¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

miércoles, 28 de junio de 2017

Capítulo 22

     Un rato después de haber entrado en la estación de esquí, terminé encontrándome una vez más con Lysandro, quien nada más percatarse de mi presencia, me dirigió una leve y tierna sonrisa. La furia que sentía por aquella peliazul se apaciguó nada más verlo sonreír de aquella manera. Mis mejillas acabaron por colorearse levemente y mis pasos se dirigieron hacia él. Estaba sentado en uno de los sofás de la estancia, con una de sus libretas en la mano y sujetando un bolígrafo con sus dedos.
     Nada más terminar de acercarme, cerró delicadamente la libreta y se echó a un lado para que pudiese sentarme junto a él.
     —Parece ser que hoy no se te ha extraviado la libreta —le sonreí mientras me sentaba lo suficientemente cerca de él como para que nuestra conversación no llamase mucho la atención. En aquel momento, aquella sala donde nos encontrábamos estaba lleno de gente y podía asegurar que sus conversaciones se escuchaban a varios metros de distancia.
     —Puede ser que sea porque hoy tengo una razón especial para estar atento a todo lo que me rodea —contestó aún sin dejar de sonreír, girándose un poco hacia mí y tomando una de mis manos para después acercársela y posar suavemente los labios contra esta.
     Me quedé observándolo anonadada sintiendo las mejillas arder. La decepción que había sentido a lo largo de la tarde al no obtener mi ansiado propósito se esfumó por completo y en aquel momento deseé por todos los dioses del mundo, si es que realmente existían, que si aquello era un sueño, no me despertasen jamás.
     —Entonces... —murmuró mientras volvía a levantar la mirada para fijar sus ojos en los míos—, ¿vas a decirme qué te ocurría esta tarde?
     No supe cómo reaccionar. Me quedé observándolo unos segundos, procesando lo que me acababa de preguntar y no supe qué responderle. Estaba feliz de estar así con él, de tener lo que tenía en aquel momento con el chico del que había estado enamorada por todo un año. No era cuestión de empezar a reprocharle nada cuando siquiera había pasado un simple día desde que empezamos a salir.
     —No es nada —acabé respondiéndole con una leve sonrisa dibujada en el rostro y apreté suavemente su mano contra la mía—, era una simple tontería.
     —¿Segura? —preguntó, aún sin estar demasiado convencido de mi respuesta, a lo que yo le respondí acercándome a él y plantándole un pequeño beso en la mejilla. El chico se me quedó mirando unos segundos mientras que sus mejillas se coloreaban levemente. Finalmente, sonrió—. No tienes remedio...
     El chico me observó con ternura mientras su mano restante acariciaba y se deslizaba por uno de mis brazos, ascendiendo lentamente hasta posarse en mi mejilla. El corazón me empezó a latir frenético de la felicidad que sentía.
  —Hey, tortolitos —una voz nos sorprendió y, casi por impulso, nos separamos rápidamente, avergonzados. Era Castiel—. Menuda reacción —sonrió burlón.
     —D-deja de burlarte y di de una vez qué es lo que quieres, i-idiota —desvié la mirada hacia otro lado, intentando ocultar mi sonrojo mientras Lys se mantenía en completo silencio.
     —...¿Habéis visto a la novata? —preguntó sin más, con un tono ciertamente extraño que no supe identificar. ¿Se había enterado de lo de Nath y ella?—. Lo último que sé es que se fue corriendo detrás del estúpido del delegado hace un rato...
     —Oohh... ¿te dio plantón por él? —me burlé yo esta vez, pero al ver que en vez de contestarme, desviaba la mirada, me extrañé—. Amm... Lo último que sé de Sophie es que hace unos minutos se fue con la tal Ashley. Por lo visto, quería arreglar unos asuntos con ella —al decir aquello, observé cómo Castiel y Lys se observaban con cierta angustia y, el pelirrojo, sin decir nada más, salió corriendo del lugar, desapareciendo rápidamente por la puerta.
     No entendía nada de lo que estaba ocurriendo.


*     *     *

     Tras ver desaparecer a Akora por la puerta de la estación de esquí, aquella chica peliazul llamada Ashley me dijo que quería hablar en un sitio más privado, así que nos alejamos un poco del lugar, adentrándonos en el bosque.

     Ya habían dado el primer aviso de reagruparse en la estación de esquí, y sabía que si los profesores o los monitores se enteraban de que nos estábamos alejando en aquel momento, nos podría llegar a caer una buena, pero a pesar de ello, había decidido atender a aquella chica y solucionar cualquier problema que tuviese con nosotras. No estaba dispuesta a dejar que nos dirigiese aquella hostilidad sin razón alguna.
     La nieve comenzó a caer en forma de copos de nieve y, al poco tiempo, comenzó a hacer algo más de viento. Tenía un mal presentimiento de todo aquello, pero aun así no quise hacer caso a aquel impulso por el simple hecho de que últimamente me estaba empezando a jugar malas pasadas y podía estar equivocada esta vez. Eso sí, no dejé de estar alerta en todo el tramo que estuvimos caminando, pues a pesar de no fiarme del todo de mi propia intuición, el habernos alejado tanto y aquella nevada repentina me estaban empezando a inquietar.
     —Ashley —la llamé, pero no se detuvo—. Ashley, dime de una vez qué es lo que quieres —me paré en seco allí mismo, sin intención de seguir avanzando al observar que lo único que nos rodeaban eran innumerables árboles (prácticamente idénticos a mi parecer)—. Ya nos hemos alejado suficiente. No pienso seguir adelante si tu intención es irnos aún más lejos —la chica se detuvo, mas no se dio la vuelta en ningún momento—. ¿Qué tienes contra nosotras? No te hemos hecho nada. De hecho, acabamos de conocerte y aun así nos tratas como si te hubiésemos causado algún mal. Si no nos lo explicas, no podremos entenderlo.
     —Cuesta creer lo ilusa que puedes llegar a ser —murmuró y comenzó a reír levemente—. Pareces ser la única que no está al tanto de todo y, sinceramente, eso hace todo mucho más divertido —se dio la vuelta y me miró fijamente, dejándome ver su gesto burlón y ciertamente ensombrecido—. Tus amigos no son lo que parecen pequeña Sophie.
     —Déjate de tonterías Ashley. ¡Tú ni siquiera los conoces!
     —Eso es lo que tú crees, pero lo cierto es que los conozco mejor que esa amiguita tuya, que tan desesperada está por el blancucho, y tú. Si tan amigos sois, ¿cómo es que no te han contado su secreto?
     —¿Se puede saber de qué estúpido secreto hablas? ¡Dilo claro! Y si no han querido contarme nada, será porque no es algo que me incumba. Además, nadie te ha preguntado nada sobre ellos. ¡Déjanos tranquilas de una vez! —la chica volvió a reír.
     —¿Crees en los vampiros, pequeña?
     —¿Qué…? ¿Pero de qué estás hablando? Se te ha ido la cabeza.
   —¿Y en los hombres lobo? —la chica comenzó a acercarse a mí, obligándome a retroceder—. Oh, vamos, ¿tienes miedo de mí?
     —No debería haber ido contigo. Estás como una cabra.
     —¿De veras crees que estoy loca? ¿No querías saber qué era lo que me pasaba? —la chica volvió a aproximarse a mí, pero esta vez, vi estupefacta cómo su piel comenzaba a cambiar y a tornarse de otra textura y otro color—. ¿Quieres saber qué problema tengo con vosotras? Resulta que sois dos indefensas humanas que, por lo visto, tienen un pésimo y desafortunado gusto por los chicos. Esa pelirroja en particular me da exactamente igual que ande con ese estúpido vampiro, pero tú… —su cuerpo comenzó a inclinarse cada vez más, a medida que daba un paso sobre otro. Su tono burlesco pasó a tornarse en uno lleno de ira—, has osado acercarte a quien no debías, y aún más siendo hija de aquel bastardo asesino —su transformación terminó al cabo de unos segundos y, para mi espanto y mi horror, se había transformado en un enorme lobo de color negro—. Tú… ¡Deberías estar muerta!
     Mi espalda chocó con uno de los troncos del lugar. Mi cuerpo entero comenzó a temblar y mi mente pareció explotar al haber vislumbrado tal anomalía. Aquello no podía ser real. ¿Era esto una pesadilla? Sus gruñidos se hicieron sonar en la estancia, acechantes. Era prácticamente la misma situación que tuve con aquel lobo de pelaje plateado, sino que esta vez, sí que corría peligro, lo sentía, y aquella chica, o mejor dicho, aquel monstruo que se encontraba frente a mí, no parecía tener la misma piedad que tuvo el lobo de ojos grises.
      En un momento dado, aquella monstruosidad había dejado de hablar y sus feroces gruñidos se intensificaron. Cuando quise darme cuenta, aquella criatura estuvo casi por abalanzárseme, sin embargo, logré reaccionar a tiempo y me agaché rápidamente para después utilizar el árbol como impulso para salir huyendo de allí.
     Corrí todo lo que pude hacia una dirección aleatoria, sin embargo, la nieve dificultaba mis pasos y a cada movimiento que hacía, notaba que me asfixiaba del mismo esfuerzo que intentaba realizar. Aquella criatura me perseguía, me pisaba los talones, y aunque intentaba despistarla con los múltiples árboles del lugar, parecía que no se iba a dar por vencida.
     ¿Por qué estaba ocurriendo aquello? ¿Qué había hecho yo para que aquella bestia me persiguiera con el fin de matarme? ¿Y a qué se refería con que era hija de un asesino? El rostro sonriente de mi padre se dibujó en mi mente unos segundos y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. ¿Qué se suponía que estaba pasando?
     En un desafortunado tropiezo, caí de bruces al suelo y noté la nieve bajo mi piel. Mis piernas se negaron a moverse y empecé a jadear y a toser al no poder regular mi respiración. Estaba totalmente perdida. Iba a morir. Aquel era el fin.
     Fue en ese mismo momento, en ese instante de desesperación, que un aullido se escuchó seguido de un llanto lastimero. Al darme la vuelta, observé cómo aquella bestia que me había estado persiguiendo era atacada por aquel enorme lobo plateado, aquel lobo que había estado siguiendo aquellas últimas semanas por el bosque del pueblo. Entonces, era cierto que me había seguido hasta aquí, pero... ¿cómo?
     Una batalla sangrienta y sin escrúpulos se dio allí. Estaba paralizada. No podía terminar de creerme todo lo que había ocurrido en tan solo unos instantes. La pelea continuaba frente a mis ojos. Ambos se mordían, se empujaban, se arañaban... Se daban zarpazos y se agarraban al cuello del adversario con la mandíbula e intentaban lanzarlo por los aires. Los ladridos, los gruñidos y los rugidos se escuchaban una y otra vez.
     En el momento en el que la loba negra intentó volver a abalanzarse sobre mí, el otro volvió a protegerme sin dudarlo. Fue entonces cuando lo escuché. "MALDITA SEA, ¡VETE DE AQUÍ DE UNA VEZ! ¡LÁRGATE! ¡CORRE!".
     Mis piernas, mis brazos y todo mi cuerpo entero volvió a reaccionar. Me levanté rápidamente de la nieve y sin pensarlo dos veces, comencé a correr de nuevo, esta vez procurando no volver a tropezarme, alejándome todo lo que pude de aquel lugar.


*     *     *

     Al cabo de un rato, la pelea entre ambas bestias había terminado. Mientras que una quedó inmóvil e inconsciente en la fría nieve que cubría el paraje, tiñéndola de rojo, la otra se levantó, observando su alrededor. Olisqueó un poco la nieve y, cuando localizó su objetivo, comenzó a correr con las últimas fuerzas que le quedaban. La adrenalina del momento no le dejó percatarse de su pata herida y, a pesar de la leve tormenta que se había desatado de un instante a otro, no dudó en continuar hacia delante, siguiendo el rastro de aquella chica que había huido hacía poco.

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