¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Capítulo 26

     Momentos después, nos encontrábamos haciendo cola para subir al autobús. Carole y Mark se encontraban a ambos lados de la entrada del vehículo, despidiéndose de cada uno de nosotros y entregándonos un folleto de aquel lugar y las fotos que habíamos hecho cada uno impresas en papel de foto.
     En aquel instante, sentí cómo alguien posaba una mano sobre mi hombro. Mi corazón palpitó acelerado sin poder evitarlo, casi esperando que fuese él, pero nada más darme la vuelta, acabé encontrándome con el rostro sonriente de Nathaniel. Intenté disimular la decepción de mi rostro y le respondí con otra sonrisa.
     —¿Ya tienes con quién sentarte en el bus? —me preguntó directamente.
    —Pues... —no pude evitar fijarme en que, al fondo de la fila, se encontraba el pelirrojo un tanto cabizbajo y pensativo. El rostro difuminado de Nath bajo mi vista, recobró la normalidad al volver a centrarme en él—. Lo cierto es que ya acordé con Akora el sentarme con ella.
    —Oh, vaya —hizo una pequeña mueca de desilusión, pero sus ojos volvieron a brillar al instante después tras dirigirme de nuevo la mirada—. Supongo... que no has cambiado de opinión, ¿no? —tardé un momento en reaccionar, pero finalmente pude volver a hilar la conversación.
    —Claro que no —le ofrecí una leve sonrisa tras decir aquello, ocasionando que el chico respirase con alivio.
  —Bueno, pues entonces... —buscó algo entre sus bolsillos para después acabar mostrándome las dos entradas de cine que había elegido como premio por la foto que hicimos—, creo saber dónde ir. Solo me falta concretar el día.
     Mis labios se presionaron por instinto y un suave cosquilleo me revolvió el cuerpo. No pude evitar sentirme un tanto nerviosa en mi interior al pensar que realmente iba a tener una cita con él.
    —P-pues... los exámenes ya han acabado, y esta semana es la última de clases antes de vacaciones, así que no me importa cuándo realmente —posé la mano sobre mi cuello y me lo masajeé un tanto para evitar que los nervios me hiciesen sonrojarme.
     —Entonces, ¿te parece bien mañana sobre las cinco?
     Tras unos segundos, asentí, conforme y este me ofreció una cálida y entusiasmada sonrisa. Al contrario que yo, no trató de ocultar su leve sonrojo. Me era imposible no sentirme bien al verlo tan feliz, pero al volver a echar un vistazo al pelirrojo, mis labios se fruncieron sin poder evitarlo.
     En aquel momento, llegué por fin al inicio de la cola y, tras despedirme de los monitores y tomar la foto y el folleto, me adentré en el vehículo. Akora no tardó en saludarme desde el fondo del autobús para indicarme que me sentase con ella.
     Tras situarme en el asiento contiguo al de ella, observé cómo el delegado entraba y se sentaba en uno de los asientos al principio del todo. Al rato después, tras unas cuantas personas más, Castiel subió al bus también, sin embargo, en vez de sentarse al principio como el delegado, pasó por todos y cada uno de los asientos de largo (incluidos los nuestros), pasando por mi lado,  y se sentó al final del autobús, al lado de la ventana. No dudó ni un segundo en dejar la mochila en el asiento contiguo para asegurarse de que nadie se le sentarse al lado. 
     —La excursión no ha acabado muy bien que digamos... —Akora llamó mi atención con aquella frase, haciendo una pequeña mueca de culpabilidad. 
     Durante el viaje hacia nuestra ciudad, la pelirroja acabó contándome, sin muchos detalles, qué es lo que había ocurrido entre Castiel y ellos, diciéndome que Lys le había dicho algo a Akora sobre el ojigris anoche y que ella hoy había sacado el tema sin venir a cuento, a lo que Castiel se enfureció.
     Al verla un tanto decaída, decidí cambiar de tema y preguntarle si había pasado algo entre Lys y ella en mi ausencia y esta se sonrojó un tanto, sin poder evitar sonreír de oreja a oreja. No tardó en acabar contándome lo sucedido.
    Como acordamos, escuché a Akora en todo momento, dejando que la chica se expresase sin reparo. Mientras,  por mi parte, decidí quedarme callada, sin tener el valor de desahogarme de igual forma con ella, sin poder mencionarle nada de la noche anterior, y sobre todo, sin poder contarle sobre la verdadera y terrorífica forma de Ashley.

*     *     *

     El viaje estaba transcurriendo con total tranquilidad. Las conversaciones con Akora consiguieron mitigar un poco mi desánimo y distraerme por un rato. Todo lo que había ocurrido en la excursión se desvaneció de mi mente mientras hablaba con la pelirroja y me distraía observando el paisaje a través de la ventana. Sin embargo, al mantener en blanco la mente, volví a acordarme de un punto importante que había dejado de lado durante toda la excursión, un asunto que preferí mantener en el olvido para intentar disfrutar de ella sin inconveniente alguno y que, finalmente, se supone que resolvería al regresar a casa: Mi padre.
    Iba a volver a casa, a volver a verlo, y aún nos quedaban cosas por hablar. Teníamos que seguir con la conversación que dejamos pendiente.
     Sin poder evitarlo, mi mente volvió a divagar en todo lo que se me había acumulado hasta el momento. Mi padre, Nathaniel, Castiel, los sentimientos que albergaba por este último y el temor a ser rechazada, la extraña trasformación de Ashley en lobo y el haber sido atacada por ella sin escrúpulos... Sentía que se me entrecortaba la respiración, que se me hacía un nudo en la garganta, que el cuerpo se me tensaba por completo y que, el estómago, se me revolvía sin remedio.
  —Sophie... ¿te encuentras bien? —Akora se dirigió a mí totalmente preocupada, haciéndome despertar de mi ensoñación. Sin embargo, aquella sensación, en vez de desaparecer, aumentó de intensidad a tal punto que me tuve que sujetar del asiento de delante para erguirme un poco.
     V-voy a vomitar...
     Nada más decir aquello, Akora se levantó de su sitio y habló en voz alta, casi gritando, llamando la atención de todo el mundo y pidiendo que parasen el autobús de inmediato. Los profesores no tardaron demasiado en darse cuenta de lo que ocurría al echarme un vistazo y, tras hablar con el conductor, el autobús se detuvo rápidamente, aparcando a un lado del andén.
     La pelirroja me acompañó rápidamente hacia el exterior, ante la atenta mirada de todos los que se encontraban en el interior del autobús, y tan solo pisar el asfalto de la carretera y apartarnos un poco de aquel vehículo, no pude soportarlo más.
     Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos mientras las arcadas hacían que lo echase todo.

...

     Unos diez o quince minutos después, los profesores bajaron del bus para comprobar cómo me encontraba. En aquel momento nos dimos cuenta de que el conductor había colocado las señales fluorescentes precisas para evitar que ocurriese cualquier incidente y así poder continuar nuestro camino en cuanto pudiésemos. Akora me había dado un paquete de pañolitos para limpiarme, y aunque aún tenía los ojos brillosos y un ligero malestar de estómago, prácticamente se me habían pasado las náuseas.
     Los profesores nos dijeron que esperarían unos minutos más si era necesario, pero que en breves tendríamos que reanudar el viaje, ya que no podíamos retrasar más el regreso. Tras decirnos aquello, volvieron a adentrarse en el bus para tranquilizar a los demás, quienes estaban empezando a armar alboroto dentro.
     —¿Te encuentras mejor? —me preguntó la pelirroja, posando la mano sobre mi espalda y acariciándola un poco.
     Simplemente asentí, tomando uno de los pañuelos para así secarme las lágrimas que amenazaban con asomarse. La chica suspiró. Segundos después, se posicionó delante de mí, mirándome con seriedad.
   —No puedes seguir así —comenzó diciendo—, y tampoco puedes estar preocupándonos a todos de esta manera —hizo una pequeña pausa y su gesto se tornó a uno un tanto más suave—. Sophie, te aprecio mucho y quiero ayudarte, o al menos animarte de alguna forma, pero si no me dices lo que te pasa, no podré hacer nada por ti. No sabes lo inútil que me estoy sintiendo ahora mismo viéndote así, sin saber qué decirte ni qué hacer para que estés mejor.
     Las lágrimas volvieron a acumularse bajo mis párpados. Alcé la vista hacia Akora, quien me observó con cierta benevolencia y se aproximó a mí para abrazarme con fuerza. Nada más comenzar a derrumbarme tras corresponder a su abrazo, me percaté de cómo Castiel bajaba del autobús con cierta rapidez, seguido de Nathaniel y Lysandro, quienes se quedaron estupefactos al observar la escena. Ya daba igual quién me viese, lo único que quería era desahogarme.

***

     Durante el resto del viaje, Akora y yo acordamos quedar en su casa para así contarle todo lo que me atormentaba. Nathaniel había acabado sentándose junto con Lys en los asientos de nuestro lado, intentando hacernos compañía y distraernos con cualquier otra cosa. Mientras que Castiel..., bueno, se sentó justo en el asiento de delante de nosotras sin decir palabra alguna, simplemente observando hacia el frente y acuchillando con la mirada a todos los que se pusiesen a murmurar o los que mirasen hacia detrás para cotillear.
     No tardamos mucho más en llegar finalmente a nuestra ciudad. El autobús se detuvo en la parada de bus situada justo en frente del parque del ayuntamiento y, tras coger nuestros equipajes y bajar del vehículo, este volvió a arrancar y a desaparecer por el horizonte de la carretera.
     Nathaniel se acercó a nosotras para despedirse y decirme que si seguía mal, podíamos aplazar la cita de mañana para cualquier otro día hasta que me encontrase mejor; además, añadió que él estaría disponible en cualquier momento por si necesitaba hablar con alguien, y no dudó ni un segundo en ofrecerme su número de móvil, el cual acepté sin reproches. Poco después se marchó por una de las calles y observé cómo desaparecía tras girar en una esquina.
     Akora, por su parte, se aproximó a Lysandro para poder despedirse de él apropiadamente. En el momento en que fui a acercarme a ellos para hacer lo mismo y ya marcharme con la pelirroja, sentí cómo alguien me tomaba del brazo. Al darme la vuelta, acabé encontrándome con la mirada grisácea del pelirrojo. Estuvo a punto de decir algo, pero al final, sus labios entreabiertos no produjeron sonido alguno y, tras tensar un tanto el gesto, me soltó el brazo con cierta indecisión.
     Casi como en un impulso, tomé su mano al instante después de soltarme, antes de que pudiese esconderla en alguno de sus bolsillos y dejarla fuera de mi alcance. El corazón me latió con fuerza. Odiaba con todas mis ganas aquella situación. No quería estar así, no me gustaba estar apartada de él y no soportaba la idea de no dirigirle la palabra. Me gustaba, ¡claro que me gustaba! Pero el hecho de tener miedo a que pudiese llegar a rechazarme no implicaba que no pudiésemos ser amigos, que no pudiese seguir hablando con él con normalidad, que no pudiese recurrir a él cuando lo necesitase, ¿no?
     En aquel momento, prácticamente como si hubiese dicho todo aquello en voz alta o como si supiese lo que estaba pensando, el chico me ofreció una leve y tierna sonrisa. Mis mejillas se colorearon al instante, el latido de mi corazón se aceleró y no pude evitar presionar un poco la mano que tenía prisionera entre las mías.
     Alcé un tanto el rostro y tras observar sus ojos un momento, dejé que una pequeña sonrisa se dibujase en mis labios, respondiéndole a su mismo gesto.
     —Tú... —"me gustas"—, también me importas mucho —"y no sabes cuánto"—. Gracias por venir a buscarme anoche y arriesgarte de esa manera por mí. No sé qué habría hecho sin ti.
     Al parecer, el pelirrojo no se esperaba aquello, pues sus mejillas se tornaron de un color rojizo mientras apartaba la mirada hacia otro lado, un tanto avergonzado. No tardó en librarse con suavidad de mis manos para finalmente esconder la suya en el bolsillo, tal y como había predicho.
    —No hay por qué darlas —respondió volviendo a mirarme de reojo—. Lo volvería a hacer si hiciese falta.
     Aquellas últimas palabras causaron que me diese un vuelco el corazón.
      —Castiel, yo...
     —¡Hey, Sophie! —Akora acabó interrumpiéndome en el momento justo—. Nos vamos ya, ¿vienes o qué?
    —¡S-sí, sí! ¡Ya voy! —volví a mirar al pelirrojo y este hizo una pequeña mueca. Al parecer, no se le iba a pasar el cabreo con Lys y Akora tan fácilmente—. Bueno, tengo que irme. Ya nos veremos mañana en el instituto.
     El chico pareció meditar algo, pero al final simplemente asintió. Ante aquello, le ofrecí una última sonrisa para después aproximarme a la pelirroja y emprender el camino hacia su casa.

***

     Unas horas después, nos encontrábamos en mi habitación. Sophie había tomado entre sus brazos a mi pequeñín, el Señor Guillermo, y mientras lo acariciaba, comenzó a contarme todo lo que estaba rondándole por la mente sin descanso.
   Antes de todo, me comentó lo ocurrido con su padre, explicándome que aquella conversación que tuvieron se quedó a medias y que, nada más llegar a casa, tendría que reanudarla si es que quería saber lo que ocurrió para que su padre se hubiese mantenido 10 años sin siquiera comunicarse con ella. La actitud de su madre, su padre sintiéndose impotente al no poder hacer nada para poder ver a la pequeña Sophie y el accidente que finalmente tuvo cuando estuvo a punto de ir a verla después de casi 2 años.
   Obviamente, la conversación que seguiría tenía mucho más trasfondo, pues aunque tuviese aquel accidente de autobús, no creo que se llevase demasiado tiempo en el hospital. Todo aquello comenzaba a parecerme bastante extraño, pero preferí no comentar nada y dejar que Sophie siguiese contándome sus pesares.
     Con aquel detalle, me aclaró el por qué la encontramos con Castiel en la habitación, durmiendo juntos, pues el pelirrojo le había sido de apoyo en aquel momento para no derrumbarse el resto de la excursión por el tema de su padre.
     Lo más retórico de todo aquello era que el siguiente tema por el que estaba mal, era justamente por el pelirrojo, y sinceramente, no me lo podía creer. ¡Le gustaba Castiel! ¡Le gustaba de verdad! La chica se sonrojó al afirmarlo, pero momentos después, su rostro volvió a dibujar un gesto triste, y tal y como me esperaba, el chico lo había hecho adrede. Había dicho aquella frase justo para alejarla de él. Lo que no entendía era el porqué, pero parecía que tal y como nos dijo a Lys y a mí, era verdad que no le conocía lo suficiente. Al menos por mi parte. Lysandro seguramente conocería sus motivos y por ello no quiso comentar demasiado sobre ello, pues después de todo, eso no le incumbía a él decirlo.
     En aquel momento, Sophie estaba dolorida. Había recibido un "no" por respuesta sin siquiera haber expresado sus sentimientos, y justo en el preciso momento en el que los había podido aclarar por completo. Podía entender lo que sentía. Yo misma lo había estado viviendo desde que conocí al peliblanco, y no ha sido hasta ahora que no he podido llegar a dar un paso más.
     Tras esto, me comentó lo que había decidido, y era el darle una oportunidad a Nathaniel y ver cómo iba la cosa, y si iba bien, sería la ocasión ideal para intentar dejar de lado los sentimientos que sentía por el pelirrojo.
     Mis palabras en cuanto a este tema fueron duras y claras. "Si no llegas a sentir nada por Nathaniel incluso después de haberlo intentado, corta cualquier esperanza que tenga contigo, pues cuanto más tiempo pase, peor lo pasará él y peor te sentirás tú por haberlo rechazado", fue lo que le dije. Sophie, en respuesta, asintió sin decir nada más. Parecía que era consciente de el hecho de que iba a utilizar en cierta manera al delegado para aliviar su dolor, así que no volví a insistir ni a comentar nada más. Ya lo que hiciese de ahora en adelante, era decisión suya, pues yo ya le había dicho mi punto de vista y sabía las consecuencias que conllevarían cada acción que llevara a cabo.
     Y, finalmente, llegamos al "quid" de la cuestión. En un principio, no supo cómo explicarse del todo y parecía un tanto reacia a querer contarlo, pero tras varios rodeos diciendo que la tomaría como a una loca, al fin me lo contó. Me relató cómo la conversación con Ashley pasó de ser un simple diálogo a una auténtica persecución y que, la peliazul, en realidad era un licántropo.
     Mi gesto se descolocó un tanto y no supe cómo responderle a aquello. De hecho, ¿debía contestarle siquiera?
     Tras aquella declaración, nos mantuvimos en silencio durante algunos minutos, pero finalmente Sophie volvió a romperlo con la mirada gacha.
     —¿No me crees?

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