¡Bienvenid@s a mi nueva novela: "Amores prohibidos pero eternos"!
Tengo muchas cosas en mente con respecto a esta historia, además de que estoy empezando a pensar que podría hacer un libro con ella. Pero para ello tengo que cambiarle los nombres a los personajes, así que esta será la versión de CDM (con los nombres de los personajes del juego), y en el libro vendría otra versión idéntica pero cambiando todos los personajes que fuesen inventados por ChiNoMiko, la creadora del juego.

En fin, sin más dilación ni más cavilaciones sobre el futuro de esta novela, os dejo con los capítulos.
¡Espero que disfrutéis leyendo!

PD: Se evitará en todo lo posible el decir el nombre de la protagonista, para que así podáis sentiros como si fueseis ella y sumergiros en la historia.

domingo, 4 de febrero de 2018

Capítulo 27

     "—¿No me crees?".

     Aquella pregunta pareció resonar en la habitación una y otra vez, haciendo que el silencio prolongado entre nosotras comenzase a incomodarnos cada vez más por momentos.
     Estreché al pequeño Señor Guillermo entre mis brazos y desvié la mirada de la pelirroja, incapaz de seguir mirándola directamente a los ojos y sintiéndome como una completa  estúpida. Su gesto parecía decirlo todo. ¿Cómo iba a creer semejante historia? Todo aquello parecía ser un simple extracto de una novela mala de fantasía.
     Ya no sabía qué pensar. ¿Y si realmente había sido imaginación mía y todo aquello solo había sido una simple pesadilla? Después de todo, se me habían acumulado demasiadas cosas durante la excursión y puede que aquellos sentimientos negativos que tenía en mi interior me hubiesen nublado la realidad. Además, en el momento en el que sucedió todo, era prácticamente de noche y apenas se veía gran cosa. Tal vez había sido un simple espejismo o una ilusión creada por el cansancio que sentía.
     Toda aquella situación me tenía totalmente desorientada y confundida. Por una parte, la existencia de aquella criatura era simplemente imposible y era muy probable que la imaginación me hubiese jugado una mala pasada, pero de ser así, ¿cómo había acabado aquella discusión con la chica de cabellos azules? ¿Por qué me encontraba tan lejos de la cabaña si le insistí en no alejarnos más? ¿Y cómo es que Castiel solo llegó a encontrarme a mí y no a la peliazul?
     Por más que pensase en todo aquello, me era imposible encontrar una explicación lógica que lograse esclarecer cada uno de los cabos sueltos que venían a mi cabeza si obviaba el hecho de que aquella criatura pudiese existir.
      —Sophie, y-yo...
     —Lo siento —la interrumpí. No quería escuchar su respuesta. No quería que mi propia amiga me dijese que estaba loca de atar por intentar hacerle pensar que aquello podía ser verdaderamente cierto—, no debería de haberte contado todo esto. Estoy segura de que solo fue una simple pesadilla. Seguramente la tuviese al desmayarme allí en medio de la montaña con el frío. Sin embargo, parecía tan real... que debo de haberme vuelto paranoica —aflojé un poco mi agarre del pequeño conejo y dejé que un suspiro escapase de entre mis labios—. Todavía me dan escalofríos de imaginarlo.
     Alcé la vista del suelo y le dediqué una pequeña sonrisa algo forzada a Akora, para después levantarme del suelo y dejar al conejito en su jaula. No soportaba más aquella incómoda situación.
     —Será mejor que me vaya —dije antes de que llegase a pronunciar palabra alguna—. Ya es tarde y George debe estar comenzando a preocuparse por mi tardanza. Gracias por escuchar mis quejas una vez más y siento haberte incomodado con mis tonterías.
     La chica no me detuvo ni tampoco añadió nada más, simplemente se quedó mirándome mientras recogía mis cosas y terminaba por ponerme mi chaquetón de color negro. Nada más terminar de prepararme, me despedí rápidamente de Akora y me marché de su casa sin decir nada más.


***

      —Definitivamente eres imbécil.
     —¿Cuántas veces más vas a repetirlo? —nada más decir aquello, la chica sintió como presionaban la herida de su nuca con fuerza, haciéndole encogerse de dolor.
    —¿A quién en su sano juicio se le ocurre atacar a una humana y dejarse ver de esa manera en forma de lobo? ¡Te dije que los vigilaras! ¡Nada más! ¡¿Es que eres idiota o qué?! —Derek apretó una vez más la herida de Ashley con furia para después soltarla de forma brusca, alejándola de él. Tras esto, dirigió su mirada a la chica que se encontraba anteriormente tratando las heridas de la peliazul—. En cuanto hayas terminado con ella, encárgate de que se aparte de mi vista —el chico se dio media vuelta y comenzó a caminar alejándose del lugar—. Más te vale no volver a aparecer frente a mí, Ashley.

***


     Nada más llegar a casa, me apresuré en encaminarme hacia mi cuarto para así poder encerrarme allí el resto del día. Por suerte, George aún no había llegado y podía aplazar la charla para más adelante. Tenía muchas cosas en las que pensar y a la misma vez no quería pensar en nada. Estaba confusa, angustiada y totalmente agotada (tanto física como mentalmente). Lo único que quería entonces era cerrar los ojos y dejar la mente totalmente en blanco, poder relajarme y no tener que pensar en ninguno de los problemas que se me habían acumulado hasta el momento.
     Tras cerrar la puerta tras de mí, no dudé ni un instante en dejarme caer sobre la cama para por fin descansar en paz en mi pequeña burbuja, pudiendo disfrutar de la comodidad de aquel mullido colchón. Sin embargo, justo cuando creía que iba a quedarme dormida por fin, escuché cómo el teléfono fijo de la casa comenzaba a sonar.
     Suspiré y dejé que un gruñido de molestia hiciesen vibrar mis cuerdas vocales. ¿Tenían que llamar justamente en aquel momento? Perezosamente, acabé por levantarme y me dirigí hacia la cocina, donde se encontraba el maldito teléfono, para finalmente descolgarlo con cierto fastidio.
     —¿Diga?
     —¡Menos mal! ¡Por fin lo coges, Sophie! Llevo llamando a casa un buen rato pero nadie cogía el teléfono. ¡Ya me estaba empezando a preocupar! —la voz de George al otro lado del teléfono parecía sonar igual de cansada que la mía—. En fin —suspiró—, sólo quería avisarte de que seguramente no vuelva a casa hasta pasado mañana. He tenido un pequeño accidente con el coche y estoy ahora mismo en el hospital.
     —¿C-cómo?
    —¡T-tranquila! Estoy bien, de verdad. No ha sido nada grave. De hecho, podría volver hoy mismo, pero los doctores dicen que necesitan hacerme algunos análisis más y que es mejor que me quede un par de noches más de reposo —George hizo una pequeña pausa y soltó un pequeño suspiro—. Siento todo esto. No quería hacer que te preocupases durante la excursión, así que preferí llamarte cuando volvieses a casa. Además, tampoco era cuestión de no contártelo... Cuando regrese, continuaremos con la charla que dejamos a medias el último día, ¿vale? —aunque no lo veía, pude notar que en aquel momento se le había dibujado una pequeña sonrisa en la boca—. Tienes comida de sobra en el frigorífico, puedes hacerte lo que quieras. Y si no te apetece cocinar, siempre dejo algo de dinero en el primer cajón de la estantería que hay en el salón.
     Un pequeño silencio se instauró entre los dos. Me era prácticamente imposible procesar lo que acababa de decirme.
    —...Si prefieres no quedarte sola en casa, puedes quedarte en casa de tu amiga, o incluso puedes invitarla a casa a dormir —me quedé en silencio, sin llegar a responderle a nada. Un suspiro se escuchó al otro lado del teléfono—. Tengo que colgar ya. Nos vemos dentro de dos días, ¿vale? —al no recibir respuesta a aquello tampoco, George me dio las buenas noches con voz tristona y seguidamente colgó.
    Mientras el pitido intermitente del teléfono resonaba en mi oído, mi vista se quedó mirando al vacío por un buen rato. Mi mente se quedó completamente en blanco y mi corazón dejó de albergar sentimiento alguno.
     En silencio, colgué finalmente el teléfono y me dirigí hacia mi habitación. Cerré la puerta tras de mí y, nada más acostarme nuevamente sobre aquel mullido colchón, dejé que el cansancio se apoderase de una vez por todas de mí.


***


     Los continuos pasos de la chica era lo único que se escuchaba en aquella habitación. Estaba nerviosa, con el cuerpo inquieto y el corazón acelerado de la inquietud que sentía. Hacía ya un buen rato que había hablado con Lysandro para quedar un momento. Se había disculpado con él por tener que reunirse tan precipitadamente de aquella manera, pero era urgente y no sabía qué hacer.
     Fue en aquel instante en el que el timbre de la casa se escuchó. La madre de la pelirroja gritó un "¡Ya voooy!", pero su hija se lo impidió al precipitarse sobre la puerta, soltando un "¡Es para mí! ¡Ahora vuelvo!", saliendo de la casa y cerrando la puerta tras de sí, sin dejar a su madre replicarle debido a la rapidez con que salió de casa.
     Se mantuvo un momento en silencio y observó a los lados para asegurarse de que nadie les escuchaba. Entonces, se aproximó al de cabellos plateados, sin apenas darle tiempo a saludarla, y dejó salir todo lo que necesitaba que el chico supiese y escuchase.
     —Lys, S-Sophie vio a Ashley transformarse. Cree que pudo haber sido una pesadilla, pero ha empezado a creer que puede ser cierto. Me preguntó que si le creía y... y... n-no supe qué contestarle. M-me quedé callada y acabó yéndose antes de que pudiese hacer nada.
     Al de ojos bicolores no le hizo falta escuchar nada más. Rodeó a la chica entre sus brazos para poder tranquilizarla y tras musitarle un "Tranquila, todo estará bien", se separó de ella, despidiéndose con un corto beso y desapareciendo del lugar de un momento a otro.

***

     El hálito de la brisa meciendo las hojas perenne de los árboles suavemente mientras arrastraba al mismo tiempo las pocas hojas caduca que aún quedaban por el suelo sin recoger. El frío invernal acariciando mis mejillas y haciendo visible mi respiración en el aire. Las risas de los alumnos al salir de clase, celebrando que apenas quedaban días para las vacaciones de Navidad. Compañeros organizando quedadas y parejas planeando citas románticas a las que ir en Nochebuena, mientras algunos profesores suspiraban de alivio al imaginarse poder descansar en muy poco tiempo.
    Balanceé las piernas intentado distraerme mientras esperaba pacientemente allí sen-tada, en uno de los bancos del patio del instituto. Froté mis manos queriendo hacerlas entrar en calor y, en aquel momento, alcé la vista hacia la entrada del edificio, buscando con la mirada entre el gentío que quedaba por salir de clases.
     Nada más vislumbrar a quien estaba intentando encontrar, me levanté y no dudé ni un momento en dirigirme hacia él con cierta prisa. Mis ojos se mantuvieron fijos en aquella cabellera rubia para no perderlo de vista. Sin embargo, en aquel momento mis pasos se aminoraron en el instante en el que me percaté de con quién salía acompañado del instituto. Su hermana. Aun así, aquello no me acobardó ni me detuvo. Por el contrario, mis pies volvieron a retomar el ritmo y me dirigí hacia ellos con pasos decididos.
     —¡Nath! —exclamé, llamando la atención de ambos individuos. La chica de cabellos dorados frunció el ceño al verme, pero antes de que esta pudiese llegar a dirigirme la palabra de manera desagradable, me adelanté—. ¿Puedo hablar un momento contigo?
     El rubio me miró con ojos intensos y no dudó ni un momento en decirle a su hermana que esperase por él en la entrada del instituto. Ella se negó rotundamente y prácticamente le prohibió que hablase conmigo, a lo que él contestó tajantemente que con quien hablase él no tenía nada que ver con ella. Ámber miró a su hermano con cierta rabia para después dirigirme una mirada llena de odio, pero finalmente acabó apartándose de nosotros, aunque al parecer no tuvo intención alguna de esperar al delegado.
     Nathaniel dejó escapar un suspiro de exasperación mientras observaba cómo su hermana lo dejaba tirado. Tras esto, volvió a desviar la mirada hacia mí y se acercó, tornando su gesto molesto por uno inquieto.
     —¿Ha pasado algo, Sophie? No has venido hoy al instituto... —preguntó con cierta preocupación mientras se situaba frente a mí.
       —...Me gustaría tener esa cita contigo hoy —dije sin más, sin siquiera responder a su pregunta.
    —¿C-cómo? —al parecer, el delegado no se esperaba que le dijese aquello tan repentinamente—. ¿Estás segura? Pensé que te encontrarías mal después de lo que pasó ayer. Te veías bastante pálida tras volver de la excursión.
      —Ya estoy mejor, no te preocupes. Pero, volviendo a lo que te estaba diciendo... Antes de la cita, me gustaría que me acompañases a un lugar —desvié un momento la mirada—. La verdad es que no quiero ir sola, y ahora mismo solo puedo pedírtelo a ti —el chico me observó un momento, para al instante después asentir.
     —Está bien —respondió—. Puedes contar conmigo.

...


     Nos bajamos del autobús en cuanto se detuvo en la siguiente parada. Me sentía mal al arrastrar al chico hasta aquel lugar, y aún más al pensar que después de aquello iríamos a una cita que supuestamente tendría que ser alegre y divertida, pero en aquel momento no se me había ocurrido nada más ni nadie más a quien recurrir.

    Tras lo de anoche, descarté a Akora sin pensármelo dos veces, lo cual significaba también tener que descartar a Lysandro. Podría habérselo pedido a Castiel..., pero sentía que ya lo había molestado suficiente en la excursión como para volver a pedirle otro favor más. Además, aunque hubiese arreglado las cosas con él, el hecho de que me gustaba no iba a mejorar nada y, tenía la corazonada de que si acababa viniendo con él, las cosas se complicarían. No quería volver a ser una carga para él. Por otra parte, haber acudido a Nathaniel tenía un punto positivo, y es que así conseguiría acercarnos un poco más y dejarle claro que él también era importante para mí. Puede que mis sentimientos no le correspondiesen como él quisiera, pero quería darle aquella oportunidad y, en el momento oportuno, dejarle en claro tanto mis pensamientos como mis sentimientos.
     Al pensar en todo aquello, mi gesto se tornó decidido y, tras tomar de la mano al de cabellos dorados, nos encaminamos hacia dentro del recinto de aquel edificio y nos dirigimos hacia la recepción, sintiéndome segura al tener a Nathaniel a mi lado.
     —Disculpe, ¿puede decirnos dónde se encuentra la habitación de George Anderson?
     

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