamé su atención dirigiéndome a él—. Voy a hablar un momento con Sophie. Parece que está teniendo problemas con un asuntillo. ¿Te importa si nos vemos después? —intenté no sonar demasiado rara para que no notase mi decepción en cuanto a lo ocurrido a lo largo de la tarde, pero al parecer no conseguí demasiado bien mi cometido.
     —…Vale —contestó sin apartar su mirada de mí ni un solo instante para después añadir lo siguiente—. Hablaremos después, entonces.
     Fruncí levemente los labios al escucharlo decir eso y asentí desviando levemente la mirada hacia la izquierda, incapaz de mirarlo directamente a los ojos.
     El chico pareció dudar un momento entre marcharse o no, pero al echar un vistazo al gesto de Sophie, se dio por vencido y lo dejó estar. Tras quitarme delicadamente los esquís de mis manos y acomodarlos junto con los suyos sobre sus hombros, se despidió con un leve gesto para después desaparecer tras la puerta de la estación de esquí.

*     *     *

     Tras dejarnos solas, acabé contándole lo ocurrido a Akora, quien no dudó en quedarse en silencio hasta que terminase de relatarle todo con pelos y señales.
     —¿En serio no te das cuenta de lo que ocurre? —dijo la pelirroja tras terminar de contarle todo—. ¡Los tienes a los dos en la palma de tu mano!
     —¿A los dos?
     —¡Sí! Es obvio que le gustas a Nathaniel, ¡él mismo te lo ha dicho! Pero por otra parte, es la primera vez que escucho que Castiel se comporta de tal manera con una chica, y no solo eso, dormisteis juntos. DOS VECES —enfatizó.
     —Eso no tiene nada que ver… —balbuceé notoriamente avergonzada.
     —Ya, claro, seguro —puso los ojos en blanco y, seguidamente, me miró seriamente—. Sophie, esto es serio. Estás intentando tratar con los sentimientos de ambos chicos por igual, cuando lo que deberías hacer es pensar quién te gusta realmente. Esto no es solo por tu bien, es por el bien de ellos dos también. No puedes estar jugando a quién resiste más, ni a quién te quiere más; no solo porque estás ilusionándolos inútilmente sin darte cuenta, sino que además va a llegar el día en que encuentren a otra persona y tú perderás la oportunidad de estar con quien realmente te gusta de los dos.
     Las duras palabras de mi amiga me hicieron encogerme y desanimarme aún más de lo que ya estaba. Sin embargo, no podía replicarle nada. Tenía toda la razón.
     —Aunque por otra parte, es comprensible que no sepas qué hacer —continuó, esta vez suavizando un poco el tono—. Los conoces desde hace relativamente poco. Tampoco estoy del todo segura de que le gustes a Castiel, además de que parece que no ha querido dejártelo claro. ¡Pero Nathaniel sí! Normalmente no defendería al delegado, pero es un paso muy valiente el que ha hecho. Y como ya te dije, ha cuidado sus palabras y ha decidido conocerte mejor y tener una cita contigo antes de proponerte ser algo más. Es solo una cita, Sophie. ¡No te va a comer! O al menos eso espero, porque si no, soy yo la que le cortará los huevos —aquello último consiguió arrancarme una risa, algo que alegró notoriamente a Akora—. Sophie, eres preciosa y una chica encantadora, da igual lo que digan los demás. Y, aunque te conozco de poco, sé que tienes un buen corazón y no quieres hacer daño a nadie, pero, amiga mía, siento decirte que en temas amorosos siempre saldrá alguien herido quieras o no. Si te decantas por alguno de los dos, el otro acabará destrozado, y si no eliges a ninguno, seréis los tres los que acabéis mal —hizo una pequeña pausa, observándome y continuó—. Si yo fuese tú, intentaría darle una oportunidad a Nathaniel. Es el que ha decidido arriesgarse a pesar de todo. Tantéalo y si da la casualidad de que le correspondes, intenta algo más. Y si no te convence, siempre puedes decirle la verdad sin ningún problema, pero tienes que decirle claramente lo que piensas y tus verdaderas intenciones desde el principio. Además, haciendo esto podrás ver si el pelirrojo hace algún movimiento o no para impedir que Nath y tú estéis juntos. Así te quedará todo algo más claro. ¿No crees?
     Tras analizar todo lo que me había dicho, asentí lentamente. Me daba algo de vergüenza que Akora me tuviese que aconsejar de aquella manera, dejándome claro todo de una forma tan… masticada y precisa, como si de no ser por ella no pudiese avanzar por mi propio pie. Sin embargo, era la primera vez desde hacía mucho tiempo que podía decir lo que realmente sentía a alguien cercano y que este me aconsejase desde un punto de vista lógico y externo sin juzgarme a la primera de cambio. No podía perder la oportunidad de disfrutar de la compañía de una verdadera amiga.
     Al pensar en todo aquello, sonreí levemente, haciendo que la chica me devolviese la sonrisa de oreja a oreja.
     De un momento a otro, sin esperarlo siquiera, la pelirroja me abrazó efusivamente mientras decía lo siguiente.
     —¡Ay, mi pequeña Sophie! ¿Qué harías sin mí?
     —Es cierto. No sé lo que haría sin ti —respondí devolviéndole el abrazo—. Muchas gracias, Akora.
     Fue en ese preciso momento cuando alguien carraspeó, interrumpiendo nuestra charla y nuestro abrazo y haciendo que captásemos su atención. Nos separamos, dirigiendo la mirada hacia aquella persona que nos había chafado un poco la excursión cuando llegamos, aquella chica de pelo azul que supuestamente compartía habitación con nosotras y a la que no habíamos vuelto a ver desde que había vuelto con aquella herida en el cuello.
     —Ashley…
     —Oh, vaya, si parece que la pelirroja ha hecho los deberes —sonrió sin más la mencionada—. Bonita escena de amor la que acabo de presenciar. Solo os faltaba daros un buen morreo y marcharos a un bonito hotel.
     —¿Qué es lo que quieres? —preguntó tajante Akora.
     Por mi parte, no pude evitar fijarme en que tenía una bufanda puesta alrededor del cuello, tapando el vendaje ligeramente ensangrentado que le cubría la herida.
     —Solo quiero charlar… Aunque no contigo, claro, sino con tu amiguita —me señaló con la mirada, y antes de que ninguna de las dos replicásemos nada, continuó—. Aún no le has dicho nada de lo que sabes, ¿cierto?
     Akora pareció tensarse, mas no dejó que aquello le acobardase. No entendía de qué estaban hablando.
     —No sé de qué me hablas.
     —Oh, vamos. ¿Ahora me vas a decir eso después de haber escuchado cómo el pequeño “Lys” te descubría su secretito?
     —¿De qué está hablando, Akora? —pregunté, desviando la mirada hacia mi amiga.
     —Cierto, ¿de qué estoy hablando, Ako?
     La pelirroja, enfurecida por su actitud, se acercó a ella amenazante, harta de todas sus burlas, pero antes de que hiciese o dijese nada más, la voz de Mark se escuchó en la distancia, más precisamente, desde la entrada a la estación de esquís.
     —¡Chicos y chicas! ¡El recreo ha terminado! Está empezando a oscurecer, así que por favor, devolved los esquís lo antes posible y reuníos conmigo aquí. En cuanto estemos todos, procederemos a volver a la cabaña. Avisad a todos los que aún se encuentren en las pistas también. ¡No tardéis, por favor!
     —Salvada por la campana, ¿eh? —volvió a mofarse la tal Ashley, haciendo que Akora bufase molesta.
   —Será mejor que vaya a buscar a Lys —dijo sin más, aguantándose las ganas de meterse en una pelea con aquella chica—. ¿Vienes Sophie?
     La miré durante unos segundos y, dubitativa, desvié la mirada hacia la chica peliazul, quien me ofreció una sonrisa un tanto extraña que no pude descifrar.
    —Ahora os alcanzo —acabé diciendo volviendo a ver a la pelirroja y haciéndole entender con la mirada que quería saber qué era lo que tramaba aquella chica.
     —… Como quieras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario