¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Capítulo 25

     Tras el reencuentro, las regañinas y un leve descanso, procedimos a volver a la cabaña. En todo el camino, no pronuncié palabra alguna, y al contrario que la vez en que nos dirigíamos a la estación de esquí, me mantuve únicamente al lado de Nathaniel en todo momento, intentando evitar las miradas furtivas de Akora y Lysandro y, sobre todo, el toparme con los ojos del pelirrojo.
     "Porque... es lo que hacen los amigos, ¿no?". A causa de aquellas palabras, me era imposible el no sentirme avergonzada y rechazada a la mismo tiempo, aun sin haber recibido una respuesta clara a la cuestión que realmente quise formularle. Sabía que estaba dolida sin razón, sin un motivo ni un argumento bien fundamentado, pues ni siquiera yo estaba segura de mis sentimientos hasta aquel momento; sin embargo, el solo imaginar al chico rechazándome e intentando decirme que no me veía de aquella forma, me echaba totalmente para atrás y me hacía sentir aún más decaída de lo que ya estaba.
     Por otra parte, una vocecilla en mi interior me decía que aquellas palabras que tanto me habían afectado no eran propias del pelirrojo. Sentía que Castiel había pasado de querer conocernos más a intentar construir un pequeño muro entre los dos. No entendía por qué me había dicho que le importaba cuando quiso saber lo que me atormentaba a principios de la excursión y que, ahora, al preguntarle directamente por qué había ido tan lejos por mí, simplemente me hubiese contestado con un "es lo que hacen los amigos".
     En lo que había transcurrido de excursión, no ha habido apenas una situación en la que me viese solo como una simple amiga. Cada vez que me consolaba, cada vez que me abrazaba y me aferraba a su pecho con ese temor a perderme, ¿realmente lo hacía solo porque "era su amiga"? ¿No lo hacía por nada más? No lo entendía... Me era imposible entenderlo.
     ¿A caso me había equivocado analizando sus gestos, sus acciones y sus palabras? ¿Puede que me estuviese volviendo egocéntrica al pensar que pudiese tener esos sentimientos por mí y no por cualquier otra persona?
     Un torbellino de pensamientos se apropió de mi ser. Sentía que a cada paso que daba, más desanimada me sentía por todo ese asunto. Era consciente de que estaba haciendo una montaña de un simple grano de arena, pero mi mente no parecía querer darme tregua alguna.
     En medio de toda aquella abatida, una tenue y cálida luz consiguió hacerme despertar de mis más remotos pensamientos. Nathaniel me había tomado de la mano y la había presionado con suavidad para captar mi atención. Sus ojos me observaron con preocupación.
     —Sophie, ¿estás bien?
     Nada más alzar la vista hacia él, el chico detuvo su caminata, haciéndome parar también. El rubio no se esperaba verme con los ojos brillosos a causa de las lágrimas que se habían acumulado en ellos.
     Observé con detenimiento aquellos orbes ambarinos del delegado, dejándome embaucar por ellos y por la calidez que me transmitían. Mis labios se curvaron en una pequeña y tímida sonrisa y, a la vez que una traviesa lágrima lograba escapar de mis ojos, acabé aproximándome al chico y apoyando la cabeza sobre su pecho, tirándole suavemente de la camiseta con mi mano restante.
     —Sí quiero —dije sin más.
     El rubio no supo cómo reaccionar. No se esperaba para nada que hiciese aquello y ni siquiera sabía a qué era a lo que me refería con aquella afirmación. Su rostro se enrojeció un tanto e intentó preguntarme a qué venía todo aquello, pero antes de que pudiese formar aunque sea una palabra, me adelanté a él.
     —Quiero tener esa cita contigo, Nath.

***


     —¿Se puede saber qué has hecho, Castiel? —le di un pequeño empujón, molesta por su actitud.
     De camino a la cabaña, Lysandro, Castiel y yo nos habíamos quedado un tanto apartados de Sophie y del delegado, quienes parecían estar absortos en su mundo, la chica perdida en sus pensamientos y el chico observándola con preocupación. En un momento dado, se habían detenido y, cuando quisimos darnos cuenta, el rubio estaba abrazando con fuerza a Sophie tras haberla escuchado decir algo.
     No sabía con certeza lo que le había dicho al rubio, pero estaba segura de que aquella situación significaba que se había decantado finalmente por él. Lo que no entendía era el porqué se había decidido por él cuando Castiel se había arriesgado a tal punto como para ir a por ella en medio de una tormenta y habían pasado supuestamente la noche juntos.
     Estaba segura de que el pelirrojo la había pifiado en algún momento y, nada más llegar a la cabaña, nos apartamos y procedí a saber qué es lo que había ocurrido, pero el chico parecía totalmente indiferente y estaba casi ido tras todo lo sucedidio. Ni siquiera mostró reacción alguna tras recibir mi empujón.
     —...Solo he hecho lo que tenía que hacer. Es mejor así.
     —¿En serio? —incrédula, respondí con sorna y lo observé con detenimiento—. Después de montar todos los numeritos que has montado por tal de que Sophie no se acercara tanto a Nathaniel, ¿y ahora vas y los juntas? ¿Se puede saber qué es lo que te pasa en la cabeza? ¿Tienes resina en el cerebro o qué?
     —No lo entiendes... No puedes entenderlo de todas formas.
     —¿El qué debería entender? ¿Que eres un maldito licántropo cobarde y estúpido?
     La mirada de Castiel ascendió rápidamente, sorprendido de que dijese aquellas palabras y noté cómo la mano de Lysandro se posaba sobre mi hombro, intentando calmarme. La acababa de pifiar.
     —...—el pelirrojo alternó la mirada entre Lysandro y yo para finalmente fruncir el ceño—. ¿Se lo has dicho? ¿En serio? —escupió con rabia mirando al peliblanco.
     —Castiel. Tenía que saberlo —respondió, intentando defendernos a ambos y calmar los ánimos—. La conocemos de hace ya más de un año. Es nuestra mejor amiga y aliada. No es propio seguir ocultándole la verdad.
     —¿Qué verdad, Lys? Aquí lo único que está claro es que descubrió tu secreto. El tuyo, no el mío. ¿Qué derecho tienes a decirle nada sin mi consentimiento? —el pelirrojo dio un paso hacia delante, furioso. Su mirada era gélida y afilada como la de un cuchillo.
     Lysandro, a su par, me puso detrás de él y dio el mismo paso hacia delante, quedándose frente a su mejor amigo.
     —No tenía tu consentimiento, eso es cierto. Sin embargo, ¿te crees que se quedaría tranquila al haberte visto irte de aquella manera cuando te dijo que Sophie había ido a hablar con Ash? Una persona normal, en una tormenta como aquella, cogería una severa hipotermia, pero en tu caso...
     —¿En mi caso qué? Eso no es excusa para desvelarle nada por tu propia cuenta. Desde que habéis empezado a tontear entre vosotros, estáis más estúpidos que de costumbre —apretó la mandíbula por un momento, asqueado de toda aquella situación—. ¿Y ahora qué pasa si dentro de poco lo dejáis? ¿Qué pasa si os enfadáis el uno con el otro? Ahora por tu culpa, si ocurre eso, estaremos expuestos, imbécil.
     —Eso no es verdad —irrumpí en la discusión, volviendo a ponerme frente a Castiel—. Yo no desvelaría nada a nadie por mi cuenta. ¿Acaso te crees que voy contando las cosas de los demás sin ton ni son? ¿Es que no me conoces o qué?
     —Tú sí que eres la que no me conoce a mí, niñata —la voz del pelirrojo se agravó en aquel momento al mismo tiempo que echaba el cuerpo para delante. Lysandro volvió a ponerme detrás de él para prevenir cualquier cosa.
     Castiel apretó los puños al ver aquel gesto. Alternó la mirada entre los dos una vez más y cuando parecía que iba a explotar del cabreo y soltarnos cualquier cosa, su cuerpo se destensionó un tanto y suspiró, volviendo a decaer su expresión.
     —Está claro que no me conocéis para nada.
     Aquella fue la última frase que dijo antes de dirigirse hacia la salida de la cabaña y salir de allí dando un portazo.

     Tras aquella escena, tuvimos que encubrir a Castiel y calmar a los profesores y a los monitores, diciéndoles que el chico solo iba a caminar un rato, ya que estaba algo estresado y necesitaba calmarse.
     Por mi parte, me disculpé con Lys por haber provocado todo aquello, pero el chico me respondió diciéndome que no era culpa mía y que esto era algo que sucedería tarde o temprano. Además, me confesó que en todo caso, él debería ser quien se disculpase con el pelirrojo, ya que con el gesto que hizo por último, le dio a entender a su amigo de que no se fiaba de que me atacase y eso, no era cierto. Le había hecho daño sin quererlo y, en vez de solucionar las cosas, había acabado provocando una disputa entre ellos.
     Al cabo de un rato, los monitores procedieron a entregar los premios de las fotos ganadoras, cinco fotos ganadoras para ser exactos, tal y como habían prometido al principio de la excursión.
     En un principio, comentaron los premios a elegir. Los cinco ganadores tendrían la opción de elegir entre un ticket para comer gratuitamente en un buffet libre junto con alguien más, un par de entradas para ir al cine o unas entradas gratuitas a una especie de planetario. Todas estas instalaciones se encontraban en la ciudad vecina de donde vivíamos, así que no sería ningún problema ir hasta allí.
     De uno en uno, fueron nombrando a los ganadores. La segunda foto ganadora pareció ser la que echaron Nathaniel y Sophie, aquella de una pequeña ardilla montada en un árbol y con el hocico ligeramente cubierto de nieve. El chico dudó al elegir premio, pero finalmente escogió las entradas de cine. Nada más tomarlas, le dedico una pequeña sonrisa a Sophie, quien le respondió con otra con timidez.
     No sabía si alegrarme o entristecerme ante aquella situación. Me sentía feliz por Sophie, ya que parecía que estaba contenta de haberle dado una oportunidad al delegado, pero no podía evitar sentirme mal al recordar al pelirrojo. Me hubiese gustado que Castiel y ella avanzasen un paso más, ya que parecía que estaban bastante más unidos y, aun así, el pelirrojo había decidido dar marcha atrás.
     —Y el último ganador es... Castiel Degoxs.
     Al escuchar aquel nombre de la boca del monitor, mis ojos se quedaron como platos. Ni siquiera sabía que hubiese llegado a participar en la actividad, y encima de hacerlo por una vez, ganaba. Lo peor de todo es que ahora mismo no se encontraba allí.
     —Bueno, eso es todo. Esperaremos a que vuelva el chico para que escoja el premio. De momento, os informamos de que tenéis el día libre hasta dentro de unas dos horas aproximadamente, momento en el que procederéis a recoger las cosas, ya que el autobús os estará esperando para volver a casa. Esperamos que os hayáis divertido y no dudéis en volver si queréis repetir la experiencia una vez más.

***

     Las horas que teníamos libres pasaron rápidamente, algo que agradecí. En todo aquel tiempo, me había mantenido al lado de Nath, intentando distraerme y evitar hablar con Akora, ya que estaba segura de que nada más acercarme a ella, me avasallaría a preguntas sobre lo sucedido, y lo cierto era que en aquel momento no me sentía demasiado animada para hablar del tema.
     En aquel momento, Castiel volvió a aparecer por la cabaña, sin embargo, no cruzó miradas ni con Akora, ni con Lysandro ni con nosotros dos. Estuvo a punto de dirigirse rápidamente hacia su habitación cuando los monitores le retuvieron para hablar con él sobre la fotografía que había echado y entregarle su premio. El chico miró las opciones con desgana y seleccionó una de las tres opciones sin darle mucho interés. Después, no dudó en despedirse para retomar su camino.
     Tras aquella conversación, los monitores comenzaron a avisarnos a todos para ir recogiendo nuestras cosas de las habitaciones. Suspiré sin mucho ánimo, sabiendo que nada más llegar a la habitación, me encontraría con la mirada inquisidora de la pelirroja y procedí a despedirme de Nath diciéndole un "nos vemos en el autobús", a lo que él respondió con un asentimiento y una pequeña sonrisa.
     Con pesadez, comencé a dirigirme hacia la habitación, casi arrastrando los pies, y nada más cruzar la puerta, mi profecía se cumplió. Akora desvió la mirada de la maleta para situarla sobre mí, sin embargo, no dijo nada. Por el contrario a lo que yo me esperaba, siguió recogiendo sus cosas y ordenándolas con cuidado en su maleta.
     Me aproximé a ella y, tras agacharme a su lado, tomé mi maleta de debajo de la cama.
     —...Siento haberos evitado —comencé diciéndole mientras abría la maleta y comenzaba a recoger mis cosas—. Sé lo que vas a preguntarme, pero ahora mismo no tengo muchas ganas de hablar sobre ello.
     —Pensé que estarías más animada tras haberte decidido... —se mantuvo en silencio durante unos segundos, y al notar que se me ensombreció un tanto el rostro, intentó cambiar de tema—. ¿Quieres sentarte conmigo en el autobús? No sacaré el tema de lo que ha ocurrido ni preguntaré nada. Solo quiero contar algunas cosas que han pasado y que sinceramente me muero por contarle a una amiga a la que aprecio mucho —tras aquellas palabras, no pude evitar sonreír.
     —Claro, me encantaría. Y, Akora... —la chica me miró con una sonrisa de oreja a oreja—, gracias.

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