¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

domingo, 8 de octubre de 2017

Capítulo 24

     Tras habernos reunido a todos, nos organizamos para poner los sacos en unas cuantas filas de forma paralela respecto a los demás para estar bien situados, poder aprovechar el espacio lo máximo posible y así caber todos en la estancia.
     Me había dirigido momentáneamente al baño para asearme y, a la vuelta, pude vislumbrar cómo los últimos compañeros iban terminando de colocar sus respectivos sacos en el suelo para finalmente meterse en ellos. La mayoría de los sacos eran individuales, mientras que los grandes eran compartidos por un par de amigos o por alguna pareja.
     No tuve que buscar demasiado para finalmente encontrar a Lysandro. Su cabellera plateada era indudablemente más notable que la de los demás. Por otra parte, he de admitir que, además de que era uno de los pocos que tenía un color de pelo tan llamativo, me era bastante sencillo encontrarlo entre la multitud.
     Sonreí tontamente al recordar nuestro beso de hacía tan solo unos minutos y no dudé en aproximarme hacia el chico, quien ya se hallaba recostado dentro de nuestro saco de dormir, manteniendo este desabrochado para cuando yo volviese.
     Al notar mi presencia, alzó un tanto la mirada para poder observarme y, tras aquello, se removió un poco con el objetivo de hacerme algo más de hueco, a la par que fijaba su vista en mí con cierta inquietud. Sin más dilación, me agaché momentáneamente para después sentarme en el suelo y así poder quitarme los zapatos.
     Ahora que lo pensaba, esta sería la primera vez que dormiríamos juntos. Si bien era cierto, hubo algunas ocasiones en las que nos quedamos a dormir en casa de Castiel tras pasar allí la tarde viendo películas y comiendo palomitas, pero esto era distinto. Allí, nos quedábamos dormidos siempre en el sofá, y hubo alguna que otra vez que Castiel se quedó frito en el suelo junto a Demonio. Sin embargo, esta vez, Lysandro y yo compartiríamos cama, o mejor dicho, saco, y nuestra relación había dado un enorme paso hacia delante. Prácticamente no se podía comparar con las veces que dormimos en casa del pelirrojo. No era lo mismo.
     Desvié la vista hacia el peliblanco y este me devolvió la mirada con cierto fulgor en sus ojos. Mi corazón comenzó a hacerse notar con sus incesantes latidos, pero no dejé que aquello me frenase. Sin dudarlo un momento más, me aproximé a él y me adentré con cierto nerviosismo en el saco, cerrando la cremallera para no coger frío y quedándome a tan solo un palmo del cuerpo del chico.
     Me giré hacia él, agachando un tanto la cabeza. Observé cómo su pecho se movía al compás de su respiración. Volví a alzar la vista hacia su rostro, y nada más hacerlo, sus labios acabaron sellando los míos con dulzura. Mi cuerpo se estremeció y noté cómo el corazón me volvía a dar un vuelco.
     Cuando quise darme cuenta, sus brazos me habían rodeado por completo, haciendo que posase mi cabeza sobre uno de ellos y estrechándome con cariño contra su pecho.
     Buenas noches, Akora terminó por susurrar con suavidad tras separar lentamente sus labios de los míos.

***

     A cada paso que daba, la fatiga iba apoderándose cada vez más de mí. Intentaba huir todo lo rápido que podía, pero en un momento dado, tropecé y acabé dejándome caer en la nieve. Mi cuerpo dejó de responderme al instante. Me costaba respirar y el sudor estaba comenzando a hacerme sentir el frío invernal de aquella montaña. No podía más.
     A penas podía moverme. Los minutos pasaron y mi cuerpo comenzó a temblar sin poder evitarlo. No sabía si realmente los había perdido de vista o no, pero esa duda se desvaneció al escuchar pasos cerca de allí.
     Aquel lobo... me había alcanzado.

     Me desperté de golpe totalmente alarmada, aún creyendo que seguía en peligro. La imagen de aquel lobo acercándose a mí pasó instantáneamente por mi mente, haciéndome estremecer del miedo. ¿Había sido solo mi imaginación o realmente acabó encontrándome? Aunque, ahora que lo pensaba, estaba totalmente ilesa. ¿Qué había ocurrido exactamente después de que me desmayase?
     Observé un momento mi alrededor, descubriendo que me hallaba en una especie de cueva, resguardada del frío, y que al parecer, la tormenta había amainado casi por completo. Aunque aquello no fue lo que captó realmente mi atención. Lo que me sorprendió fue verme en brazos del pelirrojo y que este siguiese durmiendo a pesar del sobresalto que había tenido al despertarme.
     ¿Cómo diantres había llegado hasta allí? ¿Cómo me había encontrado? Y lo que es más, ¿se habría encontrado con aquellos lobos por el camino?
     Cientos de dudas comenzaron a amontonarse en mi mente, sin embargo, todo se disipó al escuchar al chico gruñir de un momento a otro, sorprendiéndome al notar cómo repentinamente comenzaba a estrecharme contra él.
     Mi rostro enrojeció por completo, y aún más al notar su respiración hacerme cosquillas en el cuello. No sabía cómo reaccionar en aquel momento. El corazón comenzó a acelerárseme sin poder evitarlo.
     —C-Castiel.
     —... —el chico volvió a gruñir. Primero, movió ligeramente la cabeza, comenzando a despertarse, sin embargo, cuando pareció espabilarse del todo, removiéndose un tanto en el sitio, acabó profiriendo un pequeño bufido de dolor.
     Intenté girarme nada más escucharlo, pero el chico reafirmó su agarre, impidiéndome cualquier movimiento, y acabó soltando un pequeño suspiro.
     —Idiota... —dijo sin más en un murmullo, con la voz un tanto ronca.
     Me quedé callada, sin saber qué responderle, sintiéndome culpable por todo lo sucedido y, a la misma vez, notando cómo el corazón se me iba acelerando por momentos. Sus brazos me volvieron a estrechar contra él sin ejercer demasiada fuerza, no sé si para no hacerme daño o porque no tenía demasiadas energías para hacerlo, pero simplemente me atrajo hacia él. Su cabeza acabó apoyándose en uno de mis hombros, haciéndome estremecer al notar su respiración tan cerca de mi oído.
     —No vuelvas a darme estos sustos... —suspiró, aparentemente aliviado—. Estaba... —se corrigió—. Estábamos muy preocupados por ti, imbécil.
     Volvió a insultarme, mas no me enfadé por ello. Tenía razón. Había sido una completa estúpida.

***

     Al cabo de un rato, tras fijarnos en que ya había salido el sol, nos encontrábamos ya fuera de aquella cueva, alejándonos de ella en busca de la cabaña. Castiel no quería admitirlo, pero estaba claro que se había hecho daño en uno de sus brazos y, al parecer, también en el tobillo, pues cojeaba un poco al andar. Estaba segura de que le estaba costando mucho el caminar por la nieve.
     Sin previo aviso, me aproximé a él y lo tomé del brazo, haciendo que me rodeara los hombros con él para que me usase de apoyo para andar. En un principio, se dispuso a negar mi ayuda, pero al rato, se dejó llevar.
     En el camino que llevábamos, no hubo conversación alguna. Ambos nos mantuvimos en silencio. Por mi parte, mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo. A la regañina que nos iba a caer, lo preocupados que estarían todos, al hecho de que Ashley fuese un monstruo,  el que aquel lobo plateado me hubiese salvado, el que Castiel se hubiese arriesgado de tal manera al ir a buscarme y... a la proposición de Nathaniel. Mi cabeza parecía una bomba a punto de explotar, sin embargo, al cabo de un rato acabó disipándose todo excepto una cosa.
     Desvié la mirada hacia el pelirrojo momentáneamente. "¿Nathaniel o... él?".
     —...Nathaniel me ha pedido tener una cita con él —comenté repentinamente.
     Al instante, Castiel detuvo su paso. Se mantuvo un momento en silencio y noté cómo su brazo se tensaba por completo.
     —¿Y qué? —escupió aquella pregunta con desdén, sin ocultar lo más mínimo su furia.
     —... —medité un momento lo que estaba por decir, pero finalmente, lo dejé ir—. Solo... quería saber qué pensabas tú al respecto.
     Nada más decir aquello, eché un vistazo a su rostro. Lo único que pude ver en él, fue el disgusto dibujado en su gesto.
     —¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Eres imbécil? —sus palabras sonaron más afiladas de lo que pensé, y no pude evitar encogerme al escucharlo.
     Aquello estaba saliendo mal. Mi intención no era hacerlo enfurecer. Había escogido las palabras erróneas para mi cometido. Yo lo único que quería... era saber qué era lo que sentía el pelirrojo por mí. Sin embargo, me acobardaba la idea de preguntárselo directamente.
     —¿Por qué te has arriesgado a tal punto como para encontrarme?
     Su gesto pareció suavizarse un poco. Se mantuvo un momento en silencio, meditando, sin embargo, la respuesta que me dio a continuación, fue como un balde de agua fría.
     —Porque... es lo que hacen los amigos, ¿no?
     Noté una punzada en el corazón al escuchar aquello. ¿Era así como me veía? ¿Como una simple amiga? Para cuando quise contestar y preguntarle si era realmente así, una voz a lo lejos captó nuestra atención.
     Era uno de los monitores, Carole. Nos había encontrado.


***

     Como era obvio, recibimos una eterna regañina, tanto de parte de los monitores como de los profesores. Akora, al vernos, se abalanzó sobre nosotros, pero lo que inicialmente parecía ser un abrazo, acabó convirtiéndose en dos pequeños golpes para cada uno. Lysandro, por el contrario, se comportó más formalmente y se alegró de que ambos estuviésemos bien.
     Nadie se había dado cuenta de que Castiel estaba herido, este mismo se había asegurado de que no se percataran de ello. Nada más encontrarnos la monitora, se separó de mí al instante y se mostró totalmente indiferente al dolor, intentando actuar normal frente a todos.
     Con respecto a Ashley, parecía haber vuelto la noche anterior, aunque no se dejó ver. Lo único que dejó fue una nota diciendo que sus padres la habían recogido y en la que se disculpaba por haberse ido tan repentinamente. Los monitores y los profesores, para asegurarse, llamaron al teléfono de sus padres para confirmarlo y, por lo visto, era cierto.
     Justo en aquel momento, noté cómo el pelirrojo se percataba de algo, y nada más verlo, se alejó de nosotros. Desvié la vista hacia donde había estado mirando el chico y acabé encontrándome con los ojos ambarinos del delegado, quien al verme, no dudó ni un instante en aproximarse rápidamente hacia mí y rodearme con fuerza con sus brazos.
     —Cómo me alegro de que estés bien —murmuró en mi oído sin ocultar ni un ápice su alivio.
     En aquel momento, no pude negar aquel cálido abrazo. Por el contrario, me apegué a él, respondiéndole de la misma forma y ocultando el rostro en su pecho.
     El dolor que sentía en mi corazón me lo había confirmado. Me había dado cuenta de que no era Nathaniel quien me gustaba. Sin embargo, en aquel instante, lo único que necesitaba para lograr tranquilizarme era aquello. Alguien que me arropase entre sus brazos con fuerza y cariño.


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